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Después de los sucesos que les conté en el relato anterior me hice muy amiga de Tamara y nos queríamos mucho por eso con ella pasaba momentos placenteros los que a veces compartíamos con su hermano.
Debido a esto un día me invitó a pasar unos días en la chacra de su abuelo el que había quedado viudo hace poco y se encontraba muy solo y triste y tal vez nuestra visita podría animarlo.
Yo acepté encantada su invitación por lo que decidimos nuestra partida unos días después. Al llegar al pueblo cercano a la chacra poco antes del mediodía ya nos esperaba su abuelo (Matías) el que nos recibió cariñosamente. Era un hombre de unos 70 años pero no los aparentaba y pese a su edad aún montaba a caballo y atendía personalmente su chacra. Subimos a su camioneta y nos dirigimos a su establecimiento que distaba algunos kilómetros del pueblo.
Después que llegamos nos sirvió un almuerzo espléndido y por la tarde nos mostró la chacra y todo lo que se hacía en la misma. Los peones de la misma no estaban acostumbrados a ver muchas mujeres por allí y mucho menos dos jóvenes como nosotras que debo decir sin falsa modestia que éramos muy lindas y teníamos muy buenos cuerpos y seguro que tentaríamos a cualquier hombre, más aún vistiendo de la manera que vestíamos con provocativas prendas dejando a la vista nuestros encantos, por lo que cuando pasábamos cerca de ellos no nos quitaban la vista de encima y se despertaban en ellos los más bajos instintos. Tan es así que incluso su abuelo nos miraba encantado.
Diariamente paseábamos por los alrededores de la chacra y un día llegamos hasta un arroyo que pasaba por allí cerca. Como hacía mucho calor se nos ocurrió la idea de bañarnos en el mismo pero como no teníamos malla íbamos a tener que hacerlo desnudas. Viendo que no había nadie cerca que nos pudiera ver nos quitamos la ropa y nos metimos en el agua que estaba tibia y nadamos un poco. En determinado momento sentí el ruido de ramas y al mirar disimuladamente hacia el lugar de donde provenía el mismo descubrí a dos peones de la chacra que tras ellas nos espiaban. Yo me hice la desentendida y le comenté en voz baja a Tamara lo que pasaba a lo que ella me contestó que ya se había dado cuenta. Con la idea de excitarlos nos acostamos a la orilla del arroyo besándonos y acariciándonos. Se ve que no pudieron aguantarse pues rápidamente se nos acercaron desnudándose y con las pollas totalmente empinadas nos tomarnos en sus brazos y nos empezaron a besar y manosear nuestros cuerpos de arriba abajo. Nosotras nos resistimos (aunque no mucho) y entonces el que había tomado a Tamara la acuesta en el suelo y él acostándose arriba de ella la empieza a penetrar. El otro me hace arrodillar delante de él y me pone la punta de la polla en mis labios para que se la chupe. Yo hice como que no quería y su polla rozaba mis mejillas y toda mi cara y entonces abrí la boca y me metí toda esa tranca hasta que me tocó la garganta, él me empujaba la cabeza pero no era necesario pues yo me metía esa polla en la boca lo más que podía aunque no me cabía toda por el tamaño que tenía y la chupaba golosa. Después de un ratito se corrió dentro de mi boca y yo me tragué toda su leche sin desperdiciar una gota. A la vez Tamara gemía de gozo mientras el otro peón la ensartaba una y otra vez hasta correrse ambos a la vez. La cosa no terminó ahí porque el chico que estaba conmigo me hizo poner en cuatro patas y me metió su polla en la concha y yo gozaba como una loca con esa tremenda polla dentro mío y después de un ratito le pedí – Metémela por el culo, por favor, llénamelo con tu leche – Se ve que a él le gustó porque me hizo caso y de un solo golpe me atravesó con su polla haciéndome disfrutar cada vez más en tanto le pedía – Más fuerte, más fuerte, no pares – Finalmente descargó toda su leche dentro mío dejándome contenta luego de la follada. A Tamara tampoco le fue mal porque luego de que la folló hicieron un 69 y ella también quedó muy contenta. Después de esto se marcharon sin decir palabra. Nosotras nos vestimos y volvimos a la casa.
Cuando llegamos esperamos al abuelo quien siempre regresaba caída la noche y para ver si lo animábamos le contamos lo que habíamos hecho ( aunque omitiendo el episodio con los peones, que aunque a nosotras fue lo que más nos gustó no se lo podíamos contar) pero Matías aunque nos prestó atención no se divirtió mucho con nuestro cuento.
Los dos días siguientes (últimos en que nos quedaríamos allí) el tiempo estuvo muy feo pues llovió casi todo el tiempo por lo que Tamara y yo no pudimos dar nuestros acostumbrados paseos y mucho menos ir al arroyo aunque entre nosotras nos podíamos entretener bastante, además no nos habíamos olvidado de los consoladores que aunque no es lo mismo que una polla de verdad, al menos nos servían para calmar un poco la calentura.
Antes de continuar les quiero contar que quines se ocupaban de la casa eran dos señoras mayores una de las cuales era la cocinera mientras la otra era la que realizaba el aseo y los demás quehaceres. La última noche en que nos íbamos a quedar como veíamos que el abuelo seguía como siempre ideamos un plan para ver si lo alegrábamos. Ese día les dijimos a las dos señoras que ayudaban en la casa que se fueran más temprano que nosotras nos íbamos a ocupar de todo. Entonces preparamos una cena ligera para el abuelo y Tamara y yo seríamos el postre y para ello nos vestimos lo más provocativamente posible poniéndonos las minifaldas más cortas y unas blusas casi transparentes, además no nos pusimos ropa interior.
El abuelo cuando llegó viéndonos así trataba de disimular para no mirarnos y así también durante la cena. Después de cenar el abuelo como siempre hacía se sentó en su sillón para ver televisión pero nosotras no le dimos tiempo de encenderlo y nos quitamos las blusas y las minifaldas (que era lo único que teníamos puesto) quedando desnudas frente a él, seguidamente nos acercamos y lo empezamos a desnudar mientras se dejaba hacer. Se ve que viéndonos se había excitado bastante porque ya tenía la polla hinchada, entonces Tamara lo empezó a besar en la boca entretanto yo tomaba su polla y la mamaba como sabía hacerlo haciendo que en un ratito se corriera en mi boca. Yo tragué un poco de la leche y retuve un poco en ella para luego besar a Tamara y dejar caer en su boca la leche que había retenido para que ella también saboreara la corrida de su abuelo. Después tuvimos que hacer un esfuerzo para que su polla se pusiera nuevamente a tono pero gracias a nuestras expertas caricias no nos costó mucho trabajo. Con la polla nuevamente empinada lo hicimos acostarse en el suelo y yo me puse sobre él y fui bajando hasta que sentí que con su polla separaba las paredes de mi vagina hasta que la tuve toda adentro y entonces empecé a cabalgarlo. Tamara a su vez se ubicó de tal manera que su concha quedó a la altura de la boca de su abuelo para que éste se la lamiera, lo que hizo. Luego Tamara y yo cambiamos de lugar pues ella quería que su abuelo le llenara a ella la concha de leche. En poco tiempo gracias a las expertas lamidas del abuelo yo llegué al orgasmo y poco después Tamara recibía dentro de su cuerpo la abundante leche de su abuelo. El abuelo estaba cansado debido al esfuerzo hecho pues no olvidemos que ya tenía sus años por eso lo dejamos que fuera a descansar aunque nosotras seguimos jugando un rato más.
Al otro día nos teníamos que marchar pero vimos con alegría que el abuelo después de la noche anterior había quedado mucho más contento y al despedirse de nosotras nos pidió que volviéramos pronto cosa que prometimos.

2 comentarios »

  1. me gusto muchos tu relato y me gustaria ver algunas fotos tuyas con tamara un beso roberto

    Comentario por roberto — Noviembre 21, 2006 @ 4:50 am

  2. Me gustó mucho tu relato, espero puedas mandarme foticos tullas.
    Besos.

    Comentario por Fernando — Marzo 28, 2009 @ 2:18 am

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