Buscar
Relatos
Categorías

Pasaron unos días sin novedad, menos mal porque ninguno de nosotros hubiera soportado ese ritmo. Mis clases se iban normalizando; parece que los chicos entendían que aunque lo que poseían de nosotras y nuestras actividades lúdicas era una verdadera bomba, tal vez no era el momento de usarla. Ya se sabe que los intereses de los jóvenes cambian mucho y puede que este receso, Beti, la madre de Juan consiguiera confiscar las fotos y el vídeo que tanto nos comprometía.

Había sido un día agotador, con exámenes y guardias en clases con profesores enfermos. Por fin en casa, me hice algo para comer y me tumbé unos instantes a descansar cómoda en el sofá. Tenía mi ropa interior y una bata muy liviana.

Sonó el timbre. ¡Quién puede ser! El vecino no puede ser porque se ha tomado un respiro en sus clases particulares y su madre parece que se lleva mejor con el padre y ya no me requiere con esos ímpetus sofocantes. Menos mal porque yo ya no puedo más, que no soy una niña, caray. Soy sexy y caliente pero algo madurita.
-Pero Caro, qué sorpresa! Pasa por favor.
-Hola Loli, te presento a la hermana Sofía que es mi compañera de cuarto en el convento. Pasábamos por aquí porque tenemos que visitar a una anciana que vive al final de la calle y me he acordado que vivías aquí.

Sofi era una joven como Caro, algo más baja y gordita, se adivinaba en su cara una sonrisa pícara y ojos muy vivaces, morena y más curvas que Caro.
Creo que era más sensual, más dominada por sus instintos. Al girarse vi que tenía un culo algo abultado y sus medias eran más resultonas que las de su compañera. Se movía con más gracia casi como una modelo. No le iba nada el traje de monja.
Seguí preguntando a Caro sobre el motivo de su visita.
-Sí, y cómo te va. Hace ya un tiempo desde que nos conocimos y no he vuelto a oír de tí.
-La verdad es que me va bien, ya no he vuelto a ver a dos José, después de aquello, he pensado que tal vez ya no tiene trabajo para mí y es mejor que meditemos todos lo que nos conviene. No te preocupes por Sofi, ella sabe todo sobre mí y sobre lo que me pasa.
-Bueno, y ¿qué es lo que tienes que meditar?
-Loli, no sé si para tí fue normal lo que pasó en el despacho de don José, pero mi vida era más simple hasta ese momento. Aquello fue lo más fuerte que me ha pasado y no sé si alguna cosa en mi vida futura podrá acercarse a aquella experiencia.
-Mira Caro, las cosas pasan una vez en tu vida, y una descubre ciertas cosas de una misma que no sabías, cosas que una se estaba perdiendo pero que están ahí. Cosas que te ayudan a conocerte mejor, lo que te gusta y lo que no.
No sé si me estás entendiendo.
-Loli, he de confesarte algo, yo era virgen aquel día y me sentí violada por aquel hombre, no lo rechacé porque no me sentía con fuerzas y porque estábais allí tú e Isabel. Me sentí hipnotizada por sus caricias en mis pechitos. No era la primera vez que una mujer y yo nos dábamos besitos y cariñitos pero nunca de un modo tan brutal como con Isabel. En cuanto a ti, cuando me chupaste ahí abajo, no puedo describir las sensaciones que sentí. Así que estaba hipnotizada cuando don José me violó y penetró salvajemente. ¿Tu crees que soy lesbiana?
-No lo sé, sólo te puedo decir que yo soy bisexual; soy capaz de disfrutar tanto con una mujer como con un hombre, o más de unas y otros. ¿Y tú qué opinas Sofía?
-Yo no opino. Soy amiga de Caro y no me gusta que sufra. No sé quién eres y no sé si eres buena persona pero comprendo lo que dices y creo que respetas que otras opinemos de un modo diferente.
-Loli, también he venido a agradecerte tu manera de comportarte conmigo ese día, creo que si hubiera estado a solas con don José se hubiera portado más groseramente conmigo. Los hombres son unos burros; te lo puedo asegurar, incluídos los curas. Si yo te contara lo que tenemos que aguantar en el convento…
-Calla Caro, a Loli no le interesa que le contemos nuestras historias del convento.
-La verdad es que me daría mucho morbo que me las contárais pero eso depende de vosotras. No tienes nada que agradecerme Carolina.
Pero Caro quería que quedara una constancia mayor de que estaba muy agradecida por nuestra actuación ese día, así que se acercó al sofá en que yo estaba sentada y me plantó un beso en la boca, beso que duró unos instantes. Abrió la boca y me introdujo la lengua con una inmensa ternura.
Yo cerré mis ojos y respondí complacida a su morreo, tratando de disfrutar de las sensaciones que nos estábamos produciendo con el intercambio de fluidos en nuestras bocas.

Cuando abrí un poco los ojos para ver lo que hacía Sofía, vi que se llevaba su mano derecha por debajo de la falda y la metía en lo que me pareció eran sus bragas, a la vez que se mordía el labio inferior concentrada en la escena que tenía delante.
¡Lo sabía! Sofí era mucho más caliente y experimentada que Caro.
Con un gesto le pedía a Sofí que se uniera a nosotras.
Sin pensarselo dos veces, se desabrochó la falda y se quitó la chaqueta, dejando al aire sus carnes blancas y jóvenes. Se quedó con la cofia, medias, sujetador y bragas.
La verdad es que me ponía mucho hacerlo con unas monjas, tan puras ellas, tan santas y rendidas a la lujuria, al pecado, a la lascivia.
Caro me lamía el cuello y yo aprovechaba para quitarle la ropa y dejar al aire sus pechos que ya conocía de la experiencia anterior, pero como aquella vez yo me centré más en su peludo chochito, no recordaba que Caro poseía unas aureolas y unos pezones que me incitaron nada más verlos.

Mis manos se adhirieron a ellos como se de pegamento se tratara, mientras que Caro se levantó un poco pues estaba como loca por sacárse la falda y las bragas, todo a la vez, quedándose en pelotas en un segundo. Estaba súper salida, jadeaba y retozaba como una perrita en celo. Casi me arranca la bata, en busca de mis tetas, que cuando estuvieron a su alcance mamó y chupeteó como una recién nacida. Me estaba excitando como cuando tenía veinte años, me transmitía esa lujuria juvenil desbordante. Sus manos bajan por mi cintura y buscaban mi raja del amor, mi coñito lindo, también peludo como el suyo. Lo encontró mojado y babeó de gusto mientras seguía moviéndose y dando saltitos como posesa. Cruzando sus desnudas piernas por detrás de mi espalda, las dos ahora ya desnudas y gozando al máximo de unas emociones difíciles de explicar.
Sofi, estaba con sus medias negras y su liguero, era coqueta y le gustaba el fetichismo, así que no se quitó los zapatos ni las medias. Sus bragas eran pequeñas, casi impropias de una monja, más parecían de una cabaretera. Y su sujetador era tambíen muy pequeño y no sujetaba apenas ese par de pechos que lo desbordaba por todas sus partes.

Mientras me acariciaba el cuello, me besaba las orejas, me peinaba con sus dedos extendidos, con la otra mano acertó a descolgar su sujetador que cayó al suelo en medio del salón. Sus pechos enormes para una chica de veinte años apenas cayeron un poco por el peso. Los pezones era pequeñitos y las aureolas casi imperceptibles. Pero lo que llamaba la atención era que tenía una cintura muy pequeña y unas caderas enormes, de ahí que al entrar me llamara la atención su enorme culo y sus tetas. Era una mujer con unas curvas impresionantes que estaba deseando recorrer con la punta de mis dedos. Pero Caro no me dejaba, me iba exprimir todo el placer retenido durante aquellos años de ausencia de sexo libre.

Yo lo disfrutaba muchísimo, sobre todo porque Caro me estaba poniendo a cien y Sofi me estaba acariciando por la espalda con sus dos tetorras de un modo suave y sugerente, a la vez que pasaba sus manos por mi cintura y me acariciaba el ombligo.
Así estuvimos un buen rato hasta que las dos novicias se intercambiaron y Caro tomó el lugar de Sofi y viceversa.
-Loli -me dijo Caro. Estoy segura de que soy lesbiana, no quiero saber nada de los hombres, me hacen daño. No sólo lo digo por don José, he tenido más experiencias. Una vez que el muy guarro de don José me desvirgó, me he dejado penetrar por el padre Julián, que es un cura muy salido que nos atormenta a las jovencitas día tras día. Pues, igual con él, es un bestia, te la mete, y la tiene muy gorda y peluda, y después de unas cuantas sacudidas se corre y se desmaya. Son unos cerdos, no saben acariciar ni dar cariñitos antes de entrar a matar, como hacemos nosotras.
Sonreí a las ocurrencias de la jovencita que tanto placer me acababa de proporcionar.
-Gracias Loli, encantada de conocerte, Caro me había hablado de que estabas cañón pero yo no me lo podía creer, Caro es tan imaginativa que no me creo nada de lo que cuenta. Nos gustaría venir a tu casa de vez en cuando si no te importa. Es que la vida en el convento es tan aburrida y nosotras dos ya lo hemos hecho de todas las maneras que se nos ocurren pero tú eres una maestra, necesitamos que nos sigas dando clases.
Se vistieron los hábitos para que nada se notara de su visita y nos despedimos con un cálido beso en la boca hasta otra ocasión en que posiguiéramos nuestro curso acelerado.

No hay comentarios »

Aún no hay comentarios.

Suscripción RSS a los comentarios de la entrada. URI para TrackBack.

Deje un comentario

Navigation

Calendar

Marzo 2006
L M X J V S D
« Feb   Abr »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Feeds and Credits