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El siguiente relato que os escribo sucedió hace unos años, con una conocida, no éramos amigos, ni salíamos juntos nunca, solo nos conocíamos de haber coincidido un año en el colegio, cuando nos veíamos nos saludábamos, y de ahí no pasaba la cosa. Ella se llamaba Virginia, estaba buena, medía 1.75, pesaba 55 kilos, de complexión normal algo delgada, morena, pelo liso largo, guapa, con cara aniñada, lo cual daba bastante morbo, de pecho no tenía mucho, su culito redondito y respingón y las piernas largas.
Un día, me la encontré por la noche en un bar, nada más verme se me abalanzó sobre mí, me dio dos besos y me dijo que me fuera con ella, yo estaba flipando, no teníamos casi confianza ninguna pero ese día actuaba como si nos conociéramos de toda la vida, como si fuéramos amigos íntimos, me cogió de la mano y nos fuimos a la puerta del bar, allí me preguntó si quería probar una cosa nueva, yo intrigado y sorprendido le dije que sí, así que la acompañé a su coche y ella me llevó a su casa.
Una vez que entramos en su casa, ella se fue a por dos copas a la cocina, yo me quedé en el salón, al rato regresó, venía con su vestido negro ajustado al cuerpo y unos tacones blancos con una aguja de vértigo, me dio la copa y pronto empecé a insinuarme, ella se dejaba querer. Nos sentamos en los sillones que tenía, uno en frente de otro, nos quedamos un rato callados, observándonos mutuamente, la tensión y la excitación empezaban a brotar.

De repente aprovechando que miraba para otro lado, sentí una patada en mis partes, una sensación de dolor me embargó, estuve un rato dolorido, cuando me repuse, le pregunté por lo que hacia, no me contestó, se reía, me levanté, me fui hacia ella para agarrarla, pero inesperadamente para mí, me abrazó por los hombros, y sin darme tiempo a reaccionar me arreó un rodillazo en mis partes, me dejó tirado en el suelo retorciéndome de dolor. Ella estaba de pie, mirándome con aire de superioridad, yo veía desde el suelo su cuerpo esbelto coronado por una sonrisa que salía de su boca.
Me estaba dominando por completo, Virginia no estaba aun satisfecha, me puso boca arriba y me pisó el pecho con sus preciosas piernas y sus zapatos de tacón, nada más hacerlo me empezó a gritar que si me rendía, lo repetía una y otra vez, yo aguanté, al verlo, ella decidió sentarse al lado mía, con una pierna me bloqueó el cuello y con la otra me golpeaba los genitales sin piedad, no aguanté mucho y me rendí ante ella, tras esto, me puso su zapato en la boca y me obligó a que se lo besase, cosa que hice, Virginia era muy morbosa.

Estaba a su merced, me había cogido por sorpresa, me agarró de los pelos y me llevó hacia el aseo, tenía la bañera llena de agua, me metió la cabeza dentro como queriéndome asfixiar, se estaba pasando, así que reaccioné, la agarré de una pierna y logré tirarla al suelo, me arrancó bastantes pelos en la caída, pero quedé libre. Le puse el pie en la cara, apretándola contra el suelo, ella se retorcía, como queriéndose librar, le dije que me había echo daño, y que me la iba a follar por puta. La puse de pie, y con una mano le empecé a manosear las tetas por encima de la ropa, Virginia permanecía con los brazos a los costados, sin intentar apartar mi mano en ningún momento, con la otra mano le levanté la falda hasta que palpé las braguitas, la muy guarra las tenía empapadas, tanto que se podían tocar los labios vaginales a través de la tela.
Le ordené que apoyase los brazos en la pared del servicio, con las piernas separadas, ella me contestó que sí, tenía cara de miedo, lo hizo inmediatamente, le repliqué que de sí nada, que contestara en condiciones, entonces ella me dijo que sí mi amo, estaba empezando a ser mi sumisa. Le ordené que estuviera quieta, ella me contestó que sí con la cabeza, me acerqué a Virginia, agarré su falda y se la levanté hasta que quedó toda enrollada en su cintura. Tenía un tanguita negro que se introducía entre sus nalgas redondas y duras, las tomé con una mano y de un tirón se lo arranqué, ella se quejó con un gemido, pero después no hizo nada más.

Tenía ante mí una visión deleitante, tenía mi polla durísima, me bajé los pantalones, y posteriormente mi slip, quedando desnuda mi parte inferior, mi pene dio un brinco ante la libertad, estaba erecta, expectante. Me coloqué detrás de ella, puse mi miembro a la altura de su culo y empecé a rozarlo por toda su extensión, su coñito quedaba algo bajo, así que con mi mano presioné su espalda para que se inclinase más, y de esta forma elevase su culito y con él su coñito, al principio le costaba, pero tras ordenarle que se agachase, que obedeciese como la puta que era, ella lo hizo.

Le dije que iba a saber lo que era bueno, agarré mi pene, lo pasé por su encharcada rajita, y lo puse en la entrada de su húmeda vagina, apreté, y le metí mi polla hasta el fondo de un golpe. Virginia soltó un pequeño alarido, lo cual me excitó aun más, empecé a bombear, primero ritmo medio, para después hacerlo a todo gas, metiéndosela hasta el fondo y sacándola casi del todo. Los dos de pie, ella cada vez más apretujada contra la pared, mis caderas iban a toda leche, ella se esforzaba por mantenerse apoyada en la pared al tiempo que sus caderas brincaban por mis embestidas.
Después una de mis manos se dirigió a su pecho, le bajó el vestido a la cintura, y como no portaba sujetador la muy puta, empecé a acariciar sus pechos, sobándolos con fuerza, atrapándole los pezones y pellizcándoselos con saña, haciéndola resoplar aún más tras esto. La muy guarra jadeaba de puro placer, todo su cuerpo temblaba bajo el mío con cada embestida. Mi polla iba entrando y saliendo de su coñito con gran velocidad, su vagina estaba encharcada de sus flujos, mi verga corría sin problema por el interior de su cavidad.

Estuve así un gran rato, con Virginia de pie con las manos en la pared, su culo sacado para fuera, y yo follándome su coñito, pasados unos minutos le di una última embestida, pegando mis caderas a sus nalgas, teniendo ella mi polla metida hasta el fondo, acerqué mi boca a su oído y le dije que ahora por puta se la iba a meter por el culo, y que no quería oír ni una sola queja, que esperaba que no me costase metérsela porque ella pusiera su culito duro, inmediatamente Virginia comenzó a temblar descontrolada, y posteriormente entre sollozos me dijo que no, que era virgen por ahí, la ordené callarse, le dije que era una zorra y que le iba a gustar. Abandoné sus pechos, y con las dos manos le abrí las nalgas, pude contemplar su culo, era mentira, no era virgen, se notaba que por ahí había entrado ya muchos miembros, entonces le dije que era una puta mentirosa, que el culo ya se lo habían roto muchas veces, ella se empezó a reír, y me contestó que yo era un ingenuo, que a ella le encantaba sentir las pollas en su culo, dicho esto, con una mano le cogí su pelo para girar su cabeza y poder mirarla directamente a los ojos, tenía rostro de dolor, de miedo, sin dejar de mirarla, saqué mi polla de su chochito chorreante, le escupí varias veces en su ano, para que tuviese algo de lubricación, y posé el glande en la entrada de su culo, el cual inmediatamente se retrajo.

Tras esto le dije que le había ordenado que se relajase, que era una zorra desobediente, le agarré los pechos con una mano y comencé a acariciárselos, estrujándoselos, a la vez que acerqué mi cara a la suya y nos empezamos a besar, enrollando nuestras lenguas, mi otra mano tenía sujeto a un el pelo para que pudiera contemplar su cara, cuando la noté un poco más relajada, le clavé mi polla en su culo de un golpe, su agujero era flexible, de virgen tenía poco, Virginia prestamente soltó un alarido de dolor, y seguidamente me empezó a decir que le dolía, que le había dañado el culo, que era un cabrón, acerqué mi boca a la suya y ahogué con mi boca sus quejas, nos enrollamos entre sus jadeos de dolor. Era una delicia sentir su culo apretadito atrapando mi polla, tenía espasmos, me mantuve inmóvil durante unos minutos, me incorporé, colocándome aun con la polla dentro de su culo pero de pie, ella me dijo que le había dañado el culo, yo le repliqué que eso le pasaba por mala, por haberme dado los golpes antes en mis testículos, dicho esto, saqué la polla de su culo, le escupí nuevamente en su ano, y comencé a bombear, primero lento, para que le fuera cogiendo gusto, progresivamente sus quejidos de dolor fueron desapareciendo, e incluso sus caderas comenzaron a moverse al ritmo de mis embestidas. La muy puta le había encontrado el gusto al sexo anal, así que aumenté el ritmo y la fuerza, sus nalgas chasquean de forma rítmica contra mí, era todo muy salvaje y descontrolado. Estando así, le dije que no se corriese hasta que yo se lo dijese, ella me miró aturdida, con mirada de puta viciosa y me contestó que lo iba a intentar, le dije que era una orden, que como lo hiciese iba a probar mi cinturón, su mirada se llenó de pánico ante la amenaza, dicho esto, seguimos igual, perforando su culo con mi polla, una mano agarrando su pelo para ver en su cara como cada embestida le causaba dolor y placer, y con la otra mano comencé a acariciar su rajita, a frotar su clítoris, y a meter dos dedos en su vagina, mientras sus pechos se iban meciendo hacia delante y atrás con cada embestida.
No paré de metérsela y sacársela de su culo a toda velocidad, cada vez estaba más cerca de soltarle toda mi leche, ella también estaba al borde, aunque intentando cumplir mi orden por lo que se relajaba todo lo que podía para no correrse. Al final, le sacudo como un poseso un par de veces y se la clavo con fuerza hasta el final de su culo, momentos después comienzo a eyacular, el orgasmo me obliga a apoyar todo mi peso en ella. Cuando terminé, acerqué mi boca a su oreja y le dije que era su momento, que ahora podía correrse como la zorra que era, Virginia sin necesitar nada más, comenzó a sacudirse descontrolada, como si sufriera un ataque, chillando alocadamente, se estaba corriendo con mi polla clavada en su culo y mis dedos penetrando su coñito.
Una vez finalizado, nos quedamos ambos inmóviles, ella apoyada en la pared con sus manos y yo sobre su espalda, hasta que pasados unos minutos le saqué mi polla de su culo, se podía contemplar colorado y abierto, lo estuve acariciando con mis dedos impregnados de sus fluidos vaginales, ella me lo agradeció, Virginia me dijo que se lo había partido, que le había dejado el culo abierto por un tiempo, yo me reí, y le contesté que así iba a recordarme unas horas, ella replicó que sin duda.

Mi polla estaba más blanda, aunque aún algo erecta, tenía restos de leche por toda su extensión, le ordené que se diese la vuelta y me la limpiase, Virginia, aún aturdida, como pudo se dio la vuelta quedando sentada en la tapa del water, después alargó la mano hacia el papel higiénico, al ver esto le dije que no, que me la limpiase con la boca, ella puso un rictus de asco ante mi orden y se quedó inmóvil pensando, le repetí la orden y ella no hizo nada, cogí mi pantalón y le quite el cinturón, y le dije que si no era bueno iba a tener que azotar su culo, recordándole quien mandaba. Me miró temerosa, sin llegar a obedecer mi orden, le repetí que me la limpiase, que me la chupase como la puta que era, ella con su mano sujetó mi pene por la base y lentamente acercó su boca a mi glande, absorbiendo los restos de esperma, le ordené que me la limpiase entera, se lo pensó, pero finalmente cerró los ojos, cogió aire y lentamente empezó a engullir mi polla, tenía cara de asco, se metió la mitad, y se la sacó, para decirme que sabía a mierda, la miré y le dije que siguiera, que me quitase todos los restos de la polla, que era su mierda y que me la quitase, ella nuevamente con cara de asco se la metió en la boca, me la fue chupando sin decir ya nada, por todos lados, hasta dejarla impoluta.
Una vez que terminó, le dije que se vistiera, que parecía una puta barata, humilló la mirada ante mi comentario y comenzó a vestirse, aún sentada en el water. Cuando lo hizo, me dijo que ya estaba, tenía los restos de su tanga en la mano, pude entonces contemplar como había un reguero de leche en la tapa del water, que debía haber caído desde su culo, ya que aún estaba abierto, le ordené que lo limpiase, que se arrodillase y lamiera los restos de semen, me miró desconcertada, pero al momento se arrodilló y comenzó a lamer como una buena perrita.

Yo me fui vistiendo mientras lo hacia, y cuando terminó le dije que me iba, la dejé allí con su culo abierto y dolorido, con el tanga en la mano, y con cara de asco ante lo que había lamido. Desde ese día cada vez que nos cruzamos por la calle agacha la cabeza, humillada, y me dice únicamente hola y adiós.

 

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