Soy un joven español que tuvo una experiencia curiosa en los últimos años de la universidad. Había una chica en mi clase, Marta, 1.68 no estaba muy delgada, pero tampoco rellenita. Era normalita de cara, pero su cuerpo tenía unas curvas que quitaban el hipo, sobretodo sus pechos, y por las noches, solía vestir provocativamente. Una noche, fui a estudiar en casa de un amigo, recuerdo que era un martes, lo recuerdo bien porque era un día, que no solía haber pubs abiertos.Acabé muy tarde de estudiar, casi a las tres de la mañana. Cogí mi coche y me dirigí hacía mi casa, cuando de repente, en uno de los cruces antes de llegar a mi casa, reconocí el coche de Marta. No tenía sueño, iba a clase por las tardes, en definitiva, me picó la curiosidad. La seguí a cierta distancia, la circulación era muy escasa y tenía miedo que me viera. Tanto que por un momento la perdí, pero al cabo de unos segundos la ví aparcar cerca de uno de los pocos pubs que abrían todos los días de la semana.
Tras aparcar, me sorprendí del lleno de la sala, para ser un martes laboral y que mañana también era laboral. Después de pedir una cola, por miedo a los controles de alcoholemia, miré en derredor buscando a Marta. Allí estaba, con un vestido de una pieza de color burdeos, a medio muslo y con un cinturón. Se reía con los hombres que se le acercaban pero los mantenía a raya. Sabía bailar, sin llegar a moverse tanto como una gogó, pero era como si el baile resaltaba su cuerpo. Yo me acerqué hasta una posición que la podía ver bien sin que ella se fijara en mí. Tenía muchos hombres alrededor, por lo que dudaba que se fijara en mí. Ellos se acercaban a ella y le ponían la mano en la cintura y le hablaban al oído, mientras ella se desembarazaba de ellos con discreción. Siempre me pareció una mujer con personalidad, independiente, sin problemas para salir por la noche sola y no por ello parecer una persona solitaria. En clase, la observaba mucho de reojo, apenas habíamos entablado conversación, por lo que dudo que se fijara en mí. Eché un vistazo por el resto de la sala, en busca de más conocidos y ver las demás mujeres. No había nadie conocido, y solo un par de mujeres de buen ver, pero solo tenía ojos esa noche para ella. Al volver la vista, no me dí cuenta de que ella estaba más cerca y adiviné que había reparado en mi presencia, mas no se movió para saludarme o decirme algo. A partir de ese momento, ella empezó a hacerle mas caso al hombre mas insistente que tenía. Era un hombre de unos treintas y tantos, con traje y corbata que no parecía de esta ciudad. Cada vez bailaban mas pegados, ella le puso su mano en su nuca, lo que el aprovechó para bajar sus manos hacia su trasero. El, al comprobar que ella no se lo impidió, es mas, sus caderas frotaban su miembro, fue apretando con suavidad sus nalgas. Algunos hombres ya la miraban cuando estaba sola, ahora que se mostraba provocativa con el, la atención se acentúo.
Yo estaba excitado, una mezcla de celos y morbo me recorría el cuerpo, pero no podía dejar de verla. No se si lo vi bien, la poca luminosidad y el humo lo impedían, pero esta seguro de que ella empezó a pasearle sus pechos contra los de el. Por la forma en que le apretaba aquel hombre las nalgas, tenía la seguridad de que estaba totalmente empalmado y era imposible que ella no notara en sus caderas aquel excitado miembro. Con el baile dieron media vuelta, hasta que llegó un momento que el estaba de espaldas a mi a unos metros y podía ver la cara de Marta a través de su hombro. Distinguí su mirada, lasciva, su sonrisa, provocadora. Aquella zorra me estaba calentando y jugaba conmigo, lo adiviné enseguida. Vi como su lengua recorría la nuca de aquel desconocido, tantas veces soñé con ella, y ella chupando la oreja de un desconocido. Con un movimiento de piernas, puso aquel hombre de perfil y una de sus piernas entre las de aquel hombre. No le excitaba aquel hombre, ni siquiera la música, le excitaba mis miradas, provocar en mi el ver y no poder. Mi excitación era increíble, jugaban conmigo y me gustaba. Difícil de explicar. De perfil, ella mojo sus labios con su lengua, y la acerco a los labios del desconocido que recibió con atropellada pasión. Marta hizo una cosa, que me extrañó pero casi me remata.
En vez de abrazar aquel hombre, una mano se poso sobre su nuca y la otra, se la puso en su propia espalda, echando los hombros hacia atrás. No me lo podía creer, le estaba invitando a que le sobara la teta delante de todos, descaradamente. Aquello provocó que una gota de semen se me escapara de mi pene, estaba excitadísimo. Puso la mano en su pecho con descaro sin ninguna resistencia de Marta. Necesitaba relajarme, era tanta la excitación, mi corazón tan acelerado, que tuve que autoimponerme una pausa y me dirigí a la barra. Me senté en uno de los taburete y me pedí un licor, al diablo los controles de alcohol. Menuda noche. Cuando el camarero me puso la copa, noté unos pechos en mi espalda. La sala rebosaba gente, y la zona de barras todos iban apretaditos, pero me giré para ver si por lo menos eran buenas tetas. Se me paró el corazón, era Marta. Nos miramos a los ojos, durante un par de electrizantes y eternos segundos.
- Hola, Pablo – era un saludo como si me viera por primera vez esta noche. Muy disimulado.
No pude contesta, me entró la risa. La noche era tan increíblemente incrédula que no pude evitar reírme. Me acerqué a su oído y le susurré: “ te gusta ponerme cachondo”. No podía creer lo que había dicho, pues era una persona muy discreta. Ella me miró, se quedó un poco parada durante unos instantes. Creí que se iba a enfadar, pero cual fue mi sorpresa, se rió, me miró fijamente con una sonrisa provocadoramente excitante, se dio media vuelta y se fue, no sin antes rozar sus nalgas sobre mi miembro. Quería comprobar mi grado de excitación. La seguí con la mirada, para ver si volvía con el otro hombre, pero no había ni rastro de él. Se dirigió hacia una puerta donde ponía privado, abrió, dirigió su mirada hacía mi y se introdujo en ella. Cogí mi vaso y repetí sus pasos. Me paré frente a la puerta, cavilando sobre si me metería en un follón traspasándola. “que le den” y entré. Allí estaba. Sentada con las piernas cruzadas sobre una escalera estrecha y ascendente. Subí hasta que me puse mis piernas abiertas al lado de sus caderas, con mi miembro a la altura de su cara. Me miró, puso su mano sobre mi pantalón tanteando mi excitación y se mordió el labio inferior. Su excitación me transmitió una seguridad y una especie de poder sobre ella que me sorprendió.
- ¿ a qué esperas? – le ordené
Paseo mi lengua sobre mi pantalón, mordiendo ligeramente mi pene a través del pantalón. Jamás había estado tan excitado. Puso su mano sobre mi cremallera y le golpeé la mano.
- ¡ sin manos ¡ seguro que sabes hacerlo. – con tono dominante y seguro de mí.
Bajo sus manos, cogió la cremallera con los dientes y la bajo totalmente, mientras bebía con pequeños sorbos mi copa, me comportaba como un chulo, me hacía comportarme así.
Luego, metió la nariz en la apertura de la cremallera buscando sacar mi pene sin manos, con lo que le costó un rato. Era muy excitante ver a Marta buscando con su boca desesperadamente mi polla y no poder usar sus manos. Su nariz recorrió todo mi pene, su boca, intentando sacar mi pene del calzoncillo. Le acaricié un poco el pelo entretanto, era mi sumisa. Finalmente, logró sacar mi polla, vi en sus ojos lujuria, desesperante deseo por chupar mi polla. Había una gota de semen en mi punta. Me miro, enarqué las cejas y lo entendió a la primera. Saco su lengua, la recogió y se la trago. Emitió un suave gemido. Paseo su lengua sobre toda mi polla, segregaba saliva por su lengua, la extendía sobre mi polla y la lamía. Joder, jamás estuve con una profesional, pero debe ser lo más parecido a esto. Todavía no se había metido mi polla en su boca, y ya era la mejor mamada de mi vida. También por mis huevos, era una sensación extraña, me gustaba y me daba miedo.
Me sorprendía su capacidad de controlarse estando tan excitaba, porque yo lo notaba, lo sentía. Hasta que por fin, no pudo mas, y se introdujo toda mi polla en su boca alternado movimientos rápidos con cortos. Mi polla tiene un tamaño normal pero es un poco gorda y se que cuesta. Le dije que quería sentir su campanilla. Ella con mi polla en su boca, me miró a los ojos, puso sus manos en mis rodillas, y empezó a meter mas su boca sobre mi polla, sin dejar de mirarme, lentamente. Antes de llegar hasta el fondo, paro con casi toda mi polla en su boca trago saliva y siguió muy lentamente. A la vez, que sus ojos se abrían cada vez más, a cada centímetro hasta que lo consiguió. Note su campanilla y era increíble la sensación. Siguió mamandome media polla con movimientos cortos mirandome. Le ofrecí la copa y le dije que si queria beber. Asintió con mi pene en la boca y derrame la copa sobre mi polla y su cara. Se estaba comiendo una polla con licor y Marta gozaba como una perra. La agarré del pelo y la puse contra la pared. Cogí un cubito de hielo y lo metí de golpe en su coño. Alucinado me quedé con la facilidad con que se introduje. El hielo era cuadrado y grande, pero la muy zorra estaba inundada y ardiendo. Cogí otro hielo y lancé el vaso. Con todo no me había dado cuenta de que iba sin ropa interior, le cogí el vestido por abajo y se saque por arriba y lo lancé hacerle compañía al vaso. Solo estaba provista de tacones negros y altos lo que realzaba su trasero desafiante. Con el hielo en la mano, lo pasee lentamente por su espalda. Ella movía la espalda evitando el contacto helado, pero un par de palmadas en su trasero le recordaron su obediencia. Subí un escalón, y roce con el hielo la raja de su culo. En un primer instante, ella se incorporo evitando el contacto del frío hielo, pero volvió a su posición antes de que le dijera nada. El hielo paseaba por su nalga, por su raja, y ella acostumbrada a su temperatura se relajaba cada vez mas. Movía sus caderas, intentando mover el hielo de dentro de su coño, pero tenía las manos contra la pared y era lo suficientemente lista para dejarlas ahí como muestra de obediencia. Al verla totalmente relajada, no lo pude evitar, e introduje el hielo repentinamente en su ojete. Su reacción fue espontánea, y arqueó la espalda. Le di un beso en la nalga para que se relajara. Ahora tenía un hielo en el coño y otro en el culo y no se podía tocar. Me coloque detrás de ella. Tanto tiempo esperando este momento, tantas pajas que me hice pensando en ella y ahí estaba. Cogí mi pene con mi mano, y dibujé circulitos en su nalga. ¡follame de una puta vez! Le salió del alma, estaba desesperada. Su culo buscaba mi pene pero yo jugaba con ella. Con un dedo rozaba su espalda en tanto mi otra mano paseaba mi pene por la raja de su culo. Acerqué mis labios y besé su espalda con un beso húmedo y relajante. Con una mano empuje levemente su espalda hacia abajo facilitándome aún mas su ojete. Acerque con suavidad mi pene a su ojete, rozándolo. Ella acercaba su culo hacía mi. Ella se lo buscó. De un certero y fugaz golpe, introduje casi toda mi polla en su ojete. Sentí su hielo y su grito. Acerque mi boca a su oído y le susurré:
- ¿todo bien?
Me contesto:- destrózame el culo por favor.
Aquello me descoloco bastante y me encendió. Fue tal el arrebato de excitación que sacudió mi cuerpo, que embestí tan fuerte, tan salvaje, tan fuera de mí, que mi cuerpo parecía una esponja del sudor que segregaba mis descontrolados esfuerzos. Mis huevos golpeaban sus nalgas, mi mano estiraba de su pelo, mi ojos se ponían en blanco, la punta de mi polla golpeaba el hielo, mi otra mano frotaba su inundado coño con furia, tanta que me dolía el antebrazo. Como si me muero, pero ese culo lo rompo por mis huevos. Ella gemía, gritaba de placer, quería mas y mas. Las alarmas de calambres por todo mi cuerpo se disparaban, pero no podía parar. Las sacudidas que daba el cuerpo de Marta eran como si me transmitiera más fuerzas de donde no las había. Le dije que no podía más, que me iba a correr. El sudor que recorría mi cara apenas me dejaba ver. Marta me suplicó que quería tragarselo, que se lo merecía. Saqué mi polla de su ojete, sonó como un ploff, como si descorchara una botella, y ella se arrodilló con la boca abierta con deseo de semen. Yo me apoye en la pared, en tanto ella empezó a mamar como una posesa. Apenas tardé unos segundos, y la descarga de semen fue descomunal. Jamás había tenido otra igual, pensé que se ahogaría, pero no dejó de mamar y tragar. En las últimas descargas, ella separo un poco la boca de mi polla, me miró a los ojos, sacó la lengua mostrando mi semen sobre ella, y lentamente se la trago. Parecía mentira, y no me lo podía creer, esa escena me provocó otra excitación. No me podía creer que se volviera a empinar mi polla si todavía no había acabado de limpiar. Cogió mis caderas, me dio la vuelta ante mi sorpresa. Con las dos manos, abrió mis nalgas y sin lamer, directamente, introdujo su lengua en mi ojete. Era la primera vez que me hacían eso y estaba paralizado.
La muy jodida me estaba chupando el culo y no sabía si me gustaba. Pero a juzgar por la increíble dureza que cogió, a mi pene le debió gustar. Me volvió a dar la vuelta y empezó mamarmela con increíble velocidad. Aquella zorra me estaba destrozando. Me corrí enseguida en su boca pero no dejo de mamarla por ello. Le agarré del pelo para que parara, pero estaba descontrolada. Me destrozaba la polla, la tenía roja. Al final me libré de ella. Nos quedamos en la escalera un buen rato, intentando recuperarnos del polvo mas salvaje de mi vida.
Al día siguiente, siguió comportándose como los demás días, pero a mi no me importó. Ese polvo ya no me lo quita nadie. Ufff