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Ella fue mi adorada compañera y esposa por casi 16 anos. Estos relatos son verídicos de nuestra vida junta. El erotismo de nuestros momentos de amor y sexo que aun no puedo olvidar. Tan vivos en mi memoria y seguro que en los de ella también. Si ella leyera estos relatos sabría sin duda alguna que los escribí yo. Nuestra separación fue un error de ambos. Así le dijo ella a mutuos amigos hace un par de años atrás. Ella esta casada nuevamente y no sé si es verdaderamente feliz o no. Lo cierto es que me llama de vez en cuando para saber cómo estoy y quisiera gritarle que me siento incompleto y totalmente insatisfecho con las mujeres que le han seguido en mi vida. Han pasado ya 6 años de nuestra separación y les relato esto como si fuera hoy o ayer, porque así de vivos están en mi mente. Jenni es un nombre ficticio y no tiene absolutamente nada que ver con su nombre propio. Lo escogí porque suena a ella. Disfruten del relato como yo disfruto recordarlo todo. Jayso Yo trabajo cerca de mi casa y tan sólo me tardo unos minutos llegar en auto. Una de las razones por la cual prefiero ir a mi casa a la hora del almuerzo. La otra razón es mi esposa Jenni. Ella trabaja mayormente en la casa haciendo trabajos secretariales independientes.

Fueron muchas las veces que a esta hora se encontraba desocupada y prefería no tener nada pendiente a la hora que yo llegaba. Es una mujer que se siente muy caliente a eso del mediodía y en las tardes. Este día cuando llegué, me recibió con un jugoso beso y se estrujó contra mí cuando le devolví el beso. Suavemente le mordí sus ricos labios y le mamé la lengua. Un gemido se le escapó de su boca y con la respiración un poco agitada me dice: “Ay papito, estoy tan caliente y cuando me besas así con ese gusto me hierves la sangre.” Yo la apreté contra mí mientras le acariciaba la espalda y sus carnosas nalgas a través de la camisa mía que tenía puesta. Muchas veces la encontraba en la casa con una de mis camisas que le sirven muy holgadas y le cubren hasta la rodilla pero sin nada de ropa debajo. Le subí la camisa un poco y acaricié sus nalgas, se sentían frescas y suaves. Al sentirlas así desnudas mi bicho comenzó a despertar. Le di la vuelta y la recosté de espaldas a mí con sus nalgas apoyadas en mi erección. Le gustaba que hiciera esto. Así recostaba su cabeza para atrás en mis hombros para que yo le besara el cuello, le acariciara sus tetas y jugara con sus grandes pezones, los cuales se endurecían con mi toque. Gemía y me decía lo mucho que me quería y restregaba sus nalgas contra mi bicho. Bajó su mano para acariciarme y hacer crecer más mi erección que ya era completa. “¡Papi… se te pone tan rico! Pero sé que no tienes mucho tiempo a esta hora y debes comer algo”me dice separándose un poco. Se dio la vuelta y se dirigió a la cocina mientras yo observaba su sensual movimiento de nalgas que ella muy bien sabía me dejaban hipnotizado. La seguí con mi erección claramente marcada en mis pantalones. ” Te tengo preparado pan fresco con jamón y queso. ¿Qué deseas tomar?” Me preguntó. ” Beber tus jugos… pero por ahora con una soda basta” Le respondí sonriendo. Ella se da vuelta para mirarme con una sonrisa. Por costumbre yo no uso calzoncillos la mayor parte del tiempo, pues me gusta sentirme totalmente libre. Al notar el bulto que se extendía en la parte izquierda de mis pantalones lo acarició otra vez levemente y me dice: “Se notan tus deseos, pero prefiero esperar a que tengas más tiempo para que me la mames sin prisa y derramarme toda en tus labios”dijo acercándose y apretándose a mí. Ella se moja enormemente cuando la acaricio y la beso entre sus hermosos muslos. La enloquece el placer de verme entre sus piernas haciéndole el amor oral.

Con mi mano derecha le alcé la camisa y jugué con su peluda crica. Encontré sus húmedos labios y le metí el dedo suavemente. Luego otro y separó sus piernas levemente para darme mejor acceso. Mis dedos y mi mano se mojaron rápidamente. Se dio la vuelta recostando sus nalgas en mi erección a la misma vez que acariciaba mi dureza con su mano izquierda, su mano derecha alzada hacia atrás acariciaba mi nuca. Sus nalgas ondulaban culeándome los dos dedos. Mi mano izquierda acariciaba su duro pezón y gemía suavemente. “Papi, me tienes loca y toda mojada… si sigues tendrás que hacerme el amor…” me dijo. La besé y alejé mi mano de su encharcada chocha. Me la llevé a la nariz para olerla cuando nos separamos del beso y me pregunta poniéndose de frente a mí: “¿Te gusta mi aroma íntimo?” “Sí, me gusta mucho” Mientras aspiraba profundamente. Chupé uno de los dedos y ella tomó mi mano y me frotó el otro dedo en la mejilla y la parte superior de mis labios justo bajo la nariz. En mi pantalón se notaba una diminuta mancha de mi lubricación la cual ella notó y me dice: “MMMMMM… tú también estás mojado” “¿Qué crees que soy de madera?” le dije. “Sí, como madera que se le escapa la resina” y echó a reír mientras se separaba y procedía a preparar un café para ambos. Me resigné un poco y procedí a comer despacio mientras hablábamos de otras cosas menos eróticas. Al cabo de media hora decidí que era hora de regresar. Seguíamos la charla y me dirigí al baño de invitados a mear. Ella me siguió y yo dejé la puerta abierta. Esto no era nada extraño, pues no teníamos ningún pudor cuando ella muchas veces se sentaba a mear frente a mí. Ella sabía que me excitaba mucho oír el alborotoso ruido de sus orines cuando caían en el agua de la bacineta. Esta vez ella deja de hablar y se queda callada por unos segundos. Se acerca a mi lado y toma mi entumecido pene con su mano derecha para dirigir el chorro. Esto provocó más endurecimiento en mí y casi me hace parar el chorro. Casi al terminar, se arrodilló a mi lado sin soltar mi creciente erección. “Me encanta verte meando y sé que lo sacudes al final. Tenía muchos deseos de hacer esto contigo y ahora no te me escapas” dijo con voz llena de lujuria. Cuando ya el chorro se estaba reduciendo a un gotereo, acercó su boca a mi ya erecto pene y comenzó a mamar la cabeza suavemente. Las ultimas gotas se vaciaron en su boca y casi se me sale la leche del intenso y repentino gusto que sentí al verla mamar así tan descaradamente. Le acaricié su cabeza y su pelo mientras me chupaba el bicho. Después de varios segundos se levantó y entonces noté que al cambiar de mano para sujetar mi verga en su boca, su mano derecha estaba acariciando su peluda crica y así se levantó con la mano mojada de sus espesos y cristalinos jugos y los regó en mis labios y toda mi cara. ” Ven mi amor que te quiero terminar a mi gusto. No te dejaré ir así en ese estado.”me dijo sonriendo maliciosamente.

Me jaló de la mano y con su mano libre siguió acariciando la dura erección que tenía. Me acomodó para que descansara medio sentado en el espaldar de un sofá, mientras aflojaba la correa y mis pantalones. Mi verga se desplazó libre y orgullosa frente a ella. Se arrodilló frente a mí y se humedeció su mano izquierda con los jugos de su chocha. Los regó por toda mi erección y apretó firmemente la base mientras me plantaba un suave beso en la hinchada cabeza, lamiendo la lubricación que fluía de mí. Colocó su otra mano mojada de la misma forma arriba de la izquierda y empezó a masturbarme con ambas manos mientras admiraba las 9 pulgadas de mi gruesa erección. Sus ojos expresaban el deseo que la dominaba y mirándome directo a los ojos me decía: “Papito, tu bicho es hermoso y toda mío. Lo quiero sentir dentro de mi chocha… ahora te lo voy a mamar para que te vayas tranquilo y pienses en mí toda la tarde… gózame papi… soy tuya y este bicho es todo mío… para mi placer… quiero que te vengas en mis labios… en mi boca…” todo esto mientras sus manos subían arriba y abajo a lo largo de mi verga suavemente. Me tenía loco y tembloroso. La cabeza sobresalía de sus dos manos y ella la mamaba muy golosa. Alejó su mano derecha y empezó a mamar mas profundamente.

Sus labios acariciaban el borde por encima y por debajo donde está el frenillo. La arropaba con su boca y sentía su lengua moviéndose alrededor de esa cabeza brindándome un gusto indescriptible. Me hipnotizaba ver mi dura verga entrar y salir de su boca toda cubierta con su copiante saliva y mi lubricación. Se alejaba y una larga, espesa y cristalina hebra se formaba entre sus labios y la punta de mi bicho. Volvía a metérselo mientras su mano seguía masturbándome arriba y abajo. El placer me ponía las rodillas débiles y me hacía gemir continuamente. Mi respiración se agitaba. Su mano izquierda continuaba acariciándome arriba y abajo. Tragaba su espesa saliva mezclaba con la baba que salía de mi pene. Me miraba con ojos ensombrecidos y gemía todo el tiempo. Podía ver que sus nalgas ondulaban suavemente. Su mano derecha se encontraba entre sus piernas acariciando su chocha. Se metía dos dedos como ella hace cuando se masturba para mí. Mi verga seguía durísima y brillante. Ella seguía mamando con mucho gusto y a veces se separaba lo suficiente para decir lo mucho que le gustaba mamarla tan parada y tan dura. Bajaba por un lado con su acariciante lengua y subía por el otro. Me acariciaba las bolas con su mano derecha cuando la alejaba de su crica y luego la regresaba nuevamente a masturbarse mientras gemía y me miraba con aquellos ojos castaños ensombrecidos de la lujuria que la poseía.
A veces me abrazaba y con sus dos manos me acariciaba las nalgas mientras se apretaba a mí y se metía casi toda mi verga en su boca hasta casi ahogarse. Volvía a masturbarme con su mano izquierda y su boca mientras regresaba con su derecha a su chorreante chocha. Ella sabe cuando estoy a punto de venirme y sabe cómo controlarme para que no me venga. Me acaricia con calma mientras me chupa la mojada cabeza con delicadeza para disminuir las convulsiones que comienzan a sentirse en mi pene. “Papi, dame tu leche… úsame… goza esto… derrámate en mí… quiero beber tu leche…”decía y entre las palabras seguía chupando mi verga. Casi me hacia perder el control y con el gusto que siento, mi verga se desborda gota tras gota en sus labios. A mí me gusta venirme poco a poco y ella no me apresura pues sabe que voy a llegar al punto donde no podré contenerme para nada y le daré toda mi descarga de leche. “Así mi amor… dame leche… dame más… vente gota a gota en mis labios… mi lengua…” Un borbotón de espesa y blanca leche se desliza de mí en su húmeda lengua y ella la traga con gusto. Deja de tocarme el pene sabiendo que estoy al borde del abismo y lo sigue con su lengua y sus labios mientras cabecea casi fuera de control al ritmo de la sangre que bombea en mi erección. Mi pene esta ahora chorreando leche muy despacio y ella la chupa con gusto tragando cada gota y puedo ver sus dos manos acariciándose la chocha. Una rozando su clítoris y la otra metiéndose el dedo. Gime y al mismo tiempo me pide que le dé más de mi leche. Su orgasmo es inminente y comienza a gemir y sus sollozos de placer parecen de dolor. Diciendo obscenidades y besando y chupando la punta de mi dura verga. Sus labios y su barbilla están cubiertos con mi leche y su saliva. “Ay papi, ¡qué loca me pone mamarte así!”dice y comienza a venirse en convulsiones arrodillada aun frente a mí, metiéndose el dedo furiosamente y gritando como loca cuando se separa de mi bicho. Mi bicho tiembla frente a ella rozando sus mejillas y sus labios, los cuales no aleja de mi chorreante cabeza.
De repente deja de gemir y se aferró a mi pene con su boca y me lo mama con furia. A esto ya yo no puedo aguantar más y tan pronto siento su boca y su lengua chupando la agonizante cabeza de mi pene, las convulsiones se apoderan de mí y me vengo totalmente en su boca. Ella gime rabiosamente fuera de control mientras se viene una vez más al sentir mi leche salir a fuertes borbotones contra su garganta. Se separa de mí y se desploma en la alfombra jadeante y respirando muy agitadamente. Mis rodillas tiemblan descontroladas y una debilidad se apodera de mí. Me dejo deslizar hasta estar junto a ella. Le acaricio su sudada frente y me acerco suavemente a su cara. Un poco de mi leche se desliza por la comisura de sus labios. Le beso los labios suavemente y con mi lengua lamo mi propia leche a lo cual ella se recupera y me besa desesperadamente abriendo su boca para chupar mi lengua. El sabor mío esta en toda su boca y nos besamos con gusto. Mi mano derecha se desliza hasta su peluda crica y le acaricio los empapados pliegues de sus labios. Es increíble la cantidad de jugos que hay entre sus piernas. Me llevo mi empapada mano hasta mi nariz para oler su aroma y probar sus jugos. Me froto la mano en toda la cara, extasiado con el erótico aroma de sus jugos mezclados con el sudor íntimo de ella. Ella abre los ojos muy calmados y me dice lo mucho que me ama. Lo feliz que la hago sentir. El inmenso placer que siente cuando tenemos sexo y hacemos el amor. Se voltea un poco y se acomoda en mi pecho mientras su mano se desliza para suavemente acariciar mi goteante pene que aún sigue erecto descansando entre sus piernas. “Mi amor, soy adicta a tu bicho. Me fascina cuando aun después de venirte sigues tan duro. Cómo me gustaría que te pudieses quedar más tiempo para gozarte más. Necesito más bicho.

Quiero que me mames y me lo metas… que me culees un rato.” Yo la abrazo suavemente y siento que se me endurece más al escuchar lo que me dice. Me levanto de su lado y ella me sigue. Con el frente de la camisa me seca y me limpia un poco mi orgulloso pene. Me ayuda a meterlo de nuevo en el pantalón y la erección que no se baja, se nota extendida al lado izquierdo. Ella la acaricia suavemente sobre la tela y yo me dirijo al baño a lavarme la cara un poco antes de partir. Cuando regreso, ella esta tendida sobre el sofá descansando con la camisa un poco desordenada que apenas le cubre su abultada crica. Ella sabe lo mucho que me gusta su chocha sin afeitar y se deja crecer los pelos desde que nos conocimos íntimamente. Sus panties son tipo bikini o de esos que sólo tienen una pequeña tira entre sus nalgas.

Nunca le cubren sus sedosos pendejos completamente y se asoman por los lados y entre sus piernas muy abundantes. Muchas veces viste desnuda debajo de sus vestidos o faldas y se sienta en posiciones para que yo la observe y me caliente. Me senté a su lado y le acaricié su rostro y sus senos. Sus grandes pezones se encontraban erguidos y duros. La bese dulcemente y abrió sus ojos y me pregunta: “¿Por qué te lavaste? ¿No te gusta mi olor?” “Claro que sí mi amor. Sabes lo que me enloquece tu aroma. Pero, tengo que regresar al trabajo.” “¡Entonces ven aquí y llévate algo mío para que no dejes de pensar en mi toda la tarde!” me dijo mientras dirigía mi cabeza a su entrepierna. Abrió sus piernas totalmente, levantando una sobre el espaldar del sofá y la otra en el piso.

Su hermoso manjar de pelos estaba a mi disposición. Sus pendejos aún estaban empapados y sus labios húmedos esperaban mis besos. El aroma a su sexo y sudor me embriagaban de deseo por ella. La besé y le mamé su crica con abandono, mientras ella me apretaba la cabeza contra su hermosa vulva y ondulaba sus nalgas al ritmo de mi lengua que se movía entre sus peludos labios y a veces la penetraba con ella. Sus quejas de placer aumentaban y de pronto me separó de su vulva y me dice jadeante: ” ¡Papi, ya! Déjame así toda jodida y caliente. Quiero esperar por ti cuando regreses esta noche para que termines de curarme. Te prometo que no me voy a masturbar sola y esperare por ti así mojada como me dejas. Llévate mi olor así en tus labios y tus mejillas para que me recuerdes así como estoy” Y con eso me besó muy golosa con esos besos de lengua que ella sabe dar tan ricos.

Me levanté y me fui pensando lo difícil que iba a ser permanecer en calma o que me bajara la erección toda la tarde. Después de estar en el auto un par de minutos, la erección comenzó a bajar y ya para el momento que llegué a la oficina estaba normal

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