La voz en un castellano defectuoso de aquel camarero me hace salir de mi embelesamiento. Estoy en la plaza de San Marcos de Venecia. Sentada junto a mí estás tú Triana, la chica más bonita que he conocido, la mujer de mis sueños desde que hablamos por primera vez y frente a nosotros una pa que ha contenido el helado que acabamos de compartir. Pago la cuenta, tú acabas la última cucharada del helado y nos levantamos de la mesa.
Continúa »