Hoy estaba como cualquier día de verano en casa haciendo las cosas habituales. Siempre que estoy sola aprovecho para ir ligerita de ropa, por lo que llevaba puesto solamente un tanguita y el sujetador. Cansada de hacer las cosas de la casa decidí ir al chat, como hago siempre que estoy aburrida y quiero pasar un ratito agradable, sobre todo cuando quiero encontrar experiencias sexuales diferentes.
Continúa »
Esta es la quinta entrega de la serie, continuación de “A quién la suerte se la dé…”, que muchas lectoras y lectores me pidieron que no dejara en sólo cinco capítulos, y a quienes va dedicada. Gracias por vuestra amabilidad. Una advertencia: seguramente haré de cuando en cuando referencias a la serie original, no puedo evitarlo. Como sería insufrible que volviera a explicar todo a cada paso, quienes no la hayáis leído, hacedlo antes de continuar con ésta. ¡Hasta luego!. Continúa »
Mi esposo y yo acostumbramos pasar cierta temporada del año en nuestra casa de campo. Allí acudimos para alejarnos de las tensiones que representa nuestra vida en la ciudad. Es un lugar acogedor y especialmente caluroso en septiembre, Por eso siempre escogemos esta fecha para estar allí. Este año nuestros dos hijos no quisieron acompañarnos, y decidieron quedarse en casa de sus primos. Tengo 35 años y por mi dedicación de muchas horas al gimnasio tengo un cuerpo muy admirado. Continúa »
Hola amigos mi nombre es fran y vivo en chile. La historia que les contare me sucedio realmente aunque todavia no lo crea. Soy un joven abogado de 27 años que tengo una oficina propia, mido 175 cm y peso alrededor de 77 kilos, y al decir de algunas mujeres no estoy nada de mal… el caso es que hace una semana me decidi a escribir, ya que soy lector de esta seccion. Como les contaba trabajo en mi oficina particular junto a un socio y una secretaria, pero mi socio decidio arrendar uno de los privados de nuestra oficina. Fue asi como mi socio le arrendo la oficina a su mamá y una amiga de ella. Continúa »
Estoy casi seguro, que de no haber sido por la calentura del momento, ni Laura ni yo nos habríamos embarcado en semejante apuesta a ciegas. Fue un sábado normal y corriente, como cualquiera de los otros cincuenta y dos sábados que tiene el año, sin nada que celebrar, ningún aniversario, ningún cumpleaños, nada absolutamente lo diferenciaba de cualquier otro sábado. Como tantas otras veces, habíamos quedado para comer con una pareja amiga, Ana Maria y Mario, los cuales al menos una vez al mes nos llamaban para quedar y reírnos un rato juntos mientras tomábamos un bocado. Continúa »