Estando en el colegio de gobierno, tenía 17 años, a todas las estudiantes nos hacían vestir las horribles faldas de cuadros, con calcetas blancas hasta la rodilla y nuestros zapatos negros, además de una delgada blusa blanca.
Yo era una chica bastante atractiva, según las opiniones de todos los chicos que conocía.
Y yo no lo negaba, pues mis pechos había llegado ya a una etapa de desarrollo bastante notable, casi a su actual y hermoso tamaño adulto. En fin, en una de esas tardes en que no tenía nada que hacer, como de costumbre, fui al baño a echarme agua fría en la cara.
Me vi en el espejo unos minutos y maravillándome de mi propia belleza, comencé a tocarme toda, comencé a rozar mi vagina con mi mano, a sobar mi sexo a través de mi falda.
Apreté mis pechos con delicadeza, sintiéndolos endurecerse conforme mi excitación avanzaba cada vez más y más.
Y de pronto, en el reflejo del espejo, vi a uno de los profesores que me daban clase, me veía embobado, con su mano en el pantalón, sobando su pene al descubierto.
Lo volteé a ver y comencé a vestirme rápidamente, pero él me detuvo y me dijo que estaba bien, que no tenía porque apenarse, que era bueno estar orgulloso del cuerpo de uno mismo y conforme decía esto, se fue acercando a mí cada vez más y más, hasta que estuvimos juntos. Y entonces, yo saqué por completo su miembro del pantalón y comencé a sobarlo lentamente, agasajándome de tan delicioso pedazote.
Mientras, los dos nos besábamos apasionadamente, sobando nuestros traseros.
Pegué mis pechos al suyo y eso le provocó un notable aumento en su erección.
De pronto, me dio la vuelta sin aviso y levantó lentamente mi falda, bajó mis braguitas un poco y me ensarto en su pene.
Dejé salir un breve gemido de placer.
Nos quedamos así, inmóviles por un tiempo, según él, mi vagina estaba tan apretadita que no necesitaba hacer esfuerzo.
Mientras tanto, el maestro no dejaba mis pechos en paz, los jalaba, los estrujaba y los masajeaba deliciosamente, pellizcando mis pezones, con su miembro metido completamente dentro de mi vagina, sin moverse.
Me agaché ligeramente, echando para atrás mis caderas, provocando que el miembro se metiera aún más, y me apoyé en los lavabos.
Ahora sí hazme el amor, le dije.
Y él, sin palabra alguna, aceptó y comenzó a mover sus caderas muy lentamente hacia adelante, haciendo que mis nalgas de unieran a él bruscamente.
Provocando que mis pechos subieran y bajaran con cada embestida, haciéndome gozar cada momento.
Ambos sabíamos bien como darnos placer mutuo, puesto que mi vagina y su pene habían sido hechos el uno para el otro, por así decirlo.
Y de pronto, de la puerta del baño, entró una amiga mía, vistiendo su uniforme a cuadros igual que el mío. Se paralizó unos momentos, pues no supo si correr o quedarse a ver el espectáculo, pero finalmente, tomó la mejor opción de todas, unirse a nosotros.
El maestro sacó su pene de mi vagina, la cual se cerró inmediatamente y entonces, ambos comenzamos a tocar a nuestra nueva integrante.
Ambos la tocamos en cada centímetro de su hermoso cuerpo, ambos la deseamos en ese momento y así seguimos durante bastante tiempo, hasta que ella estuvo a punto de tener un orgasmo.
Mi amiga se puso de cuatro en el piso y yo la monté, comencé a moverme como si pudiese penetrarla de algún modo, hice los movimientos rápidos, mientras apretaba sus pechos fuertemente y apretaba sus caderas contra las mías con cada embestida femenina que yo le daba.
Y entonces, nuestro maestro nos hizo el favor de acabar con esa fantasía y de un solo golpe, me introdujo el pene.
Sentí de nuevo como mis paredes internas se abrían.
Mi vagina chorreaba jugos, al ser penetrada por mi maestro y al cogerme a mi amiga al mismo tiempo.
Las dos habíamos sido muy cercanas, pero no a tal grado de hacernos el amor.
Después de unos minutos de haberme penetrado con placer, mi maestro sacó su pene de mi vagina y se lo puso en la boca a mi amiga, diciéndole.
Anda, toma, prueba a tu amiga, saboréala.
Y comenzó a embestirla rápidamente por la boca, mientras yo me regocijaba con la escena y metía mis dedos en mi vagina.
Todos gemíamos como locos, gozando tal placer que nos daba aquella orgía y entonces, el momento de la eyaculación se produjo.
Mi maestro vació todo su semen en la boca de mi amiga, ahogándola en lechita tibia y olorosa, lo cual provocó que mi amiga tuviera un orgasmo gigantesco y yo aproveché para lamerle todos los jugos que salieron de su rajita.
El maestro se quedó inmóvil, recuperándose de su previa eyaculación, sus huevos necesitaban más tiempo para volver a tener fuerza, por lo cual, tuvo que descansar unos momentos, mientras nos veía a mi amiga y a mí hacer el amor.
Tiré a mi amiga sobre el piso, de espaldas y la miré unos momentos, planeando lo que iba a hacer.
Me senté sobre ella, poniendo mi vagina sobre la suya, agarrándola de los pechos suavemente, masajeándolos, recorriendo cada centímetro de ellos y deleitándome con sus bellos pezones oscuros.
Comencé a saltar sobre ella, de nuevo como si me estuviera penetrando con un pene imaginario.
Y cada vez, aumenté más mis movimientos, realmente parecía como si yo tuviera algo dentro de mi vagina, parecía que un gran y viril pene se introducía en mí y me hacía gemir de placer.
Mi amiga me tomó de los pechos mientras yo saltaba, me los apretó, me los torció, hizo de ellos lo que quiso y yo me ahogué en un gran orgasmo que derramo jugos vaginales por todo el piso.
Las dos nos miramos y nos besamos apasionadamente, metiendo nuestras lenguas en nuestras bocas, deseándonos como locas.
Y así fue que empezamos un 69 delicioso, las dos lamiendo nuestras respectivas y deliciosas vaginas, chorreantes de líquidos deliciosos, que las dos nos tomamos como si fueran agua.
Y cuando me acercaba a mi orgasmo, el maestro regresó, e introdujo su pene en la vagina de mi amiga, haciéndome a un lado, dejándome con las ganas.
Y comenzó a embestirla con una velocidad y una fuerza impresionantes.
Mi amiga disfrutó ese momento como nunca había disfrutado nada más, con sus pechos hinchados y sus pezones grandes y duros.
Gimió como loca, mientras aquel pene le alcanzaba sus puntos más recónditos, donde su orgasmo se produjo y la dejó rendida, sin poder moverse debido al placer y gozo que le provocó cuando lo tuvo.
Pero el maestro seguía penetrándola.
Y mi amiga, por más que intentaba moverse al ritmo del profesor, para darle placer, no podía, puesto que el orgasmo la había agotado.
Así que el profesor me tomó a mí en su lugar y de igual manera, me ensartó y comenzó a embestirme rápidamente y bruscamente.
Mi vagina se movía con cada movimiento, y los dos gemíamos deliciosamente, ahogados en lujuria.
Y de pronto, sentí como un chorro de líquido caliente se desprendía dentro de mi vagina, sus espermas se metieron en lo más profundo de mí y yo tuve un orgasmo al sentir la lechita embarrándose en mis paredes vaginales.
Mi profesor continuó moviéndose lentamente como intentando liberar el resto de su carga de semen dentro de mí, pero nada pasó, y su pene poco a poco se puso flácido y yo me tiré al piso, desnuda y agotada.
muy buno quisiera conocer al achik ajajaa
de donde eres
estubo genial me imagino tu trasero desnudo
ablame para comprobar si es berda lo que cuentas
estuvo fabuloso me imgino penetratandote por esa vagina tan rica como la describistes …!!!!!!!!!
joder ma puesto buaa
kiero mas mas jdoer