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	<title>Relatos Eroticos &#187; erotismo-amor</title>
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	<description>Cientos de relatos de sexo actualizados a diario</description>
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		<title>Mi amante paraguaya IV</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Apr 2006 23:24:53 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[lesbicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Sexo y Traición Eres la mejor hembra que hemos compartido. Te excitas con solo mirarte y te entregas como si fuera la última vez. Quisiera que nos siguiéramos viendo, solo para coger claro está 
 
Karen y yo somos una pareja normal. Ella ya no tiene contacto con su familia en Paraguay, está completamente dedicada a nuestra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sexo y Traición Eres la mejor hembra que hemos compartido. Te excitas con solo mirarte y te entregas como si fuera la última vez. Quisiera que nos siguiéramos viendo, solo para coger claro está </p>
<p> </p>
<p>Karen y yo somos una pareja normal. Ella ya no tiene contacto con su familia en Paraguay, está completamente dedicada a nuestra vida, y su trabajo. Se integró sin problemas a mi grupo de amigos y a mi familia.<span id="more-202"></span><br />
Trabaja unas cuatros horas diarias en una oficina que administra propiedades, se dedica a la casa y últimamente ingresó a un curso de pintura y escultura.<br />
Por mi parte, sigo trabajando en el mismo lugar, trato de ir al gimnasio dos veces a la semana, y comparto las tareas de la casa con Karen.<br />
En fin, una vida sin sobresaltos.</p>
<p>Todo bien hasta que hace unas semanas, volví a casa y encontré a Karen, desnuda en el dormitorio llorando a mares.<br />
Clara &#8211; amor, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?</p>
<p>Karen &#8211; (que casi no podía hablar, me abrazó) ¿tú me quieres? ¿Todavía te gusto?Clara &#8211; pero que dices, tú eres el amor de mi vida. Yo no podría vivir sin tenerte conmigoKaren &#8211; te gusto aunque esté tan gorda, alguien me dijo hoy que no entendía como tú, siendo tan joven y elegante, aún deseabas estar conmigo.</p>
<p>Yo no entendía nada, ¿quién habría sido el o la bruta capaz de decir semejante cosa?Después de un rato de consolarla, se calmó y finalmente entendí: una de las compañeras de su curso de pintura, había sido la mala persona. Supe quien era, de inmediato, pues había venido unos días antes para trabajar en casa. Se trataba de una chica muy joven de unos 20 años, qué a partir de que le dijimos que vivíamos juntas, nos miró de diferente forma. De hecho, en un momentito que tuvo a solas conmigo hasta se me insinuó.<br />
Desde ese día cada vez que llama a casa y yo la atiendo, cambia su tono voz y usa frases sugerentes.</p>
<p>Es cierto que Karen estaba más gordita, pero a mi me encantaba su cuerpo. Adoraba cada uno de sus rollitos y sobre todo dar muchas palmadas en sus glúteos hermosos. Adoraba cuando me dejaba depilarla, y pasar aceite en todo su cuerpo desnudo. Verla brillar en la penumbra y comenzar a oler su sexo excitado. Aquella mujer era mi vida y tenía que hacérselo entender.</p>
<p>Esa noche, acaricié todo su cuerpo, besé cada centímetro. Todas las luces del dormitorio estaban encendidas, para que ella pudiera ver el amor y el deseo en mis ojos, mientras la hacía mía una vez más. Le dije las cosas más dulces y amorosas de que era capaz. Me acosté sobre ella para penetrarla con el juguete que más le gustaba. Cuando se incorporó en la cama, sus senos fabulosos, parecían aún más grandes por la excitación, me acurruqué a su lado para mamar como una niña.<br />
Después de un rato de descanso y cuando ella estaba casi dormida, me acomodé entre sus piernas y la penetré esta vez con mi lengua primero y luego casi pude entrar toda mi mano huesuda y fina.</p>
<p>Clara &#8211; eres la mujer más hermosa, la que yo amo y no quiero verte jamás llorando porque pienses lo contrario. Yo te deseo cada día, y me gusta tu cuerpo tal y como está, me excita, como tú ni te imaginas verte desnuda en mi cama.<br />
Karen &#8211; no pudo responder con palabras, solo me besó profundamente. Su lengua enlazó con la mía y paseó por toda mi boca.<br />
A la mañana siguiente la acompañe a su clase y me aseguré de que la jovencita nos viera. Si decirle nada a Karen, esperé a su &#8220;amiga&#8221; a la salida y le dije unas cuantas cosas, para aclararle la situación. No volvió a molestarnos.</p>
<p>Karen seguía preocupada por sus kilos demás, solía estar de mal humor, y mucha veces ponerse celosa sin motivos. Decidió, finalmente ponerse a dieta y comenzar a realizar ejercicios. En el gimnasio, se hizo de un grupo de mujeres más o menos de su edad, que salían a diario a caminar por la rambla. Poco a poco, fue cambiando su humor, se la notaba más animada, estaba perdiendo peso y eso le hacía bien. Cambió el color de su pelo, volvió a maquillarse y estaba mucho más cariñosa que antes. Una tarde volví casa y escuché voces en la cocina, estaba con una sus compañeras de caminata, preparando unas ensaladas originales. Se las notaba muy unidas y animadas.<br />
Me presentó como su novia, y siguieron muy divertidas en su tarea. Yo tomé un baño y me tiré en la cama a descansar un rato. Como una hora después Karen me buscó para que fuera a cenar.<br />
La cena fue divertida, Rosario, su amiga, era una mujer muy agradable, tenía unos 50 años y si bien no era muy bonita tenía algo que la hacía interesante. Terminamos de cenar y como estaba cansada, me despedí y retiré a dormir. Ellas se quedaron conversando y tomando unos jugos de frutas muy sabrosos que habían preparado.<br />
En la madrugada, sentí la mano de Karen que acariciaba mi espalda y me susurraba su amor al oído. Estaba realmente cansada, así que me limité a recibir la caricia, pero no giré para devolverla.</p>
<p>Unos días después, cuando volví a casa del trabajo, me sorprendió ver luz en la cocina, y que aparentemente no hubiera nadie en casa. Subí a ducharme y cuando salí del baño, escuché susurros en el living. Me acerqué y vi lo que nunca hubiera pensado ver: Rosario susurraba cosas en el oído de Karen, mientras trataba de abrirle la camisa.<br />
Karen se resistió al principio, se mostraba incómoda con las caricias, pero no hacía nada demasiado drástico que detuviera la actitud conquistadora de la otra.<br />
Finalmente, consiguió su objetivo, desnudó el pecho de mi mujer, miró sus tetas dulces y enormes, la miró a los ojos y se besaron con lujuria.<br />
Yo seguía parada en el pasillo detrás de unas cortinas y no podía moverme, quería ver hasta donde llegarían. Rosario se quitó la remera que traía y mostró sus senos pequeños y flácidos, Karen los tomó entre sus manos y jugó con sus pezones hasta que los puso duros. Luego Rosario le ofreció su sexo y Karen lo estimuló hasta que la hizo llegar al clímax.<br />
En ese momento, decidí volver al cuarto y ellas se dieron cuenta de mi presencia. Al instante, Karen entró al dormitorio y no sabía que decir, más que &#8220;perdóname, por favor&#8221;Tuvimos una discusión muy fuerte, me fui de casa durante una semana, hasta que fue a buscarme para decirme que si no la perdonaba se volvía a Paraguay.</p>
<p>Clara &#8211; quiero que me digas ¿por qué? ¿Qué sentiste cuando sostuviste entre tus manos esas tetas horribles?. ¿Cuando tocaste su culo lánguido?Karen &#8211; ya no recuerdes eso, por favor. Fue un momento de debilidad, ella me sedujo con su forma de ser, ella es una mujer que no ha sido feliz. Hizo que recordara mi vida antes de conocerte.<br />
Clara &#8211; no sé que pensar, tú traicionaste mi confianza. Tuviste sexo con otra en nuestra casa, en el mismo lugar donde yo te entregué todo lo que soy. En el mismo lugar donde según tus palabras aprendiste a vivir.</p>
<p>Ella no sabía que decir, solo me abrazó e intentó besarme, pero no se lo permití. Volví a casa esa noche, pero no tuvimos intimidad por mucho tiempo. Mi cabeza no entendía porqué, había tenido esa necesidad de ser infiel, en un momento tan bueno de nuestra relación.<br />
Después de tanto tiempo sin sexo, y de no poder perdonar a Karen, me sentía a punto de explotar. Una amiga me recomendó un lugar para conocer gente nueva, y me esa noche me fui sola, vestida con la ropa más provocativa que tenía.</p>
<p>Tomé unas copas en la barra, hasta que se me acercó una pareja, dos mujeres de más de 50 años, que me invitaron a su mesa. Acepté sin pensarlo, conversamos para conocernos un poco y a medida que avanzaba la noche se pusieron cada vez más atrevidas:</p>
<p>Veterana1 &#8211; sos muy linda, ¿no tenés novia?Clara &#8211; en este momento no.<br />
Veterana1 &#8211; le verdad nos gustaste desde que llegaste y te quisiéramos coger acá mismo.<br />
Veterana2 &#8211; (su mano tocando de lleno mi teta derecha), tenemos muchas ganas de oler una conchita fresca.</p>
<p>Esa noche, decididamente no iba a pensar en nada, solo quería coger y que me cogieran. Me convidaron con una pastillita de no sé que, pero que al ratito nomás me puso a mil. Salí del boliche con una de ellas de cada lado y subimos a su coche. Una de ellas se sentó atrás conmigo y me sobó la concha todo el camino, solo pretendía excitarme, pero sin llegar al clímax, yo restregaba mis senos, tan fuerte que se me abrió la camisa y asomó mi sostén de encaje. Nos besamos, duro, porque yo lo necesitaba, la veterana sabía besar muy bien.</p>
<p>Llegamos a una casa muy linda, me ayudaron a bajar del auto y me llevaron abrazada adentro. Fuimos directo al dormitorio, que tenía una cama enorme. Comencé a bailar aunque no había música, una de ellas me abrazó y me besó esta vez con dulzura.</p>
<p>Me desnudaron antes de que me diera cuenta, ellas se desnudaron mutuamente, se besaron y se masturbaron mutuamente mientras yo las observaba.</p>
<p>De pronto me miraron, como si me descubrieran haciendo una travesura, se abalanzaron sobre mi, empujándome sobre la cama. Ataron mis manos juntas a la cabecera de la cama y mientras una me untaba con un delicioso aceite cuyo aroma terminó de transportarme a otro mundo, la otra comenzó a olfatearme toda hasta que llegó a mi sexo. Lo exploró como si fuera la primera vez que veía un sexo de mujer. Podía sentir la punta de sus dedos, separando mis labios, rozando el clítoris, abriendo la entrada a la vagina, sentí su dedo en mi interior y luego su dedo en mi ano. Nunca me había dejado penetrar el ano, fue algo que siempre me impresionó, pero ya era tarde, la veterana metió su dedo sin pedir permiso. Fue una sensación extraña, pero no puedo decir que desagradable.<br />
Luego de un rato cambiaron lugares, y fue la otra mujer la que se ocupó de mi sexo.<br />
Yo no podía ver, pero sentí su lengua que me mojaba con su saliva caliente, escupió en mi concha y esparció la saliva como lubricante. Luego sentí como de un solo golpe me penetraba con algo largo y rugoso. Sentí que entraba hasta el fondo de mis entrañas, luego comenzó a girar y a vibrar. Comencé a gritar con desesperación y sus besos ahogaban los gritos. El placer era indescriptible, pues la otra no dejaba de estimular cada rincón de mi cuerpo con sus manos aceitosas y su lengua caliente. Nunca me había besado tan hábilmente.</p>
<p>Les tuve que rogar que se detuvieran, porque mi cuerpo y mi cabeza estaban totalmente fuera de control. Después de unos momentos, en que me dejaron descansar y comenzaron a besarse y tocarse, creo que me dormí, pero tuve unos sueños altamente eróticos. Al despertar, una de ellas me estaba acariciando y comenzó a besarme ni bien abrí los ojos.</p>
<p>Veterana1 &#8211; eres la mejor hembra que hemos compartido. Te excitas con solo mirarte y te entregas como si fuera la última vez. Quisiera que nos siguiéramos viendo, solo para coger claro está, nosotras vivimos juntas desde hace años y no queremos otra intromisión que no sea sexual.</p>
<p>Yo no podía pensar, sus caricias, el tono de su voz y la resaca no me lo permitían. La mujer se acostó y abrió sus piernas, sus manos empujaron mi cabeza hacia su sexo, de color oscuro, y con vello escaso. Tenía un aroma muy dulce, y comencé a lamer, succionar y besar. Ella tomaba sus senos, estimulando con caricias y mordiscos. Comenzó a gemir con tanta intensidad que la otra se despertó y nos miraba complacida.</p>
<p>Sonó mi teléfono, y quebró el clima. No atendí la primera vez, pero insistieron. Era Karen, que quería saber dónde y con quién estaba. No le contesté, corté y apagué el aparato.</p>
<p>Pero ya no pude continuar, me vestí y volví a casa, a prepararme para ir a trabajar.<br />
La pareja me citó para vernos de nuevo, esa noche en el mismo lugar. Fui y esta vez la pastilla estaba en la bebida y no me di cuenta. Esta vez no fuimos a su casa, fuimos a otro club, pero privado. Había parejas masculinas y femeninas.<br />
Nos sentamos en un rincón del salón y una de ellas se arrodilló frente a mí, subió mi falda y bajó mi braga. Me besaba los muslos, y obedeciendo el estímulo se abrieron a las caricias. Me hizo retorcer de placer, tanto que casi caigo al suelo. La otra nos miraba y jugaba con sus tetas. Me pusieron de pie y me quitaron la falda, de manera que de la cintura para abajo, yo estaba desnuda. Comenzamos a bailar, uno se abrazó a mi frente y la otra a la espalda.<br />
Así estuvimos unos 15 minutos, hasta que mis piernas no resistieron y tuvieron que sostenerme para no caer. Me llevaron otra vez a la mesa, me cubrieron y volvieron a bailar solas.</p>
<p>No sé cuanto tiempo estuve allí, pero cuando desperté ya estábamos en su auto, rumbo nuevamente a su cama.<br />
No recuerdo si esa noche hicimos o me hicieron algo más, pues creo que me desmayé al llegar.</p>
<p>Después de esa noche no volví a verlas.<br />
Después de un par de semanas, Karen y yo nos dimos cuenta de que ya no podíamos volver a confiar la una en la otra, así que nos separamos.<br />
Espero haber aprendido algo, después de tanta locura y desenfreno.</p>
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		<title>La Trampa II</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Apr 2006 13:29:24 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>
		<category><![CDATA[sadomaso]]></category>

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		<description><![CDATA[Agarrándote el culo con las manos, te empiezo a follar fuerte, sintiendo en cada una de mis embestidas mis huevos venir a tocar las pinzas que tienes puestas y provocando que tu boca venga a meterse más adentro de la raja de Cora. 
 
Oigo el relato de los hechos y, sintiendo la ira poseerme, no puedo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Agarrándote el culo con las manos, te empiezo a follar fuerte, sintiendo en cada una de mis embestidas mis huevos venir a tocar las pinzas que tienes puestas y provocando que tu boca venga a meterse más adentro de la raja de Cora. </p>
<p> </p>
<p>Oigo el relato de los hechos y, sintiendo la ira poseerme, no puedo evitar soltarte un violento bofetón. Caes de espaldas y tu cabeza golpea contra la pared. Quedas tirada e inmóvil en el suelo, lloriqueando. Me has defraudado, sucia perra. Una vez más.<span id="more-204"></span> Estúpida furcia desobediente. Me has insultado. Incluso en algo tan sencillo e inocente fallaste estrepitosamente. ¿Tan difícil era cumplir tu misión? Simplemente tenías que subir a un autobús, frotar tu vicioso coño penetrado por las bolas (¡que tan generosamente te regalé!), y excitarte con las miradas cargadas de deseo a tu alrededor hasta tener un orgasmo, vivir esa pequeña fantasía y luego venir a contármelo.</p>
<p>Nos habríamos excitado juntos con tus palabras y habríamos follado. Habría chupado tus tiernos pezones, comido el coño de esa manera tan intensa y profunda que tanto te gusta, mamando y chupándote el clítoris hasta hacer correrte gritando de placer, mientras tú me comías el rabo hasta los huevos, poniéndomelo bien duro, para seguidamente haberte taladrado el coño fuerte, cogiéndote desde atrás, como a una perra, de esa manera que tan fuertes y seguidos orgasmos te provoca. Luego me habría corrido sobre tu carita de furcia y visto resbalar sobre ella mi leche mientras tú la empujas con los dedos hacia tu boca para comerla. Pero no. Tú tenías que mamarle la polla al primer puerco que se te puso a tiro. ¡Incluso tragarte su repugnante esperma! Tenías que provocar a todos los tíos a tu alrededor, como la más guarra de todas las putas. Y dejarte follar por todos tus agujeros como la más perra de todas las rameras. En un autobús repleto de gente, un entorno en el que te hubiera sido fácil negarte y obtener ayuda en caso de no haberte podido defender por ti misma. ¿Era tu intención humillarme? Estoy seguro que si, que la idea de tragarte esas pollas y sentirlas penetrar tu vicioso cuerpo, sabiendo que era algo que no debías permitir, que yo no deseaba que ocurriera, excitó más tu morboso deseo de puta rastrera. ¿Qué voy a tener que hacer contigo? Cuando pienso en los proyectos que ya empezaba a preparar para ti, para nosotros, me doy cuenta de lo ridículamente tierno y generoso que me mostré siempre contigo. Ya veo cual es el pago que recibo por mi clemencia y delicadeza. Pero eso se va a terminar. Se acabó. Vas a ser castigada. Como te advertí. Tratada con la dureza que una furcia indisciplinada como tú merece. Prepárate a pagar.</p>
<p>Pronto conocerás y cumplirás tu castigo.<br />
- Pido clemencia, por favor, mi Señor. ¡Pido clemencia!No pude defenderme, pensé que si gritaba en acostumbrada a hacerlo. Pido, Señor, que reconsidere mi situación, deseo que mi castigo sea lo más leve posible, pero en caso que usted, sabiamente, considere que soy merecedora del más cruel de los castigos, le pido encarecidamente tener la oportunidad de seguir siendo su sumisa, su sometida, su esclava, y que me de otra oportunidad de merecerlo. Y que su alma tan generosa y noble siga intentando de hacer de una necia como yo la más fiel de las putas para satisfacer sus deseos. Nada más, mi señor, pido clemencia y que tenga piedad de mi.</p>
<p>Ya ultimé todos los detalles y está todo listo para hacerte pagar por tu despreciable e insultante comportamiento. Te llamo&#8230;</p>
<p>- Vístete completamente de negro. Ven inmediatamente y espérame delante de la puerta de mi cochera. Repito: ¡inmediatamente! Obedece, furcia.<br />
Te encuentro 10 minutos más tarde esperándome en el sitio indicado. Cuando me voy acercando a ti me miras, una pequeña sonrisa se insinúa en tus labios y tus manos se juntan y frotan nerviosas.</p>
<p>- Estúpida puta indisciplinada, ¡baja la mirada! Te grito- ¿Cómo te atreves a mirarme con ese descaro?Saco de un bolsillo un pañuelo negro y te vendó los ojos, asegurándome que no puedes ver nada. Abro el maletero de mi coche y te empujo dentro. Gimoteas y un tímido &#8220;no, no&#038;&#8221; se escapa de tus labios.</p>
<p>- No t e muevas, no grites, no hagas nada hasta que venga a sacarte de aquí. Si oigo el más mínimo ruido te amordazaré y ataré.<br />
Me pongo al volante. A esta hora hay poco tráfico y puedo cruzar la cuidad en apenas media hora. Al llegar a nuestro destino te hago salir del maletero y te guío, puesto que sigues con los ojos vendados, tirándote del brazo hasta unas escaleras que descendemos. Tras bajar los 9 peldaños empujó una puerta y entramos. Andamos unos cuantos metros y abro otra puerta, la cruzamos y llegamos al que es nuestro destino final.<br />
- Ya llegamos. ¿Cómo que dónde estamos? No empieces ya con tus impertinentes preguntas. Estamos en el lugar más indicado para una furcia como tú. Estamos en una auténtica casa de putas, en un burdel. Vamos a empezar por ponernos cómodos y esperar. Pronto tendremos visita. Sigues con los ojos vendados. Te sientes perdida y te noto algo temerosa. Oigo que no puedes retener otra pregunta&#038; &#8220;¿Visita?&#8221; &#8211; Si, mi pequeña zorra, tendremos visita y, como ya veo que intuyes, esa visita forma parte de tu castigo. Me imagino que te preguntas quién nos va a visitar. Quizás temas (o, ¿desees?) que te vaya a entregar a todos los hombres que se encuentran arriba, en el bar del prostíbulo, dejándose desplumar por las rameras a base de pagar copas, medio borrachos y desesperados por follar alguna de esas furcias. ¿Te imaginas que vas a tener todas esas pollas para ti? ¿Crees que va a consistir en eso tu castigo? Sabiendo lo puta que eres supongo que sí. Ya se te mojó el coño imaginando algo así, ¿verdad? Déjame ver&#038;Te quito a tirones la ropa y quedas solo en tanguita y sujetador negros. Te llevo de un empujón hacia una rústica mesa, grande y sólida, que se encuentra en el centro de la habitación y te hago inclinarte sobre ella, hasta que tu cabeza queda pegada al tablero. Separo el hilito del tanga de tu rajita y compruebo, metiendo los dedos por ella, que tu coño, como sospechaba, ya está húmedo de deseo. Lo penetro con un dedo y lo muevo dentro de ti, empujándolo hasta el fondo y con un movimiento circular. Tú gimes de placer y yo siento que mi polla comienza a engordar dentro de mi pantalón de cuero negro. ¡Pero no hemos venido hasta aquí solo para que te pajee el coño! Se supone que has de ser castigada y así va a ser.</p>
<p>Saco algunos obj recuerdas?Separo tus piernas y ato cada uno de tus tobillos a una pata de la mesa con una correa. Por último, te arranco el tanga, desgarrándolo, y te coloco dos pincitas metálicas, unidas por una cadenita, mordiéndote los labios del coño. Te quejas y debates como una perra dolida.</p>
<p>- Sé que las pincitas aprietan y su mordisco duele te digo tirándome sobre ti, aplastando tu delgado cuerpo con todo mi peso y colocando m i boca pegada a tu oído- pero te recomiendo no quejarte más, aguantar y calmarte, no agraves tu caso. ¿Ves lo que ocurre cuando se es una maldita furcia indisciplinada y se incumplen los deseos de su Amo? Te advertí que si me desobedecías me enfadaría mucho y tú, a pesar de eso, me insultaste con tu sucio comportamiento de ramera barriobajera. Recordar ese comportamiento reaviva mi cólera y comienzo a azotarte el culo. Con fuertes palmadas que golpean la blanquita y delicada piel de tu lindo trasero, haciéndola pasar a un intenso color rojo. Las palmadas, que resuenan en la habitación, actúan como una llamada, ya que al cabo de unos minutos se oye la puerta abrir. Apenas ceso de azotarte unos segundos y continuo, dejando caer una nueva e intensa lluvia de azotes sobre tus nalgas, mientras nuestros visitantes entran y vienen a colocarse junto a nosotros. Sigo castigándote el trasero con dureza hasta que siento el brazo comenzar a cansarse y tus quejas y sollozos llenan la habitación. Cuando ceso de golpearte oyes una voz decir&#038; &#8211; ¿Es esta tu perra? ¿La pequeña furcia impertinente? Que joven es, parece una niña. 19 añitos, ¿no es así? ¡Que linda! Creo que aún estamos a tiempo de hacer de ella una buena puta disciplinada y respetuosa, una buena perrita. Quizás tan buena como la mía. ¿Viste? ¿Que te parece?Respondo, con sincera admiración, que es magnífica, que enseguida salta a la vista el excelente trabajo hecho sobre ella y la maravillosa esclava que se adivina que tiene que ser. Envidiable. Imagino que estás sorprendida, ¿verdad? No tanto por el hecho de comprender que nos visita otra pareja de Amo/sumisa, sino más bien porque la voz que escuchaste es&#038; ¡femenina! Porque en realidad son AMA y sumisa.</p>
<p>Así es. Te quito la venda de los ojos. Tras unos segundos vuelven a acostumbrarse a la luz y puedes vernos a todos, ya que estamos enfrente de ti, al otro extremo de la mesa. Junto a mi ves una mujer madura, de unos 45 años, tan alta como yo, con una impresionante melena rojiza, toda vestida de ajustado vinilo negro que marca su impresionante pecho y las suaves redondeces de su maduro, pero aún muy deseable cuerpo. Se trata de Cora, una vieja amiga mía y la propietaria de este burdel. Detrás de ella se oculta tímidamente su sumisa, una tierna jovencita de más o menos tu edad que Cora hace avanzar, para que puedas verla bien, dando un fuerte tirón de la correa de perro que rodea su cuello. Cora no aparta la mirada de ti. Se adivina deseo en esa mirada y eso, mi pequeña puta, no augura nada bueno para ti. Me tiende la correa de su sumisa y me pregunta, sin dejar de mirarte, si puede ocuparse un poquito de ti. Le respondo que por supuesto, que no dude en hacer contigo todo lo que desee. Agarro la correa de su perra y Cora me pide que se la vigile y me indica que, si me apetece, puedo jugar con ella. Tomo buena nota, ya que la joven sumisa se ve obediente y disciplinada y, además, está deliciosa, y mi excitación comienza a dispararse. Pero de momento prefiero ver que te tiene reservado mi amiga Cora, experta en adiestramiento de jóvenes furcias rebeldes como tú. Obligo a la joven perrita a arrodillarse y la mantengo con la correa corta, la cabeza muy cerca de mi polla, que se nota abultando en el pantalón, y colocándola de manera que pueda ver también el espectáculo. Co respirar.</p>
<p>- Puta niñata, aprende que has de contestar siempre cuando se te hace una pregunta. De hecho es la única situación en que se te permite expresarte estando en público, no lo olvides nunca, ¿entiendes?Vuelves a asentir, mientras lágrimas y mocos resbalan por tu cara, la cual se está poniendo de un preocupante color granate oscuro.</p>
<p>- ¿Te gustaría que te sacara la mordaza? Podrías respirar mejor, ¿quieres?De nuevo indicas que si con la cabeza. También yo me empezaba a preocupar de ver el color que tomaba tu cara, creo que te estabas asfixiando de verdad y admiro la capacidad y la experiencia de Cora para llevar el dolor y el sufrimiento hasta su punto límite</p>
<p>Una vez sin la pelota en la boca puedes respirar mejor y recuperas poco a poco tu color natural al proporcionar a tu cuerpo el oxígeno necesario. Gimes y lloriqueas, y Cora limpia tu cara con una toalla que saca de un pequeño armario y acaricia tu cabecita casi con ternura. Mientras hace esto veo que se frota el coño contra el canto de la mesa y adivino que está muy excitada. Vuelve a acercarse a tu oído y te dice suavemente&#038; &#8211; Otra cosa que nunca debes olvidar es que has de ser agradecida cuando se te conceda algún favor. Te voy a dar la oportunidad de demostrarme lo agradecida que me estás por haberte sacado esa mordaza de la boca.<br />
Entonces sube a la mesa, se levanta la ajustada y corta falda hasta la cintura y se coloca justo frente a tu carita, con las piernas abiertas, colocando una a cada lado de ti.<br />
-Vas a comerme el coño como una puerca hambrienta, hasta que me hagas correr sobre tu cara. Aplícate, zorra, quiero sentir tu lengua hurgarme bien el coño o te volveré a colocar la mordaza y te azotaré hasta hacerte asfixiar y ahogarte en tus propios mocos.<br />
Y, agarrando tu pelo de un puñado, empuja tu cabeza y aprieta tu boca sobre su coño abierto, que tú comienzas a lamer. Yo me desplazo, tirando de la correa de la sumisa, para ver mejor como te comes ese coño de vieja puta y la cara de placer de Cora. Veo tu cabeza hundida entre los muslos separados de la mujer y oigo el mojado ruido de succión que tu boca produce mientras chupas y lames el empapado coño. La escena me excita tanto que me abro el pantalón y dejo libre mi pene. Tiro de la correa y obligo a la sumisa a meterse mi rabo dentro de la boca.</p>
<p>- Mámame la polla, pequeña ramera, mmmmm, así, chúpamela, siiii, ahhhhhhhh.<br />
Mientras la sumisa me chupa la verga te acaricio el coño con un dedo, haciéndolo resbalar por entre tus labios mordidos por las pincitas. Estás mojada, excitada, y sentir tu coñito húmedo y lubricado enciende mi deseo. Cuando la tierna perra de Cora me acaba de poner la polla bien tiesa y dura con su mamada, saco la polla de su boca para venir a metértela en el coño. Y, agarrándote el culo con las manos, te empiezo a follar fuerte, sintiendo en cada una de mis embestidas mis huevos venir a tocar las pinzas que sigues teniendo puestas y provocando que tu boca venga a meterse más adentro de la raja de Cora que ya, por los fuertes gemidos que emite, está para correrse.</p>
<p>Finalmente, apretando con fuerza tu cabeza contra su coño, lanza un fuerte bufido e inicia un movimiento rápido y convulsivo de cadera contra ti, como si quisiera meterte toda entera dentro de su sexo, abandonándose completamente a su vicioso placer, hasta tal punto que se le escapa un sonoro y largo pedo, el cual imagino que, por tu postura, te debes de haber comido entero, mi pequeña cerda, y grita su placer&#038; &#8211; Siiii furcia, ahhhhhhhh, cómemelo, perra, siiiiiiii, méteme la lengua entera, ahhhhh, me corro en tu cara, guarra, ohhhhhhh&#8221;.<br />
Al mismo tiempo noto que también tú te corres con las furiosas embestidas de mi rab dice no muy convencida.<br />
Le contesto que aún quiero culminar tu castigo con algo que tenía pensado y que le comento. Será la guinda sobre el pastel. Ella se muestra de acuerdo y se aleja de mí con una maliciosa sonrisa cómplice en sus labios en dirección del armario. Tras sacar de él un objeto, chasquea los dedos y su sumisa, hasta ese momento totalmente inmóvil, corre a su lado. Cora la acompaña tirando de la correa de perro hasta ti y le ordena desnudarse. Ella responde, muy tímidamente, y dejando oír por primera vez su dulce vocecita&#038; &#8220;Si, Madame&#8221;. Cora la contempla con admiración mientras se desnuda. Es evidente que la vieja puta está muy satisfecha y (¿enamorada?) babea de deseo por su joven sumisa. No puede retener las ganas de apretarle los pechos y chuparle y morderle los pezones. Le hace subir sobre la mesa, apenas a unos centímetros de ti y, colocándola a cuatro patas, le lame y penetra el culo con la lengua. Tú no pierdes detalle de la escena y Cora, al percibirse, continúa penetrando el culito de la joven con un dedo, bruscamente, metiéndolo bastante profundo, y te pregunta: &#8211; Dime puta, ¿te excita ver el culo de mi perrita lamido y penetrado?Tú respondes un simple&#038; &#8220;Si&#8221;.<br />
- Estupendo -responde Cora- admira entonces el espectáculo.</p>
<p>En ese momento yo me acerco a la mesa, subo a ella arrodillado detrás de la sumisa y comienzo a frotar mi semi erecta polla contra su dulce culito. Cora os ordena a las dos sumisas besaros, que os comáis la lengua la una a la otra. Vosotras obedecéis al instante y comenzáis a devorar vuestras lenguas. Seguís así un rato, concentradas únicamente en vuestro lúbrico beso, que ambas parecéis apreciar ya que gemís y empezáis a mover sensualmente vuestros cuerpos de putitas viciosas. Mientras tanto y ante el espectáculo, mi polla vuelve a ponerse dura y lista para taladrar el culito de la linda perrita que tengo delante, postrada a cuatro patas y gimiendo de deseo como una furcia en celo. Y Cora ha venido a colocarse detrás de ti. Tú no la has podido ver prepararse, ocupada en comerle la lengua a la otra perra, pero la vieja zorra se ha colocado el objeto que sacó del pequeño armario, un cinturón con un enorme consolador en la parte delantera. Ambos estamos preparados y cuando Cora me hace un signo con la cabeza, os penetramos el culo a las dos, fuerte, de golpe, al mismo tiempo, yo sodomisando la perrita y Cora follándote a ti, con el consolador perfectamente acoplado en su cintura. A la sorpresa sigue el dolor, abandonáis vuestro beso y levantáis las cabezas lanzando un&#038; &#8220;Aaaahhhhh&#8221;, mezcla de sorpresa y dolor. Gritas y suplicas a Cora que se detenga. Te debates y veo que de nuevo las lágrimas corren por tu cara. Es cierto que Cora te ha introducido un enorme rabo de plástico en el culo, sin ni siquiera lubricarlo con gel, y te lo mete y mueve sin compasión ni delicadeza. Me miras como suplicando clemencia, o esperando mí ayuda mientras que yo, al tiempo que sodomizo la joven perra de Cora, que por cierto parece empezar a disfrutar mucho con mi polla, te digo&#038; &#8211; ¿Ves, putita? Te gusta humillarme, ¿verdad? Te gusta ir por ahí a buscar pollas y que te las vayan metiendo, furcia rabalera, desobedeciendo mis órdenes, ¿no es así? Pues ahora paga, sufre.<br />
Seguimos así, rompiéndoos el culo, un buen rato. Tú no pareces experimentar aún mucho placer, más bien dolor, pero la zorra que estoy enculando gime como una gata en celo y mira suplicante a su ama, la cual, condescendiente y en recompensa a su impecable comportamiento durante toda la sesión, la autoriza a abandonarse y dejarse llevar al placer hasta llegar al orgasmo. Un orgasmo intenso y fuerte que le llega pronto, tras unas cuan la tuya para después compartirla contigo al meterte la lengua en la boquita. De nuevo necesitamos dejar pasar unos minutos para recuperar la conciencia tras la intensidad de nuestro placer. Después nos vestimos todos (salvo tú, claro) y Cora sale de la habitación tirando de la correa de su sumisa sin decir nada, sin una palabra de despedida.</p>
<p>Te libero de todas tus ataduras y te ordeno recoger tus ropas, que se encuentran tiradas por el suelo en un rincón de la habitación, y vestirte. Cuando terminas vuelvo a vendarte los ojos y abandonamos el local.<br />
Cuando salimos a la calle ya está bien entrada la noche y hace frío. Vuelvo a introducirte en el maletero del coche y emprendo el viaje de regreso a mi casa. Al llegar y dejarte salir te digo a modo de despedida… &#8211; Lo de hoy no fue más que un pequeño aviso. Espero que hayas aprendido la lección y a partir de ahora cumplas a rajatabla todas las órdenes que te dé. De lo contrario, la próxima vez, recibirás un auténtico castigo que no olvidarás en toda tu vida. Ahora regresa a tu casa y lávate. Das asco de ver, estás despeinada, tu cara asquerosamente sucia y apestas a puta.</p>
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		<title>El diablo con media de seda</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Apr 2006 21:06:48 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>

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		<description><![CDATA[Carlos y Eva son los protagonistas de este relato. Ambos se conocieron en una sección de contactos de Internet.
Ella pedía una relación puntual con un hombre de no más de 40, evocando la poca actividad sexual de su vigente matrimonio y también para satisfacer algunas fantasías morbosas e inconfesables no compartidas con su pareja. Eva, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Carlos y Eva son los protagonistas de este relato. Ambos se conocieron en una sección de contactos de Internet.<br />
Ella pedía una relación puntual con un hombre de no más de 40, evocando la poca actividad sexual de su vigente matrimonio y también para satisfacer algunas fantasías morbosas e inconfesables no compartidas con su pareja. Eva, con 29 años, se definía como poco simpática por falta de ejercicio, de mediana estatura, rubia, delgada, ordenada, limpia, sana y muy prudente con su salud y responsabilidades. Pedía una cita a ciegas de resolución inmediata (aquí te pillo, aquí te mato)&#8230; si el contacto la convencía. <span id="more-198"></span><br />
Carlos se aventuró a responder a aquella solicitud aunque por sus 41 años pensó&#8230; &#8216;Ni me contestará&#8217;. Pero sí; y una vez establecido el contacto electrónico, le contó hallarse en la misma situación de &#8220;nogracia&#8221; en su matrimonio y como la rutina terminó con la pasión y la frescura de su vida sexual. Sabía que sus fantasías jamás tendrían correspondencia y por ello que inició búsquedas en secciones de contactos de Internet. Se definía como un caballero bien educado, respetuoso, de nivel social y cultural medio-alto, no simpático pero ni mucho menos serio, limpio, sano, de mediana estatura, moreno y con algunos kilos de más. Sin considerarse guapo ni atractivo, se manifestaba capaz de explotar sus mejores cualidades ante una dama.</p>
<p>Esto último gustó a Eva. Ella le solicitó una foto de cuerpo entero (no necesariamente desnudo &#8211; al menos no del todo: en bañador serviría-), si acaso sin rostro (como así fue finalmente). Contra la respuesta de una cuestionario personal en referencia a su carácter y costumbres, Eva le envió una foto suya, vestida y con el rostro borrado. Eva no esperó el acepto de Carlos: siguió adelante y pasó a plantearle la logística y el protocolo del encuentro.</p>
<p>Tras fijar de común acuerdo una fecha y hora, ella se encargaría de determinar el lugar, reservando habitación en un hotel: se lo notificaría con antelación. Deberían citarse en un bar, o en el bar del hotel, a priori solo para tomar una copa (pero ella dejaba claro que no pensaba indicar si el bar del Hotel sería el del mismo Hotel reservado). Existiría un código de identificación y otro de conducta:</p>
<p>1.- Identificación:<br />
- Ella llevaría broche con una rosa dorada en la solapa y vestiría blusa amarilla, chaquetilla y falda marrón, con medias rojas y tacón alto. A solicitud de él, se haría una trenza en el pelo. Llevaría un pequeño bolso gris con una enorme hebilla plateada.<br />
- Él vestiría traje azul, camisa blanca, corbata roja con unos dados como dibujo, llevaría un pin plateado en la solapa con un barquito de vela y pelo corto (moreno). Solo llevaría una agenda marrón como objeto personal.<br />
2.- Conducta:<br />
- Al llegar al bar, cada uno solicitaría algo que tomar. Si uno reconociera al otro, dejaría un paquete de tabaco sobre el bolso o agenda y junto a su consumición. Desde el momento en que uno u otro se diera por identificado (por la cajetilla de tabaco), debían esperar 5 minutos antes de tratar de dirigirse la palabra o presentarse. Ello daba tiempo a que si uno de los dos se arrepentía del encuentro, pudiera &#8220;escapar&#8221; a la cita, de forma elegante y discreta.<br />
- En cualquier caso y si uno de los dos estuviera acompañado, el otro no interferiría ni trataría de presentarse.<br />
- Si cualquiera de los dos se saltaba el protocolo, el otro podría declinar la cita y &#8220;escapar&#8221;.<br />
Carlos aceptó de buena gana y propuso varias fechas posibles.<br />
Ella contestó a las pocas horas aceptando una de las fechas, lo cual él confirmó. El día previsto y la hora en punto, estaban los dos sentaditos en sendas mesas del bar del Hotel Plaza de Madrid. Les costó poco identificarse: el código ideado por Eva era tan ordenado y pulcro que daba poca opción a error. Eva no era fumadora, dejó un paquete de Marlboro por estrenar sobre su bolso en la mesa, mientras tomaba un café.<br />
Carlos solo entrar en el bar ya se fijó en ella. Al momento se congratuló de identificarla con su cita, pero se comportó con toda naturalidad y la discreción solicitada esperando el tiempo oportuno.</p>
<p>Finalmente y tras un repaso ocular mutuo, él se decidió a presentarse y Eva le rogó amablemente que se sentara en su mesa. Confesó haberle identificado con solo entrar en el bar y le agradeció su respeto al código por ella impuesto. Hablaron de diversas banalidades hasta ir llegando a aspectos concretos, sobre sus respectivas ocupaciones laborales, aunque nunca dieron nombres específicos ni más allá de los de pila, ni de sus respectivas empresas, con lo que mantuvieron una correcta complicidad alimentando el misterio y la morbosidad del anonimato para el tipo de encuentro.<br />
Carlos no mostró ninguna prisa por precipitar los acontecimientos, lo que a ella le dio tranquilidad para ir conociéndole, aunque limitadamente, hasta que creyó oportuno proponerle de subir a su habitación a tomar otra copa, a lo que él accedió rápidamente.</p>
<p>Dado que el Hotel estaba lleno debido a una convención local y por la prudencia de evitar un encuentro casual no deseado con un tercero, ella le pidió que esperara 2 minutos antes de subir. Así se hizo, de forma que subieron en ascensores distintos.<br />
Cuando él llamó a la puerta esta se abrió de inmediato como articulada por un dispositivo automático de forma que él entró sin verla: estaba detrás de la puerta, representando todo el sigilo de que era capaz y evitando ser vista desde fuera de la habitación. Su excitación empezaba a aflorar y se quedó un momento dubitativa mostrando una leve sonrisa. Él aprovechó para tomar la iniciativa y se acercó para provocar el primer contacto cuerpo a cuerpo, pero ella no quería perder el control de la situación; si acaso no aún: estaban en &#8220;su&#8221; hotel y por tanto en &#8220;su&#8221; terreno. Se escabulló de lo que aún no era ni un abrazo y pasó al &#8220;contraataque&#8221;:</p>
<p>- Por favor, pasa al baño y lávate los dientes. Ahí tienes un cepillo. Yo mientras te preparo una copa. ¿Quieres un whisky? -.<br />
- Sí. Gracias.- contestó él. Vuelvo en un minuto -. Y cerró la puerta tras de sí.<br />
- ¡¡ No te olvides de hacer pipí !! &#8211; gritó a través de la puerta. Ella necesitaba evocar su condición dominante. No era su estilo, pero creía que por el anonimato del caso debía mantener dicha postura hasta conocer mejor las reacciones de él&#8230; y si podía existir algún conato de incidente, mejor pronto que tarde.</p>
<p>Trató de relajarse. No se trataba de provocar una crisis antes de empezar, quería evitar una situación crítica pero no pensaba &#8220;dejarse llevar&#8221;. La excitación seguía creciendo. Preparó la copa midiendo sus movimientos y aún así estuvo a punto de echar el hielo por encima del escritorio. Para ella preparó lo mismo, pero se apresuró a tomar un trago de serenidad sin ser vista. Echó una ojeada a la habitación y apagó la luz techo. Reparó en que aquella lámpara colgante en forma de araña era verdaderamente horrible, no pegaba en aquella decoración y quedaba demasiado baja: hasta ella, sin ser alta, llegaba con facilidad a tocarla. Menos mal que estaba situada prácticamente sobre el colchón. Luego encendió los dos apliques junto a las mesitas de noche en la cabecera de la cama y encendió también la lámpara de la mesa escritorio en la pared opuesta. Ahora la luz ambiental era correcta y sin deslumbrar, podrían verse bien las caras&#8230; y todo lo demás. A ella le encantaba mirar&#8230;<br />
Luego se contempló en el espejo situado sobre el escritorio y se retocó el pelo.</p>
<p>- No te pongas nerviosa &#8211; se dijo, &#8211; Parece buen tipo, de carácter sano y con las ideas claras sobre esto. Es suficiente para lo que quiero y creo que él está tan nervioso y excitado como yo. Ya me conviene -.<br />
No se había quitado aún la chaqueta y pensó que ni le había propuesto a él de colgar su americana.<br />
- Bueno &#8211; pensó &#8211; supongo que se la habrá quitado en el lavabo. Igual la deja colgada allí -.<br />
Él salió del lavabo aún con la americana puesta y ella se apresuró a seguir con el marcaje.<br />
- ¿Has hecho pis? -. dijo.<br />
Ya se estaba pasando, tanto control se acercaba a la neurosis.<br />
- No tengo ganas. Gracias. ¿Y tú? Te advierto que la lluvia dorada no es lo mío -. Ahora él estaba algo más serio, y a punto para el contraataque dialéctico que ella parecía estar buscando.</p>
<p>Ella entendió que debía calmarse y calmarle, así que mostró la mejor de sus sonrisas, tomó las dos copas y se acercó a él.<br />
- Disculpa, no te he preguntado si querías ponerte cómodo, ¿Me das tu americana y la cuelgo? ¿O te la dejas puesta? A mí me encantan los hombres con traje&#8230; -. Otra vez los nervios la estaban traicionando.<br />
Él tomó la copa, la miró serenamente y brindó.<br />
- ¡ Salud! &#8211; dijo él.<br />
- ¡ Salud! -.<br />
Se acercó a él y le dio un besito en los labios.<br />
- Ahora se terminó la conversación. &#8211; dijo ella.<br />
- A partir de este momento solo acepto monosílabos&#8230; o gemidos -.<br />
- Hueles de maravilla &#8211; contestó Carlos.<br />
- No te distraigas, he dicho monosílabos o gemidos, Carlos. -. Puntualizó ella &#8211; Por ejemplo, &#8216;huéleme&#8217; es un monosílabo. -.<br />
- Ok. Huélote -. respondió.</p>
<p>Sin soltar la copa la abrazó como bailando y paseó sus labios desde su cuello hasta la oreja respirando su perfume. Luego se dirigió a su boca, le devolvió el besito de cortesía y se separó un momento para contemplarla de arriba a abajo, mientras aprovechaba para dejar la copa en el escritorio. Acto seguido flexionó las piernas frente a ella hasta situar su frente a la altura de sus caderas. Trataba de no dejar de mirarla a los ojos cuando empezó a presionar su nariz contra su pubis.</p>
<p>Ella le seguía con la vista, pero tardó un instante en distraerse cuando sus manos empezaron a recorrer sus piernas. Desde las pantorrillas hasta sus nalgas, pasando por el lomo de sus muslos iba acariciando sus piernas por encima las medias y parando para insinuar un pellizco. Su nariz dejó de presionar su pubis para empezar a usarla para levantar la falda. Ella le ayudó a subirla y aprovechó para separar un poco las piernas. Él terminó de ponerse algo más cómodo arrodillándose ante ella. Ahora le agarraba las nalgas con ambas manos y su cabeza ya estaba totalmente bajo su falda. Con la lengua le estaba mojando las bragas justo donde empieza a dibujarse la rajita.<br />
Eva vestía unas braquitas blancas minúsculas, de las que cubren lo mínimo por delante y se convierten en un hilillo por detrás, pero suficientemente extensibles como para que él pudiera apartarlas sin demasiado problema&#8230; sin usar las manos.</p>
<p>Él estuvo unos instantes recorriendo sus labios y clítoris arriba y abajo con la lengua, mordisqueando todo y deteniendo sus acciones cuando ella se contorneaba o cuando gemía. En un momento ella había empezado a soltar el lubricante preciso para que él resbalara cíclicamente entre sus piernas. El ritmo de la respiración ya estaba llegando al punto en que uno comprende que la pasión está en el aire. La excitación aumentaba, pero aún no se atrevían a dejarse llevar. Alguna mirada fugaz delataba que la química estaba funcionando, en su lucha por romper el hielo y la falta de confianza: estaba claro que la pasión les envolvería y entonces deberían intervenir para evitar el asincronismo de su goce.</p>
<p>En un arrebato de genio, a los que uno recurre cuando vé que empieza a perder el &#8220;oremus&#8221;, ella le agarró de las orejas con las dos manos y le retiró de su entrepierna. Sonrió cuando vio la cara de sorpresa de él y pensó:</p>
<p>- Estará dudando entre si le voy a decir que se largue, o que lo hace fatal -.<br />
- Chsssst -. Le dijo mientras le tapaba la boca con la punta de su índice.<br />
- Levántate -.</p>
<p>Le empujó suavemente contra el escritorio y empezó a desabrocharle el cinturón. Él a su vez dirigió su mano hacia los botones de la chaquetilla de ella, pero Eva hizo un gesto para evitarlo y le miró diciendo no con la cabeza.</p>
<p>Él sonrió: ella quería mantener las riendas, pero ahora las formas eran otras y no le desagradaban.<br />
Tras el cinturón cayeron los pantalones. Ella se agachó y cogió el pene entre sus dientes a través de los calzoncillos. La cara de él tomo forma de entre interrogante y admiración. A ella se le escapó una leve carcajada, soltó la presa de entre sus fauces y le dio un succionador beso en una pierna empujando la rodilla para que la levantara un poco. Le quitó un zapato, luego el otro y finalmente los pantalones. Volvió a subir su mirada hacia él mientras le agarraba los calzoncillos por la cintura y empezaba a deslizarlos hacia abajo. Su pene se tambaleó en cuanto quedó libre. Tenía el capullo rojo de lujuria y ella lo besó en la punta y contempló unos instantes viendo como el bombeo de sangre lo balanceaba.</p>
<p>La excitación de Carlos había provocado que un poco de líquido transparente asomara por su verga; ella lo recogió con la puntita de su lengua y retirando su cabeza sin perder de vista el azul de sus ojos, permitió que el líquido colgara describiendo un arco entre su lengua y el miembro. Sonriendo se relamió como una gatita. Un fugaz relámpago pasó por las pupilas de Carlos.</p>
<p>- Quieto! &#8211; susurró nuevamente ella. Se separó de él, se puso bien la falda sin quitarle ojo de encima y poniendo una pierna sobre una silla empezó a quitarse lentamente una de las medias. La fue enrollando hasta llegar a sus zapatos de tacón alto, en forma tan sensual y elegante como supo. Se quitó la media pero volvió a calzarse.<br />
Aproximándosele mientras se contorneaba, fue desenrollando la media lentamente. Él la contemplaba apoyado contra el escritorio con las manos a ambos lados de su cuerpo, sin pantalones, sin calzoncillos, sin calcetines, sin zapatos, pero con la americana puesta, vistiendo corbata y, entre la camisa que se arrugaba sobre sus muslos, bajo el último botón, emergía su polla erecta apuntando al techo.<br />
Ella se acercó y sujetando la media entre sus manos en forma de cinta, la levantó hasta la altura de su boca como queriendo precintarla. Le tapó la boca con la media y acercando los labios a su mejilla le susurró:</p>
<p>- No te muevas Carlitos -.<br />
Retiró la media de su boca y ahora le besó tiernamente, repasando sus dientes con la lengua, mientras frotaba su vientre contra su polla. Siguió frotando su cuerpo contra el de él a la vez que le desvestía de la americana sin dejar de calentarle besando su cuello y orejas. Él ayudó sin rechistar. Luego ella se fue agachando hasta tener el pene ante sus ojos. Dejó la media sobre el miembro, dejando colgar los extremos a ambos lados y paseó su lengua desde los testículos hasta el glande. Se ocupó de su camisa, desabrochando algunos botones y volviendo a abrochar el inferior por detrás de la espalda de él. Ahora nada le privaría del espectáculo, a no ser, puntualmente, la indecisa corbata&#8230;<br />
Entonces resituó la media sobre el miembro y junto al pubis, tiró de ambos extremos, primero suavemente y luego con más fuerza, tensándola hacia abajo y la cruzó para aprisionar el miembro y los testículos a la vez, separándolos del resto del cuerpo. Aún con los dos extremos en la mano y tirando fuerte, cruzó de nuevo la media esta vez de atrás hacia delante, alrededor de los huevos y por la carne que los une al miembro. Cruzando por delante y haciendo un nudo simple pero fuerte, dejó lista la faena.<br />
Le miró a la cara. Él parecía algo desconcertado. Le tranquilizó con una sonrisa y un guiño y, separándole levemente del escritorio terminó de colocar los extremos colgantes de la media hacia detrás de su cuerpo, unidos y tirantes, colocándoselos en la raja de su apretado culo para que quedaran allí sujetos. Debido a la sorpresa del marinero ejercicio, la intensidad de su erección había disminuido sensiblemente. Ella se encargó de poner las cosas en su sitio con un eficaz ejercicio lingüístico alrededor del prepucio. Restablecido el ánimo, se incorporó. Carlos pensó que había llegado el momento de meter baza y mientras la sujetaba por la nalga con una mano, metió la otra por su escote tratando de liberar uno de sus pechos, pero Eva se resistió y susurró:<br />
- No. Termina lo que habías empezado.- Le tiró de la corbata para separarle del escritorio y se puso mirando al espejo, se subió algo la falda, se quitó las bragas y apoyando sus manos sobre la mesa separó las piernas y le señaló su sexo. El se arrodilló nuevamente, esta vez detrás de ella e inició una nueva sesión de besos y caricias en su entrepierna. Eva acercó la lamparita del escritorio hacia sí para que él tuviera una visión más clara del &#8220;pastel&#8221;&#8230; y para ella poder observarle. Eva estaba en la gloria. Aquel tipo tenía una lengua camaleónica y ella contemplaba a través del espejo su polla azulada. Su miembro, algo fláccido ahora, daba rítmicos tumbos a un lado y a otro, desconcertado.</p>
<p>En su ejercicio, él fue provocando una lubricación extrema en Eva: estaba totalmente mojada y si él no estuviera recogiendo toda su secreción, ésta andaría derramándose por sus piernas. Carlos empezó a ayudarse con la mano en su tarea y aprovechando la humedad absoluta de su compañera, empezó a jugar con su ano, primero repasándolo alternativamente con su lengua y luego empezando a empujar para introducir su dedo meñique que, como pan, mojaba en el clítoris. Estaba tan lubricada que la sorprendió la facilidad con que el dedito terminó dentro de su ano. Poco a poco Carlos fue haciendo partícipes de la visita a sus amigos anular, índice, corazón y finalmente el pulgar. Ella no dijo ni mu. Fue acompañando siempre rítmicamente el juego de su compañero contorsionándose para estimularle y estimularse, modificando su postura para ayudarle y flexionando sus piernas para permitir que pudiera llegar mejor, ya que él había terminado por sentarse en el suelo.</p>
<p>Cuando, como Pedro por su casa, el pulgar estuvo ya entrando y saliendo de su ensanchado culito, a la vez que el resto de los dedos paseaban distraídos por su clítoris, él metió el pulgar hasta el fondo. Eva soltó un gemido de&#8230; ¿sorpresa?, y Carlos, sin retirar el pulgar de su nuevo alojamiento, se puso de rodillas y girando un poco sobre sí mismo, doblegó a Eva lentamente arrodillándola a su lado mientras con la otra mano asiéndola por su trenza le metió su polla en la boca. Ella le echó una mirada de las que&#8230; entre matan y te perdonan la vida.</p>
<p>- Parecería que está tomando la iniciativa&#8230; &#8211; pensó -. Vamos, si agarrarme por el moño y meterme su polla en la boca no es tomar la iniciativa&#8230; y&#8230;. ¡ me encanta! -.<br />
Incrementaron el ritmo.<br />
La pasión estaba desatada. Ella gemía por la nariz y a él se le empezaron a escapar sus primeros Ah!&#8217;s.<br />
Ella, sosteniéndose a cuatro patas, no tenía libre ninguna mano para asir su verga, pero le gustaba como él dirigía su polla hacia su boca solo moviendo la cintura.<br />
- Abre la boca, &#8211; susurró él.<br />
Primero Eva no entendió:<br />
- ¿Que abra la boca?. ¡¡ Si tienes tu polla dentro!! &#8211; pensó. Luego comprendió y obedeció: Carlos fue frotando su glande contra sus labios, incisivos, muelas, paladar y hasta sus mejillas, nariz y mentón para volver de nuevo hacia su boca, con el miembro cada vez más morado, de venas hinchadas por la falta de circulación sanguínea (???). Bueno. No estaba claro qué ocurría, porque su capullo a punto de estallar no denotaba falta de riego sanguíneo&#8230; precisamente.</p>
<p>Cuando en su excitación él la penetraba demasiado a punto de ahogarla, ella respondía con un mordisco sostenido hasta que él gritaba de dolor&#8230; o retiraba su embite. De vez en cuando ella retrasaba su cabeza para tomar aliento y para relamerse de los jugos que ahora soltaba él. Notaba como a él le gustaba la escena. Sonreía como un niño cada vez que la veía con una gotita colgando de su lengua. Ahora él decidió liberarse de la camisa (de la corbata no pudo: no con una sola mano). Luego empezó con las prendas de ella, pero era imposible tal contorsionismo, así que tuvieron que parar y permitir que Eva se incorporara para desnudarse ella misma.</p>
<p>Mientras aún se quitaba el sujetador, estaban los dos de rodillas sobre la moqueta de la habitación, él con el pulgar en su recto y con los otros dedos de la misma mano jugando con su clítoris. Eva se llevó las manos a la espalda, se desabrochó el sujetador y fue a dejarlo caer, cuando se quedó petrificada con el sostén cubriéndole aún los senos: en la distracción tuvo un flash de lucidez y &#8220;control escénico&#8221; para acordarse de que&#8230; ¡¡ no había cerrado la puerta con llave!!. Giró la cabeza hacia la puerta, pero Carlos iba lanzado: con un ademán terminó de quitarle el sostén para ver sus erguidos pechos, y no reprimió sus ansias de estrujarlos. Ella volvió la cabeza y dijo: &#8211; Perdona&#8230; -, pero él le cortó:<br />
- Yo he cerrado la puerta.<br />
- y la besó apasionadamente en la boca.<br />
- Vamos a la cama -. Dijo él. Ella se echó sobre la cama bocarriba, sin pensar en nada preconcebido, la distracción de la puerta la aturdió por un momento. Justo el que él tardó en saltar de rodillas sobre cama, poner el cuerpo de Eva de perfil, levantarle la pierna, colocársela sobre el hombro y con un certero embite meter toda su polla en su vagina. Eva soltó un grito, ahogado por la exclamación de gusto de Carlos, que empezó con el ajetreo: iba sacando la polla completa a cada embite. Estaba más grande que nunca, y más que morada&#8230; oscura.</p>
<p>Eva estaba tan mojada y tan abierta que hubiera admitido una botella de Coca Cola de 2 litros por la base. En su lugar y entre embites Carlos paseaba su pulgar por su clítoris, empapándolo para volver a seducir su trasero. Pocos instantes bastaron para que ella tuviera de nuevo el pulgar de Carlos hurgando en sus entrañas por vía rectal, entrando y saliendo, queriendo a cada nuevo aliento llegar más lejos, más a fondo. Con la otra mano Carlos iba masajeando las preciosas, firmes y suaves tetas de Eva, hasta el momento censuradas, usando de vez en cuando sus pezones como el volumen de la radio.</p>
<p>Estuvieron así unos minutos, abandonados al ritmo, cruzando miradas entre observadoras, acusadoras, interrogativas y cómplices, cerrando los ojos y volviendo a agradecerse con la mirada el momento del que disfrutaban. Cuando parecía que los aulliditos que ella casi sollozaba se iban agudizando, como para prever que iba a terminar, él bajó el ritmo por unos instantes y luego la desmontó&#8230; justo en el momento en que ella suspiraba sonoramente.<br />
- Me he retirado tarde.- pensó Carlos. &#8211; Acaba de correrse&#8230; y yo estaba fuera -.<br />
Se incorporó al pié de la cama. La corbata le colgaba de una oreja. Ella había quedado tendida boca abajo sobre la cama, ojos cerrados, respiración sonora, con la pierna encogida y mostrando su peludita entrepierna, colmada por un hinchado y brillante coño, latiendo como un rosado corazón abierto. Era evidente que ella acababa de terminar: los pelos del pubis goteaban sobre la sábana. Mientras observaba el panorama iba cavilando la siguiente pose. La media roja colgando de su trasero sugería la imagen de una conejita PlayBoy.</p>
<p>- Has terminado? -. Balbuceó ella.<br />
Sin respuesta.<br />
La cama era de madera maciza. El lomo del pié de la cama era algo grueso, de cantos redondeados y quedaba a la altura del colchón, aunque en la parte central describía un arco que elevaba un poco la altura media. En dos zancadas se acercó al baño y al instante volvió con una toalla plegada. Ella seguía en babia. Puso la toalla sobre el lomo de la cama.</p>
<p>Agarró a Eva por los tobillos y la arrastró hasta que sus rodillas cayeron por el pié de cama quedando su vientre y pechos sobre la sábana y sus caderas sobre el lomo de madera. Se retiró un paso. Ahora, con el colchón lógicamente hundido por el peso del cuerpo, su culo se levantaba respingón: espléndida oferta. Tenía los brazos abiertos sobre el lecho, la cabeza descansaba sobre un costado y podía leerse una sonrisa estúpida en sus labios, sus piernas colgaban al pié de la cama sin que sus rodillas llegaran a apoyarse, pero mantenía sus zapatos de tacón sobre el suelo. Carlos pensó que poco rato en esa posición y le dolerían las caderas, así que fue a por una segunda toalla, la dobló bien y la dejó junto a sí para situarla más tarde.</p>
<p>Le pareció que ella no había hecho esfuerzo alguno para adivinar sus intenciones y pensó en castigarla. Eva seguía saboreando su recién celebrado orgasmo, así que él se arrodilló ante sus nalgas y empezó a acariciarlas y besarlas. Ella volvió de su éxtasis para acompañar sus caricias con gemidos que iba alargando según el repaso que Carlos daba a su piel, hasta que nuevamente se abandonó al goce de sus sentidos: ya no se esforzaba ni para gemir. Carlos trató de que pareciera el inicio de una sesión de masaje sobre su espalda, columna, riñones y nalgas, sin olvidar pasar suavemente por su coño. Durante el ejercicio de relajación aprovechó para levantarle las caderas y colocar la segunda toalla debajo. Terminó con el masaje: introdujo los dedos en su vagina para aprovisionarse de lubricante natural. Parecía mayonesa blanca. Se untó un par de veces el glande de su aún dura y ahora ya casi negra polla, se levantó tras su víctima aún tendida en su trance, y poniendo una pierna sobre la cama apuntó a su ano. Contó hasta cinco: meñique, anular, índice, corazón y pulgar&#8230; fueron los números. El sexto empezó postulándose con buenas artes, pero necesitó de la ayuda de dos números cinco en los flancos para convencer al portero. Solo un instante antes ella adivinó sus intenciones.</p>
<p>- ¡¡Burra!! &#8211; pensó &#8211; ¡¡¿Qué no te enteras?!! &#8211; Tensó los ojos como platos. Probablemente hubiera tenido tiempo de reaccionar, pero se sentía totalmente entregada, aletargada por su último orgasmo, el único en mucho tiempo, y su mente no estaba lo que se dice ágil&#8230;<br />
!!! &#8230;y llegó el obús.<br />
Eva gritó. Un aullido corto y seco&#8230; con la A y sin H. De los que se oyen en la habitación contigua. Sus manos se cerraron sobre la sábana. Carlos se detuvo. Miró su miembro y concluyó que había conseguido meter la mitad.<br />
- Me he pasao. &#8211; pensó &#8211; Yo no soy muy ducho en esto del griego, y claro&#8230; Hay que ir más despacio &#8211; se dijo mientras se miraba la polla, como si se lo contara. Se inclinó para ver la cara de Eva, tratando de no moverse. Observó como lentamente las pronunciadas arrugas de alrededor de sus apretados ojos se iban deshaciendo. Cuando el terso cutis de sus mejillas y párpados fue asomando, Carlos se tranquilizó, se movió suavemente, sin empujar, acompañándola, solo para recordarle que estaba allí, dentro de su culo y volvió a buscar su mirada. Ahora había abierto los ojos: los tenía en blanco.<br />
Carlos tomó posición sobre su posesión y empezó a cabalgar lentamente. Él también miraba hacia atrás pero sin girarse.</p>
<p>Estuvieron así varios minutos: al paso, con algún conato de trote. Eva ya no agudizaba: ahora resoplaba como una vieja yegua. Mantenía la boca abierta, para respirar mejor, y porque le parecía que en algún momento iba a asomar un capullo por ella.<br />
Carlos estaba absolutamente concentrado en sostener las caderas de Eva para que no se le escaparan, apretándolas contra la cama y trataba de reprimir unos secos sonidos ventriculares, a cada movimiento pendular.</p>
<p>Ella había vuelto a este mundo pero estaba para irse de nuevo. Regresó bruscamente cuando Carlos se decidió a terminar de empujar su verga hasta el fondo. Ahora ella abrió los ojos asustados y se preguntó ¡¿Pero aún no estaba toda dentro?!&#8230;<br />
No llegó a cerrarlos porque quedó atónita: la imagen que se proyectaba sobre el cristal del balcón cerrado, actuando de espejo, le pareció fantasmagórica primero&#8230; y bien excitante después. Podía contemplar el perfil de sus cuerpos, ella echada en la cama con el trasero levantado y las piernas colgando aunque llegaban al suelo. Él, detrás y sobre ella, en cuclillas sobre el pie de cama y algo inclinado hacia adelante, pasaba el antebrazo por debajo del bajovientre de ella y la levantaba levemente para mejorar su ángulo de penetración y para variarlo entre embites. Para no caerse Carlos se agarraba con una mano a la lámpara de araña que colgaba del techo.</p>
<p>El extremo de la media colgando detrás de él, la corbata roja bailando, su brazo inmobilizándola, agarrado a la lámpara para mantener el equilibrio&#8230; Eva pensó mientras malcontemplaba la escena en el improvisado espejo del balcón:</p>
<p>- Le faltan un par de pequeños cuernecitos y un tridente en lugar de la lámpara y juraría que el mismísimo diablo vino a domarme como a una potra salvaje, y no contento con doblegarme me está partiendo el culo<br />
-Podía ver el perfil de parte de la polla de Carlos entrar y salir acompasadamente de su ano. Tratando de mejorar la visión se agarró las nalgas con las dos manos y las separó para abrirle camino: ahora podía ver mayor recorrido de la verga incisiva y le gustaba especialmente cuando él la retiraba antes del siguiente empuje.</p>
<p>En la retracción de él, ella sentía perfectamente como el prepucio de su polla se arrastraba por las paredes de su redondo agujerito, repartiendo placer a su paso. Cuando ésta volvía hacia adentro y al detenerse, Eva abría instintivamente la boca para soltar aliento, como si le llegara por dentro.</p>
<p>Se hizo un retrato mental de la imagen y cerró los ojos para abandonarse al placer que le proporcionaba su amado Belcebú. &#8211; Boahgrrerme!! -. Carlos entendió perfectamente que Eva iba a correrse. Nunca mejor compinchados, ambos trataron de callar puesto que de soltarse les hubieran oído hasta los vecinos de enfrente.<br />
Carlos terminó tendido en el suelo, suplicando que le soltara el maldito nudo, antes de que tuviera que tirar la media y todo lo que sujetaba, aunque en realidad ahora ya no le apretaba tanto.</p>
<p>Eva aún arrodillada contra la cama, rebosaba semen por su ano y brillo por sus ojos.<br />
Se arrastró hasta él para soltarle el miembro, ya venido a menos, que en 10 segundos tomó un color ostensiblemente más sano.<br />
- ¡¡Creía que no terminaría nunca!! &#8211; dijo Carlos. &#8211; ¡¡Y con este nudo!! Aún con la respiración profunda, desbocada, clásica de un ostensible cansancio más propio del final de la Maratón que de un buen polvo, ella contestó:<br />
- Mira guapo. Que te atara la minina tiene que ver con que tu pellejín no puede moverse adelante y atrás, que es el movimiento clásico que provoca que te excites antes de eyacular. Si, por decirlo de alguna forma, no permito que te &#8220;masturbes&#8221; con mi coño, tu orgasmo tiene que llegar de otra forma: por ejemplo, por lo que yo sea capaz de hacerte sentir, más en tu cerebro que en tu polla. Te cuesta más llegar&#8230; o no llegas, y yo disfruto de tu prepucio desnudo restregándose sin protección&#8230; y viéndote sufrir.<br />
- Muy&#8230; .bonito&#8230;. ¡¡¡ ¿Y a mí?&#8230; que me zurzan!!! &#8230;¿No? -. logró contestar él.<br />
- No, hombre nooooo. Pero te mandaré un e-mail contándote como me ha quedado el cuerpo&#8230; y la factura de una media de seda.</p>
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		<title>Humeda en la claridad de la luna</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Apr 2006 10:34:26 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando llegué a casa, él me esperaba sentado, como la mayoría de las veces leyendo el periódico. Los pies sobre la mesa y cara de concentración. Había sido un día duro de trabajo, pero extraño, incluso diría que placentero. Durante toda la mañana había estado fantaseando en la oficina, erotizada, de esas veces en las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando llegué a casa, él me esperaba sentado, como la mayoría de las veces leyendo el periódico. Los pies sobre la mesa y cara de concentración. Había sido un día duro de trabajo, pero extraño, incluso diría que placentero. Durante toda la mañana había estado fantaseando en la oficina, erotizada, de esas veces en las que es imposible controlar el deseo que a una le recorre el cuerpo&#8230;por cada milímetro de la piel, sin saber el motivo. Recuerdo que aquel día, llevaba una blusa blanca y una falda de ejecutiva. Hacía calor y me desabroché algunos botones del escote. Me quité el sujetador sin deshacerme de la blusa, me oprimía el pecho y me apetecía estar cómoda. Fui a la nevera y me serví un poco de zumo de naranja. Carlos seguía a lo suyo, y yo me puse frente a él. Sin ninguna intención, simplemente me quedé pensativa por unos instantes. Unas gotas de zumo resbalaron por mi cuello, deslizándose por el escote camino al canalillo.<span id="more-188"></span></p>
<p> Mis pezones se endurecieron, Carlos levantó la vista y pasó tímidamente la lengua por sus labios, mojándolos, empapándolos. Me limpié con cuidado y salí a la terraza. Me apoyé en la barandilla con el zumo en la mano, ligeramente curvada y con el culo en pompa. La falda estrecha marcaba a la perfección las formas traseras. Estaba anocheciendo, el sol desaparecía poco a poco tras los edificios, y noté las manos calientes de Carlos en mis caderas y un terrible bulto entre mis nalgas. Levantó mi falda sin más, desabrochó sus pantalones, bajó la cremallera y en pocos segundos la punta de su mástil estaba a la entrada de mi vagina, con las bragas a la altura de las rodillas. Estaba empapada, y ambos pudimos oir el sonido de su capullo frotándose contra mis intimidades. Sus manos recorrieron mi torso, posándose sobre mis pechos, amasándolos por encima de la blusa y apretando mis pezones. Toda su erección entró de golpe acompañada por mi humedad.</p>
<p> Carlos comenzó una penetración salvaje, golpeando una y otra vez sus testículos en mis nalgas. Gemía descontrolado y eso me excitaba aún más. No podía sostener el zumo con tanto ajetreo y siendo poseía de aquella forma, además no me apetecía tener testigos. Me deshice de Carlos como pude y tomándolo de la mano le llevé al salón, con los pantalones arrastrando por el suelo y los calzoncillos por los tobillos. Su erección era máxima, el capullo brillaba en todo su esplendor, derramando unas gotitas de líquido blanquecino y rodeado por mis jugos. Carlos se quedó parado, frente a mi. Yo dejé el zumo sobre la mesa, y pude darme cuenta de que uno de mis pechos no estaba tapado por la blusa. Cuando me quise dar cuenta , Carlos se abalanzó sobre mi, desabrochando cada uno de los botones de mi blusa, con ansia.</p>
<p>Me sentó en el sofá y él se puso sobre mi, apoyando sus rodillas, una a cada lado de mi cuerpo. Tomó su pene y lo colocó a la entrada de mi boca. Yo lo besé con delicadeza, lo chupé, lo lamí como un caramelo. Mi lengua lo abarcaba todo. Mis manos acariciando sus testículos, él comenzó un movimiento sin pausa, primero más lento&#8230;cada vez más veloz. Su inmenso y endurecido pene entraba y salía de mi boca mientras él despeinaba mi pelo, acariciando mi cabeza. Se apartó y colocó su aparato entre mis senos, con sus manos los apretó con fuerza, haciendo presión sobre él. Estaba a punto&#8230;su leche ardiente se derramó por mi cuello, salpicando mi barbilla. Las gotas caían, resbalaban por mi pecho mientras él daba sus últimos gritos de placer. Se tumbó a mi lado. Estaba sudando, empapado y jadeando. Aproveché para ir al baño a limpiarme un poco, y a refrescarme la cara. Pasaron minutos escasos y de nuevo pude ver a Carlos, detrás de mi en el espejo.</p>
<p> Me di la vuelta y nos fundimos en un apasionado beso, nuestras lenguas se enredaron, jugando ansiosas. Senté a Carlos sobre la tapa del váter y me arrodillé frente a él. Aunque su erección ya era notoria, yo lo quería más&#8230;más potente, así que de nuevo mi lengua recorría su pene desde la puntita hasta la misma base. Subiendo mi falda, me senté sobre él, clavándome aquel instrumento hasta el fondo. Yo seguía produciendo jugo pasional, era incontrolable y maravilloso. La penetración se hacía cada vez más suave, acariciando mis paredes vaginales, sintiéndome con cada movimiento más unida a él, a Carlos, a mi hombre. Él me tenía cogida por las caderas, guiando mis movimientos. No podía más&#8230;que placer, que gloria, mmm&#8230;las cuatro paredes del baño fueron testigos del orgasmo indescriptible que tuve, porque el lenguaje es muy imperfecto y hay cosas que no se pueden expresar con palabras; esta es una de ellas. Carlos subió al cielo, y me bajó las estrellas.</p>
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		<title>Mi historia sexual</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Apr 2006 09:36:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
				<category><![CDATA[autosatisfaccion]]></category>
		<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi obsesión es el sexo, pienso en él muchas veces al día. ¿Es algo normal? No lo sé. Es algo que no se suele comentar con los amigos, por tanto, no sé si soy una persona normal o un desequilibrado. Quizá después de leer el historial sexual de mi vida, alguno de vosotros me podáis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi obsesión es el sexo, pienso en él muchas veces al día. ¿Es algo normal? No lo sé. Es algo que no se suele comentar con los amigos, por tanto, no sé si soy una persona normal o un desequilibrado. Quizá después de leer el historial sexual de mi vida, alguno de vosotros me podáis decir si os pasa lo mismo y por tanto, soy normal, o soy realmente un obseso del sexo.</p>
<p>Podría distinguir tres etapas en mi vida: la niñez, la adolescencia y la madurez. <span id="more-189"></span></p>
<p>¿Cuándo me masturbe por primera vez? Creo que fue cuando tenía unos catorce años, todavía lo recuerdo. En el colegio, uno de los repetidores de curso hizo un movimiento con la mano que me dio la pista. Cuando llegué a casa por la tarde mis padres habían salido a dar un paseo, así que me baje los pantalones y el calzoncillo y de rodillas sobre la moqueta me agarre el pene con la mano derecha y empecé a mover el pellejo de arriba abajo. Noté que me gustaba, en realidad, no sabía a dónde conducía aquello, lo cierto es que parecía que la sangre me subía a mis mejillas, tenía mucho calor y no podía parar.</p>
<p>De repente, empecé a sentir que la base de mi pene me ardía y un cosquilleo sumamente placentero. Creo que hasta jadeaba. Inesperadamente, un líquido blancuzco salió de mi pene y ensució la moqueta. La experiencia fue tan fuerte que por un momento casi me desmayo. Me quedé atónito mirando aquellas gotas de color lechoso y olor perfumado. Estaba asombrado con el placer experimentado, con el olor del semen, con su color, con la sensación de relajación posterior, con todo. En cuanto me recuperé del susto, busqué algo para limpiar aquella mancha que delataba mi pecado.</p>
<p>Estaba maravillado. A partir de entonces, en cuanto venía del colegio no faltaba a mi cita con mi mejor amigo: mi pene. Si mis padres estaban en casa, no me importaba, me encerraba en el baño y me masturbaba intentando silenciar mis jadeos. Por las noches, en la cama, también me masturbaba, pero no eyaculaba, mantenía el placer hasta que el cosquilleo avisaba que el semen estaba llamando a la puerta. Descansaba un poco y cuando la excitación había pasado seguía con la masturbación. Muchas noches me levantaba y terminaba la faena en el baño, aunque tenía que tener cuidado de no encontrarme a nadie en el pasillo ya que mi pene estaba en erección.</p>
<p>A partir de ese momento me gustaba mostrarme desnudo ante mi hermano, que era cinco años más joven que yo. Empecé a no usar pijama para dormir, me gustaba sentir las sábanas sobre mi cuerpo desnudo.</p>
<p>Una tarde que mis padres no estaban, le pregunté a mi hermano que si se había masturbado alguna vez, era evidente que no, ya que era mucho más joven que yo, él sólo tenía diez años. Me preguntó que qué era eso. ¿Quieres que te enseñe a masturbarte? Me baje los pantalones y empecé agitar mi pene delante de él. Por unos minutos mostró algún interés pero pronto se aburrió de verme menearlo. Cuando estaba a punto de eyacular le llamé y entonces vio como salía el semen por el agujero de mi pene. Lo más horroroso fue que cuando llegaron mis padres a casa les contó que yo echaba leche por el pito, por tanto, ya se imaginaron lo que estaba haciendo. Fue vergonzoso para mí.</p>
<p>Adolescencia:<br />
Luego empezó a crecerme el vello en el pubis y a mi no me gustaba porque escondía mi pene y lo hacía más pequeño, así que me lo cortaba con unas tijeras. En una ocasión que me corte los pelos los dejé en un cenicero y luego se me olvidó tirarlos a la basura. Cuando llegaron mis padres vieron los pelos en el cenicero del salón y preguntaron que qué era eso. Yo no sabía que mentira inventar así que les dije que no sabía nada, pero también me puse muy rojo.</p>
<p>Los veranos los pasaba en un pueblo de Logroño y me encantaba pescar en el río. Es una actividad solitaria, así que cuando no picaban los peces me entretenía masturbándome. Si hacia calor, me quedaba desnudo, me bañaba y me masturbaba dentro del agua. Esto me gustaba ya que el frío del agua retardaba la eyaculación y además el semen salía como a cámara lenta.</p>
<p>Luego me dio por el exhibicionismo. El río pasaba cerca de una autopista. Yo dejaba la caña y las ropas escondidas entre la hierba y me paseaba desnudo por el camino que corría paralelo a la autopista o a las vías del tren. La verdad es creo que era poca gente la que se fijaba en mí así que terminaba subiéndome a una piedra muy grande donde era mucho más visible y la excitación del momento me conducía siempre a masturbarme. Los que mejor me veían eran los pasajeros de los autobuses, me seguían con la mirada y parece que no se mostraban excesivamente sorprendidos.</p>
<p>En otras ocasiones, cuando salía con mi bicicleta, me paraba en los puentes sobre la autopista y también me desnudaba. A veces, les meaba a los coches cuando pasaban a toda velocidad. Más de una vez tuve que escapar rápido ya que el coche de la policía me vio, entonces dejaba de hacerlo en esa zona y probaba a varios kilómetros de allí.</p>
<p>Pero estas actividades tienen su riesgo y en una ocasión, cuando me estaba mostrando desnudo y me masturbaba al lado de la autopista, divisé sobre la ladera de una montaña el perro de un amigo mío del pueblo. Si el perro estaba allí era evidente que el dueño estaba cerca y entonces recordé que me había encontrado con él hace unos días al lado del río y se dirigía hacia la montaña con el perro y unos prismáticos. ¿Para qué eran entonces los prismáticos? Ahora lo entiendo, eran para ver mis actividades exhibicionistas más de cerca. Posteriormente me he encontrado con él pero nunca hemos mencionado mis inconfesables actividades. No sé cuanta gente más lo sabrá pero me imagino que lo habrá contado a todos sus amigos, estas cosas no se pueden callar.</p>
<p>¿Qué más cosas hacía? No mucho más, a veces recuerdo que andaba completamente desnudo sobre la bicicleta por caminos solitarios, creo que nunca me encontré con ningún coche. Eso creo.<br />
Si tenía oportunidad, también me gustaba bañarme desnudo en el río ante mi hermano y sus amigos. Creo que les gustaba pero nunca se atrevieron a hacerlo ellos.<br />
Una experiencia muy divertida fue cuando fui a pescar una gran trucha a mano con un amigo de mi hermano llamado Josele, seis años más joven que yo. Él es del pueblo y así es como las pesca. Cuando llegamos al pozo dio la casualidad que la trucha apareció y Josele la vio. Inmediatamente se echo al agua y como el pozo era muy profundo empezó a palpar el suelo con los pies para saber donde estaba la trucha. Cuando la encontró no sabía como cogerla porque decía que si la cogía con las manos se le resbalaría. Entonces él mismo me preguntó que qué me parecía si se quitaba el bañador y la envolvía con él. Le dije, por supuesto, que era una gran idea, que seguro que funcionaba. Ni corto ni perezoso se quitó el bañador y se quedo completamente desnudo. Su actitud me encantó. Envolvió la trucha con el bañador y la saco del agua. Cuando la depositó sobre la hierba nos quedamos contemplando semejante ejemplar. Lo normal hubiera sido ponerse inmediatamente el bañador, pero no, allí es! taba desnudo con los brazos en jarras mirando la trucha y el bañador en el suelo.</p>
<p>Como se había manchado de barro al subir la pendiente del río, le propuse bañarnos para que se limpiara. Tampoco entonces se puso el bañador, se ve que se sentía cómodo desnudo. Yo me quité el mío para bañarme, algo que él ya sabía que suele ser habitual en mí. Nadamos durante algunos minutos y yo le observaba para ver si ya salía del agua y dábamos por terminado el baño o por el contrario, seguía en el agua como esperando algo más. Como no salía del río, le exploré un poco. Le dije, como sin intención, que vaya polla más buena que tenía. Él me devolvió el cumplido diciendo que más grande era la mía.</p>
<p>Entonces le pregunté si ya le salía leche. Me dijo, sin mirarme a los ojos y algo colorado que sí. Y yo que no me lo creía, que me hiciera una demostración. Entonces me dijo que él se hacía una paja si yo me hacía otra. Por supuesto, acepté. Nos sentamos como cabalgando sobre un tronco de árbol que estaba horizontal sobre el suelo y empezamos a menearnos nuestras pollas. La suya era más larga y delgada que la mía y su visión me excitaba una barbaridad. Me daban unas ganas tremendas de ser yo quien guiara su placer, así que se lo propuse.</p>
<p>-¿Qué te parece si nos masturbamos mutuamente?-</p>
<p>Sin decir nada, ni mirarme, dejo de menear su polla tiesa y agarró la mía. Estaba en la gloria, me encantaba asir su pene caliente y juvenil. Masturbar a otra persona es diferente a masturbarse uno mismo, pero al hacerlo mutuamente, la excitación de uno alimenta la del otro y los jadeos y el latir del corazón se acompasan y el placer se funde en uno. Los dos eyaculamos a la vez, no es broma.</p>
<p>Volvimos al agua a limpiarnos y estaba claro que nos sentíamos satisfechos y sin sentimiento de culpa. Desgraciadamente, nunca más surgió otra oportunidad ni nunca más hablamos sobre ello. Resultó curioso, parecía que nunca hubiera sucedido.</p>
<p>Nunca he tenido sentimiento de culpa por este tipo de experiencias sexuales, siempre he concebido el sexo como algo divertido y que se debe emplear siempre que uno quiera y le permitan, claro.</p>
<p>¿Qué más cosas hacía en mi adolescencia? Ah, sí. Como me parecía que no hay nada malo en la desnudez, tomé la determinación de tomar el sol desnudo en el jardín de nuestra casa de Logroño siempre que me apeteciera. En realidad, el jardín es bastante grande y está alejado del pueblo, además está rodeado de un seto de metro y medio. No es muy alto, pero no suele pasar mucha gente por el otro lado.<br />
La incógnita era saber como iban a reaccionar mis padres. Así que un día que terminamos de comer salí a tomar el sol antes que los demás y me puse boca abajo sobre la tumbona completamente desnudo.</p>
<p>Cuando mis padres salieron apenas dijeron algún comentario, simplemente tomaron unas revistas para leer y se tumbaron en otras tumbonas a tomar el sol, aunque un poco alejados de mí. Al darme la vuelta y mostrar mis genitales, entonces sí que mi madre dijo algo que no recuerdo, pero el significado era algo así como: ¡Vaya agallas que tienes para mostrarte así! Sin embargo, su expresión no era de desaprobación, más bien todo lo contrario.</p>
<p>Luego me levanté y entré en la casa desnudo para tomar un helado de la nevera. Por el rabillo del ojo notaba como me miraban los dos y seguían mi figura. Cuando ya terminé de tomar el sol, me eché un balde lleno de agua fría por encima. Noté como mi madre no me quitaba ojo. Les gustaba verme desnudo, estaba claro. Incluso mi padre me dijo explícitamente que hacia bien, que ellos lo habían pasado muy mal con la represión sexual en tiempos de Franco.</p>
<p>Con mi hermano he tenido muy poco sexo, sólo una vez, estando en el río, se permitió una licencia. Estaba pescando y él me acompañaba. Entonces los peces no picaban, así que para entretenerme me saqué el pene y comencé a masturbarme. Él ya me ha visto otras veces hacerlo, pero esta vez, le pregunté que si él no se masturbaba. Me dijo que no, entonces le dije que si me dejaba hacerle una paja. Para mi sorpresa dijo que sí, así que se tumbó en el suelo y le baje los pantalones y el calzoncillo. Empecé a agitársela y rápidamente se le puso dura, seguí durante algún tiempo y la verdad es que no obtuve ningún resultado. Así que le dije que si me hacia lo mismo a mí. Me tumbé, me tomo el pene y comenzó a meneármelo. No aguanto ni un minuto, decía que mi pene olía mal y lo dejo. Y ya nunca más hemos hecho nada sexual. Una lástima.</p>
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		<title>Las hermanas</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Apr 2006 23:08:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[> hola Daniel: Hola de nuevo, cariño
> hola amor
> bueno, lo de amor y cariño &#8230;
Daniel: Has llegado ya. Muy bien&#8230;
> que quieres que te cuente, a ver
Daniel: Como ibamos diciendo&#8230; cuentame como eres&#8230;
Daniel: si?
Daniel: pues algo distintivo en ti, mujer (o leona? jaja)
> soy rubia, mido 1.73, pelo largo, ojos verdes/azules, 92-60-90
> atrevida, sexy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>> hola Daniel: Hola de nuevo, cariño<br />
> hola amor<br />
> bueno, lo de amor y cariño &#8230;<br />
Daniel: Has llegado ya. Muy bien&#8230;<br />
> que quieres que te cuente, a ver<br />
Daniel: Como ibamos diciendo&#8230; cuentame como eres&#8230;<br />
Daniel: si?<br />
Daniel: pues algo distintivo en ti, mujer (o leona? jaja)<br />
> soy rubia, mido 1.73, pelo largo, ojos verdes/azules, 92-60-90<br />
> atrevida, sexy y a veces muy cortante<br />
> otras veces muy seria e impenetrable<br />
> depende!<span id="more-186"></span><br />
Daniel: Si, di que si<br />
> para que veas<br />
Daniel: llamativa, vamos.<br />
Daniel: espero que conmigo no<br />
> depende de ti<br />
> lo de llamativa, la verdad es que un poco.<br />
> los hombres y algunas mujeres se giran al verme pasar<br />
> y ya te dije que tenia 24 años<br />
> que mas quieres saber?<br />
> te has ido, dani?<br />
> dani, te ha dado un pasmo o algo asi?<br />
Daniel: de mi?<br />
Daniel: que tengo que hacer, cielo?<br />
Daniel: pues nada en especial, y tu? tambien te corres &#8230; de esas juergas que me gustan a mi?<br />
Daniel: Ein?<br />
Daniel: Quieres saber algo m s de mi?<br />
Daniel: Estoy aqui, dani Daniel: Sorry, susy<br />
Daniel: Aqui.<br />
Daniel: Esperandote<br />
> ah, ya creia que te ibas<br />
Daniel: Susy?<br />
Daniel: Para que esto vaya mas rapido, cierra todas las demas ventanas<br />
Daniel: si no no hay manera<br />
Daniel: Alo?<br />
Daniel: Ibamos hablando de cosas interesantes&#8230;<br />
Daniel: Amor?<br />
Daniel: susana? D<br />
aniel: Te has ido con otro, verdad?<br />
Daniel: ME ABANDONASTEEEEE<br />
Daniel: Pues estaba aqui solo esperando&#8230;<br />
> a ver, a ver. que tipo de juergas<br />
Daniel: Y a ti? > a mi que<br />
Daniel: ESTA NO LA CIERRES&#8230;<br />
> tranquilo !!! > que decias?<br />
Daniel: por fin volvemos a hablar!!!<br />
> si, eso parece<br />
> pero a ver si ahora no se para<br />
> bueno, de que quieres hablar, algo en especial?<br />
> alguna sugerencia?<br />
> venga, que me enfrio &#8230;<br />
> y no es eso lo que quieres, no?<br />
> hoy estoy muy animada, y me apetece algo fuerte, y a ti?<br />
> tengo ganas de ver a mi novio y tener un poco de sexo con el<br />
> y con alguna mujer que se ofrezca &#8230;<br />
Daniel: a las juergas&#8230;<br />
Daniel: que si te gustan las juergas mias<br />
Daniel: esas en las que te corres&#8230; Daniel: en fin, en el sentido puro y duro de la palabra Daniel: Pues cuentame cositas picantes&#8230;<br />
Daniel: ¨O prefieres que te las cuente yo?<br />
Daniel: Ya estamos solos en Cyber charlas<br />
Daniel: Si quieres vamos alli, es mas rapido<br />
Daniel: OK?<br />
Daniel: A ti te paga Telefonica para que no nos desconectemos, no?<br />
Daniel: A mi me gustaria estar en el pellejo de tu novio<br />
Daniel: Y hacerlo con las dos&#8230;<br />
Daniel: En cambio, mi novia no deja nunca que lo hagamos con otra mujer<br />
Daniel: Solo los dos. Es tan aburrido!<br />
> es cierto, en la variedad esta el gusto<br />
> lo cierto es que tiene una hermanita, que cada vez que la veo &#8230;<br />
> el ya sabe que me gusta, pero ella aun no<br />
> a veces cuando me masturbo, pienso que me lo hace ella y me excito aun mas<br />
Daniel: Si alguna vez te apetece, no tienes mas que buscarme&#8230;<br />
Daniel: ¨te interesa alguna variedad &#8220;especial&#8221;?<br />
> todo lo que sean hombres y mujeres<br />
Daniel: ¨Que prefieres, los unos o las otras?<br />
> en parejas, trios, duplex, orgias, lo que sea<br />
> me gustan juntos aunque no revueltos<br />
> y reconozco que solo entre chicas es mas divertido<br />
> como te gusta hacerlo a ti?<br />
> algun vicio que destacar?<br />
> yo reconozco que me encanta el cine porno y que he hecho alguna casera<br />
> y que disfruto con el erotismo<br />
> ahora me he levantado la minifalda y tengo mi mano encima de las braguitas&#8230;<br />
> sabes quien me masturba de miedo? y que es una experta en el tema?<br />
Daniel: Alguna preferencia tendras<br />
Daniel: Sexo en grupo, es lo tuyo.<br />
Daniel: Y no te interesa con dos hombres?<br />
Daniel: A lo mejor te hacen disfrutar bien&#8230;<br />
Daniel: Piensalo: los dos para ti sola.<br />
Daniel: hacerte disfrutar de todo, por todos los sitios imaginables&#8230;<br />
Daniel: Si, con dos mujeres<br />
Daniel: Tambien me gusta el sexo anal (para ella)<br />
Daniel: solo mujeres, lo siento, porque disfruto la mitad<br />
Daniel: Me encantaria sodomizar a una mientras la otra se retuerce<br />
Daniel: entre los labios de la primera&#8230;<br />
Daniel: Es una fantasia sexual<br />
Daniel: La verdad, que la unica vez que lo hice con dos mujeres<br />
Daniel: fue bastante distinto. No daba a abasto<br />
Daniel: pero me lo pase en grande.<br />
Daniel: Eran amigas entre si. Una era mi novia y la otra la novia de un amigo mio.<br />
Daniel: Pero eramos dos amigos que lo compartiamos todo&#8230;<br />
Daniel: ¨Que vas a hacer con la mano? ¨Quien te masturba tan bien?<br />
Daniel: contesta, o me masturbo yo&#8230;<br />
> pues mi hermana, a veces nos masturbamos juntas y de verdad que es genial<br />
> es una experta en el tema, te hace disfrutar como una loca<br />
> aunque reconoce que a ella tambien le gusta cuando se lo hago yo<br />
Daniel: Oooops! Incesto y todo&#8230; lo tuyo es el morbo<br />
Daniel: y que edad teneis tu hermana y tu?<br />
> yo tengo 24 y ella 23 recien cumplidos la semana pasada<br />
Daniel: (cierto, tu me los dijiste&#8230; que despiste)<br />
Daniel: que interesante. Yo 26. Y tu novio?<br />
> en realidad no lo planteamos como incesto, es simple satisfaccion fisica mutua. es nuestro cuerpo, no la mente<br />
Daniel: Es celoso?<br />
> mi novio tiene 25 y no es celoso, si no no participaria de las juergas que nos corremos juntos y &#8220;revueltos&#8221;<br />
> a veces le hemos dejado mirar mientras nos masturbabamos > y acabo follandome como un poseso<br />
> eres fetichista?, te gustan los ligueros las medias a la hora de follar? > me refiero a dejarlos puestos &#8230;<br />
Daniel: me interesaria a mi tambien participar de vez en cuando&#8230; sobre todo contigo y con tu hermana<br />
Daniel: ¨Solo mirar?<br />
Daniel: poca cosa!<br />
Daniel: Es mejor compartir&#8230;<br />
Daniel: Por donde andas? Estas en otros chats?<br />
Daniel: ¨Y a tu hermana? no le gusta follar con hombres?<br />
> si, si que le gusta<br />
Daniel: Me encantan los ligueros<br />
> sabes que ahora llevo puestos unos azules marinos?<br />
> a ella le encanta follar con hombres.<br />
Daniel: A una novia que tuve (esa si que follaba) le regale cuatro<br />
Daniel: Negros, blancos, rosas y rojos<br />
Daniel: Y esta tan buena como tu?<br />
> yo tengo negros, blancos y rojos pero no rosas<br />
> mi hermana?, pues es rubita, mide 1.70, ojos azules marinos y es mucho mas activa que yo<br />
> tiene un bonito cuerpo<br />
> y cuando puede andar en bolas, lo hace<br />
> intercambiamos toda nuestra ropa, tambien la interior<br />
> tenemos las mismas tayas<br />
> por que dejaste a tu novia? la que follaba?<br />
> estaba buena?, que fue lo mas duro que hiciste con ella?<br />
Daniel: bueno, rosa palido, no rosa vivo. Tenian unas tonalidades marrones&#8230;<br />
Daniel: Pues vaya pedassso de bocata que podriamos hacer juntos los tres&#8230;<br />
Daniel: uuuuuuummm que delicia imaginaros&#8230;.<br />
Daniel: Estaba como un tren, bajita, eso si Daniel: La deje porque era muy celosa&#8230; y a mi me gusta follar con muchas Daniel: A la vez o por separado.<br />
> pues que se hubiera apuntado<br />
> no le iban los grupos o los trios<br />
Daniel: Eso le decia yo. con la que estoy ahora tambien folla bien, pero no tanto<br />
> y le van las chicas?<br />
Daniel: No le iban ni los grupos ni nada parecido.<br />
> a tu nueva chica, le van las chicas?<br />
Daniel: Una vez la lleve al Candela que es un bar de lesbo y trios<br />
> y?<br />
Daniel: y casi me mata<br />
> pero acabaisteis follando o no?<br />
> jha, sabes quien acaba de llegar? &#8230;<br />
Daniel: ¨De donde eres, susana? ¨norte o sur?<br />
> sorpresa !!!<br />
> soy Marta, la hermana de esta viciosa que te escribe<br />
Daniel: QUE ALEGRIA<br />
> la he pillado con esto abierto y con la mano encima de las bragitas<br />
Daniel: HOLA MARTA<br />
Daniel: Como estas?<br />
> muy bien y tu?<br />
> ya veo que estais muy &#8220;puestos&#8221;&#8230;<br />
> me dejais que me quede con vosotros?<br />
Daniel: todo lo bien que puedo, el modem es muy frio&#8230; (Santa Lucia version modenna) > ella dice que a ella no la importa y a ti?<br />
Daniel: bueeeeeeno<br />
Daniel: a mi? al contrario<br />
> ehh, que es eso de contar nuestras actividades &#8230;, chicos malos &#8230;<br />
> voy a tener que castigar a Susana<br />
> me ha dejado al cargo del teclado y se esta dedicando a ella sola<br />
Daniel: como la vas a castigar?<br />
> esta noche&#8230;, ya veremos.<br />
> si la vieras &#8230;<br />
Daniel: a cual de las dos, a Marta o a Susi?<br />
> esta totalmente desnuda, encima de la cama, solamente se ha dejado puesto el liguero y las medias<br />
Daniel: que liguero?<br />
> el liguero azul marino que lleva puesto !<br />
> cual si no Daniel: oooooooooooooohhhh<br />
Daniel: No tengo ojos alla donde estais<br />
> me esta mirando con una cara &#8230;<br />
> no se si dejarte &#8230;<br />
Daniel: Querra que la masturbes&#8230;<br />
Daniel: Asi? > sera eso, lo que pasa es que ya lo hace ella, con mi vibrador !!!! Daniel: Pues entonces&#8230;<br />
> esta super caliente, que la has hecho?<br />
Daniel: Ni la he tocado, lo pro-meto > pues esta como una moto &#8230;<br />
Daniel: Y eso que hemos estado hablando de ti todo el rato&#8230;<br />
> lo cierto, es que me gusta mirarla, tiene un cuerpo precioso<br />
Daniel: y de las ganas que tengo de follar con las dos&#8230;<br />
> de mi?, que habeis dicho de mi Daniel: me ha dicho que estas como un tren, y lo simpatica que eres&#8230;<br />
> bueno, me encantaria poder follar contigo y con ella, pero creo que hoy toca entre nosotras solas &#8230;<br />
> gracias. dicen que estoy buiena<br />
> buena<br />
Daniel: Que lastima que no me toque a mi<br />
> dime, como estas vestido?<br />
Daniel: ¨para cuando? Daniel: Si te lo digo, te llevas un chasco Daniel: Nada erotico<br />
Daniel: Un tanga y una corbata, nada mas<br />
Daniel: Es para estar fresquito, pero elegante.<br />
> perdon, se corto<br />
Daniel: Si?<br />
Daniel: pues entonces estaba hablando yo solo<br />
> nada, que esto se ha cortado<br />
> que decias que llevabas puesto?<br />
Daniel: que tal estas?<br />
Daniel: ahora si?<br />
Daniel: decia que no llevaba nada erotico Daniel: solo un tanguita y una corbata<br />
Daniel: Es para estar fresquito pero elegante.<br />
> a la !, vaya pedazo grito acaba de pegar susana, se ha corrido como una loca !<br />
> como es el tanga?, donde estas? en casa ?<br />
Daniel: Y tu, Marta, que llevas?<br />
Daniel: Que suerte tiene la tia. Daniel: No. Estoy en la oficina, solo. con la puerta cerrada&#8230;<br />
> una blusa blanca semitransparente, minfalda ajustada negra<br />
> ropa interior azul<br />
> de encaje, y como tu, un precioso tanga<br />
> por que no te quitas los pantalones y sacas tu ya me imagino enorme polla &#8230; ?<br />
Daniel: Discretita la muchacha&#8230;<br />
Daniel: Como a mi me gustan las mujeres, provos<br />
Daniel: de que color?<br />
Daniel: azul tambien? el mio es rojo<br />
> umm, me esta empezando a desnudar susana &#8230;<br />
Daniel: Pero no rojo chillon. Es mas bien marron.<br />
Daniel: No me puedo quitar los pantalones. Ya me los quite hace un rato<br />
> estas con la polla al aire ?<br />
> te estas masturbando ?<br />
Daniel: SOLO me queda el tanga y la corbata, grana y oro.<br />
Daniel: Aun no&#8230; me teneis que poner mas todavia&#8230;<br />
Daniel: Aunque ya casi empiezo&#8230;<br />
> vaya pedazo de beso nos acabamos de sacudir<br />
> lo que pasa es que como vengan antes mis padres&#8230;, se va a armar una buena &#8230;, por que ellos no saben de todo esto !<br />
> me ha quitado la blusa y la minifalda, y me esta acariciando toda la espalda con besitos<br />
Daniel: como siga asi, voy a poner perdida toda la oficina.<br />
Daniel: ¨Te queda mucha ropa?<br />
Daniel: Vaya! se me acaba de romper el calzoncillo tanga este&#8230;<br />
Daniel: Se me ha quedado todo al aire&#8230;<br />
Daniel: y casi me quedo tuerto. No la tenia tan dura desde hace&#8230;<br />
Daniel: Y cuando me los dareis a mi?<br />
> cualquier dia de estos&#8230;, donde los quieres? Daniel: Donde mas gustan&#8230; primero en la espalda<br />
Daniel: despues en el cuello y la oreja Daniel: para pasar lentamente por todo mi cuerpo&#8230;<br />
> y si te chupamos la polla las dos a la vez, y hacemos que te corras solo con eso?<br />
Daniel: hasta terminar en la polla Daniel: No esta mal tampoco&#8230;<br />
> no me queda mucho, me he quitado el sujetador, pero aun me queda el tanga y las medias. yo no llevo hoy ligueros<br />
Daniel: No importa. A mi me gustas de todas las formas y en todas las posiciones<br />
Daniel: Sobre todo vuelta de espaldas, por detras&#8230;.<br />
> no me gustan los anales, si te refieres a eso<br />
Daniel: para hacerte subir al techo y bajar de un golpe<br />
Daniel: por detras no tiene que ser anal&#8230;<br />
> bueno, te dejamos por que me voy a liar con ella, ya no puedo mas<br />
Daniel: pueden hacerse muchas cosas mas Daniel: ¨como puedo contactar con vosotras? ¨de donde sois?<br />
> si, pero puede ser extra¤o hacerlo al tiempo que te escribimos<br />
> otra vez hablamos, ok?<br />
Daniel: quereis mas charla de esta via mail<br />
Daniel: SI? > bueno, danos tu email</p>
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		<title>blanca y radiante</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Apr 2006 17:03:28 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[- &#8230; yo os declaro, marido y mujer &#8211; y con una benévola sonrisa en la boca, el sacerdote se dirigió al novio &#8211; Puedes besar a la novia.
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			<content:encoded><![CDATA[<p>- &#8230; yo os declaro, marido y mujer &#8211; y con una benévola sonrisa en la boca, el sacerdote se dirigió al novio &#8211; Puedes besar a la novia.<br />
La iglesia se llenó de un rumor de voces y risas. La boda había terminado y todo había sido precioso. digno de un cuento de hadas. La novia estaba radiante. Su vestido blanco llenaba cualquier habitación por la que pasaba. <span id="more-184"></span>Su maravilloso cabello rubio, recogido en un gracioso topo y coronado con un pequeño adorno de flores blancas hacía juego con el resto de su vestuario. La falda, a pesar de llegar hasta los pies e ir barriendo allá por donde pasaba, dejaba entrever al caminar sus tobillos, cubiertos por unas medias blancas, y rematados con unas exageradamente incómodos pero hermosos zapatos blancos de tacón. Mientras los novios se besaban, los padrinos aplaudían sin hacer demasiado ruido, al igual que gran parte de los invitados a la ceremonia. La madrina, hermana de la novia, llevaba un ceñido traje rojo que insinuaba gran parte de su exuberante cuerpo, llenando de envidia a las mujeres y de deseo a todos los hombres allí presentes.<br />
Tardaron alrededor de una hora en acabar con todas las obligaciones siguientes. Las fotos con la familia y amigos, la procesión de felicitaciones, tanto sinceras como de compromiso, las bromas de los amigos, más fotos, más felicitaciones, y así hasta que por fin llegaron al salón del hotel donde iban a celebrar la cena para festejar el magno acontecimiento.<br />
La celebración transcurría por los caminos acostumbrados. Los camareros iban y venían, trayendo y retirando platos y bebidas al ritmo que marcaba la gula de los invitados. Llegó el momento de la tarta y los novios usaron para cortarla una espada de estilo oriental que los amigos les habían regalado. Fue también ese el momento que las amigas de la novia eligieron para quitarle la liga de las medias, haciendo un corrillo para que nadie viera más de lo que su imaginación le permitiera, y la cortaron en trocitos, al igual que la corbata del novio, que sufrió el mismo destino, y que después colocaron en una bandeja y fueron vendiendo entre los invitados, recogiendo al final unas cien mil pesetas, cantidad más que considerable, y cuyo destino era, naturalmente, conseguir que el viaje de los novios fuera disfrutado más aún por estos, si eso era posible.<br />
Acabada la procesión de comida, comenzó el baile y la fiesta. Los diligentes camareros apartaron todas las mesas del centro del salón, y en la improvisada pista de baile los novios comenzaron a moverse al ritmo del vals. Poco a poco fueron sumándose parejas hasta que la mayoría de los invitados se encontraron bailando un poco de todos los ritmos de bailes de salón conocidos y por conocer. Desde el pasodoble hasta el twist, pasando por la lambada y el merengue.<br />
La noche era joven. Los amigos de los novios no pensaban dejarlos dormir y tenían la firme intención de alargar la fiesta hasta el amanecer. Incluso algunas de las personas de más edad de la fiesta daban ánimos y lecciones de baile a los más jóvenes, sacando fuerzas de donde nadie podía imaginarse en personas de esa edad.<br />
Después de una implorante mirada de la novia a su hermana, las dos salieron del salón en dirección a la habitación donde se suponía que los novios debían de pasar la noche. Una vez allí, y después de haber pasado ambas por los lavabos de la habitación, por riguroso turno, eso sí, se tumbaron sobre la cama y se quitaron los zapatos que llevaban ya varias horas martirizando a sus sufridos pies.<br />
- ¡Dios mío, Luisa! Esto es aún más agotador de lo que me había imaginado. No sé si voy a tener fuerzas para volver a levantarme. El vestido de novia me asfixia, el liguero me aprieta, los zapatos me están matando, y esos locos de nuestros amigos siguen queriendo fiesta hasta el amanecer. He bailado hasta con hombres que no había visto en mi vida, y algunos de ellos incluso me han metido mano. Mi recién estrenado marido está como ausente, tengo veinticuatro años y apenas puedo mantenerme en pié&#8230; y se supone que este tiene que ser el día más feliz de mi vida.<br />
- No te preocupes hermanita. Todo eso es normal. Yo tengo dos años menos que tú y tampoco puedo seguir ya. Entre los nervios y el cansancio, estoy para meterme en cama y no levantarme en una semana.<br />
Realizando un enorme esfuerzo, Luisa se incorporó y ayudó a hacer lo mismo a su hermana Eva. Se colocó detrás e ella, arrodillada en la cama, y comenzó a realizarle un reconfortante masaje en los hombros.<br />
- ¡Hummmm! Que agradable. Gracias, Luisa. Me estaba haciendo falta algo así.<br />
- Relájate y deja que los nervios y el cansancio desaparezcan de tu cabeza. Vamos a estar aquí unos minutos descansando.<br />
- Pero abajo nos están esperando&#8230;<br />
- No te preocupes. Nadie nos echará de menos al menos durante otra media hora. Cierra los ojos y relájate.<br />
Eva siguió las instrucciones de su hermana. Intentó olvidarse del mundo, de la fiesta, de su novio, ya marido, del cansancio&#8230;<br />
- Eso es. Relájate y descansa. Concéntrate solo en el sonido de mi voz, y verás como todos los nervios desaparecen por completo. Relaja los músculos, la cabeza&#8230; no pienses en nada y relájate&#8230;<br />
Eva notaba como todo desaparecía de su mente excepto la voz de su Laura. Era una sensación maravillosa. Probablemente nunca hubiera podido relajarse tanto si fuera otra persona la que estuviera con ella, pero confiaba en su hermana más que en cualquier otra persona del mundo. Se abandonó completamente a ella.<br />
- Relájate sin miedo&#8230; no pienses más que en mi voz&#8230; nada es más importante que mi voz&#8230;<br />
No, nada era más importante que su voz. La mente de Eva se iba fijando más y más en la voz de Laura. Su relajación era casi absoluta. El cansancio de todo el día la había agotado hasta el punto de hacerla extremadamente sensible a las sugestiones.<br />
- &#8230; relajada&#8230; te sientes como flotando entre nubes&#8230; tranquila&#8230; relajada&#8230; muy relajada&#8230;<br />
Sí, relajada, muy relajada. Así se sentía Eva.<br />
- &#8230; tan relajada que te está entrando sueño&#8230; mucho sueño&#8230;<br />
Dormir. Solo sentía ganas de dormir. Sabía que no debía de dormirse porque abajo la estaba esperando mucha gente, pero tenía unas enormes ganas de dormir. Su hermana le decía que se durmiera, y no podía evitar sentir sueño&#8230;<br />
- &#8230; mucho sueño&#8230; muy relajada&#8230;<br />
La oscuridad se apoderaba de su mente. Se sentía completamente abandonada a su hermana. Pensar erademasiado fatigoso, y solo quería dormir.<br />
- &#8230; dormir&#8230;<br />
- &#8230; y ¡Tres!<br />
Eva abrió los ojos de repente. Durante unos segundos no supo donde estaba, hasta que vio la sonriente cara de su hermana. Estaban en la habitación del hotel y habían subido allí para descansar un rato.<br />
- ¿Me he dormido?<br />
- Solo un rato. ¿Como te encuentras?<br />
Antes de contestar movió sus hombros para comprobar si el cansancio seguía allí. Nada. No había dolor, ni cansancio. Nada de nada.<br />
- Me siento estupendamente. Tu masaje me ha sentado de maravilla. Ya no me duelen los hombros, ni tengo los músculos agarrotados. Y además apenas me siento cansada. ¿Como lo has hecho?<br />
- ¿Recuerdas aquellos cursos de psicología a los que me apunté el año pasado? En uno de ellos me enseñaron a hipnotizar. Creo que soy una buena alumna.<br />
- ¿Me has hipnotizado? &#8211; había un cierto tono de incredulidad y de burla en su voz &#8211; Venga hermanita, seamos serias.<br />
- ¿No te lo crees?<br />
Laura no parecía molesta con la incredulidad de su hermana. Más bien estaba divertida.<br />
- No se puede hipnotizar a la gente en tan poco tiempo. Lo leí en un libro una vez. Necesitas varias horas para conseguir que alguien sea hipnotizado.<br />
- En efecto, pero eso es cuando la persona conserva todas sus facultades. Tu estabas muy cansada esta noche, y tan solo querías dormir. Inconscientemente, tu mente quería descansar, relajarse después del agotador día que has pasado, y así ha sido más fácil.</p>
<p>En tan solo unos minutos he conseguido ponerte en trance, cuando normalmente se necesitan horas para hacerlo.<br />
- Creo que has bebido demasiado esta noche. Y además, ya va siendo hora de que volvamos a la fiesta.<br />
Cogió uno de sus zapatos y comenzó a colocárselo en el pié.<br />
- ¡Duérmete, Eva!<br />
Su cabeza cayó hacia adelante como si de una marioneta se tratara, mientras el zapato apenas hizo ruido al caer al enmoquetado suelo de la habitación.<br />
- Estás dormida hermanita. Completamente dormida y relajada. Ya no sientes el cansancio. Tu cuerpo está completamente relajado y tranquilo. Tu mente no piensa en nada&#8230; en nada que yo no quiera que piense. Sigue poniéndote los zapatos, pero póntelos al revés.<br />
Con los ojos cerrados, tanteando, Eva siguió las instrucciones de su hermana.<br />
- Ahora, cuando cuente tres, abrirás los ojos. Uno, dos, ¡tres!<br />
Con la ya familiar sensación de abandono de antes, los ojos de Eva miraron durante un instante a su hermana.<br />
- ¿Me he vuelto a dormir?<br />
- Mas o menos.<br />
- No es posible. ¿Que me has hecho?<br />
- Ya te lo he dicho antes. Te he hipnotizado.<br />
- ¡Venga ya! Deja de decir tonterías.<br />
- Muy bien, como quieras. ¿Nos vamos?<br />
Eva se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta, pero cuando apenas había dado dos pasos una expresión de dolor inundó su rostro.<br />
- ¡Ouch! Como me duelen los zapatos.<br />
- ¿Has probado en ponértelos en el pié que corresponde a cada uno?<br />
- ¿en el pie&#8230;? ¡Pero que tonta soy! Me los he puesto al revés.<br />
Volvió hacia la cama y se sentó en ella. Se quitó rápidamente los zapatos y se los colocó de nuevo, pero esta vez correctamente. Se levantó y se dirigió hacia la puerta. Laura bajó de la cama. Seguía descalza. Sus pies apenas estaban cubiertos por el negro velo de las medias que llevaba, pero no sintió frío, puesto que toda la habitación estaba cubierta por una mullida moqueta. Con una perversa sonrisa en los labios, miró como su hermana cogía el pomo de la puerta para abrirla.<br />
- ¡Duérmete, Eva!<br />
Aún con la mano sobre la puerta, la cabeza de Eva volvió a caer hacia delante. Increíblemente, mantuvo el equilibrio aún cuando su mano se deslizó sin fuerzas hacia su costado.<br />
- Cuando te diga, abrirás los ojos, pero seguirás dormida. Vendrás hacia la cama y volverás a sentarte en ella. Te quitarás los zapatos, y entonces volverás a cerrar los ojos y a esperar mis instrucciones. ¡Ahora!<br />
Tal y como su hermana le había ordenado, abrió los ojos. Tenía una inexpresiva mirada mientras se dirigía hacia la cama. Se sentó y se quitó los zapatos. Una vez finalizado el trabajo, cerró los ojos y su cabeza cayó de nuevo sobre su pecho.<br />
Laura se acercó a ella y comenzó a hablarle mientras con las manos le quitaba el precioso tocado con flores que había sobre su pelo.<br />
- Eres mía, Eva. Mientras estés dormida harás todo lo que yo te diga y ni siquiera sabrás que lo estás haciendo. Pero cuando despiertes también seguirás en mi poder. Cuando te diga que despiertes, lo harás, pero no podrás salir de esta habitación sin mi permiso. Harás todo cuanto yo te diga, sin dudar, sin rechistar, sin pensar. No pondrás pegas a ninguna de mis ordenes. Seguirás siendo tú misma, pero sin voluntad para incumplir mis mandatos. Ahora, háblame. ¿Has entendido mis órdenes?<br />
Lacónicamente, la respuesta de Eva casi resbaló de sus labios.<br />
- Sí.<br />
- ¿Que es lo que harás cuando despiertes?<br />
- Todo cuanto me digas.<br />
- ¿Hay algo que no harías por mí si yo te lo pidiera?<br />
- No<br />
- Muy bien, Eva. Abre tus ojos, ¡ahora!<br />
De nuevo la sensación de abandono. De nuevo la inquisitiva mirada sobre su hermana, aunque en esta ocasión, una breve sombra de enfado cruzó por sus ojos.<br />
- ¿Que me estas haciendo?<br />
- ¿Todavía no crees que te haya hipnotizado?<br />
Inquieta, miró a su alrededor. Miró la puerta intentando recordar. Miró hacia el suelo, hacia sus zapatos, inertes sobre la moqueta, lejos de sus pies donde recordaba perfectamente haberlos colocado. Levantó los ojos hacia su hermana.<br />
- Sí. Creo que me has hecho algo. Pero si es una broma, ya está bien. Es suficiente. Ahora vayamos abajo. Hay gente esperándonos.<br />
Se levantó de la cama y comenzó a caminar. Nerviosa, ni siquiera se acordó de los zapatos. Sintió la mullida moqueta a través de la suavidad de las medias blancas que cubrían sus pies.<br />
- ¡Siéntate!<br />
Sin poder evitar hacerlo, volvió sobre sus pasos y se sentó de nuevo en la cama. Una vez allí, miró de nuevo a los ojos de su hermana, implorando.<br />
-¿Porqué me haces esto?<br />
- Lo hago por tu bien. Hay alguien a quien quiero presentarte. Alguien a quien tú ya conoces, pero que probablemente habrás olvidado. Alguien a quien hiciste daño una vez, y ahora quiere felicitarte por tu boda.<br />
Sin poder creer lo que estaba oyendo, dirigió su mirada hacia donde señalaba su hermana, hacia la puerta del cuarto de baño. Un hombre la estaba observando desde allí. Un hombre al que ella conocía.<br />
- ¡¿Nacho!? ¿Que estás haciendo aquí?<br />
Nacho había sido novio suyo hacia un par de años. Habían pasado buenos ratos juntos, pero ella decidió dejarle por otro, precisamente el hombre con el que acababa de casarse. Nacho había intentado hablar con ella en algunas ocasiones, pero tan solo en una pudo hacerlo, y ella no le dijo cosas agradables. Rompieron del todo sin posibilidad de reconciliación, y no quedaron como buenos amigos precisamente.<br />
Eva comenzaba a sospechar que estaba teniendo un mal sueño. Mas bien una pesadilla. Aquello no tenía mucho sentido. Su hermana decía haberla hipnotizado, y a pesar de que no acababa de creérselo, la verdad es que había estado haciendo algunas tonterías durante los últimos minutos. Y ahora, Nacho aparecía en su habitación saliendo del cuarto de baño. Ella había entrado allí apenas unos minutos antes y no había nadie. ¿Por donde había entrado? ¿Y cuando?<br />
Intentando conseguir alguna respuesta a sus no formuladas preguntas, volvió la mirada hacia Eva, solo para ver con total incredulidad como su hermana estaba en el suelo, descalza, arrodillada, con la cabeza y los brazos en el suelo, en posición de total humillación, casi de adoración, hacia Nacho.<br />
- He hecho todo lo que me habías dicho, amo. La he traído aquí, y la he hipnotizado para ti. ¿Estas contento, amo? ¿Lo he hecho bien?<br />
Por primera vez, Nacho dejó oír su voz.<br />
- Lo has hecho muy bien, Laura. Tu amo está contento. Te has ganado una recompensa. Levántate.<br />
Agilmente, Laura se levantó del suelo y se acercó a su &#8220;amo&#8221;. Nacho la cogió por la cintura y la besó apasionadamente, aunque ni siquiera con la mitad de pasión con la que ella le devolvió el beso. Mientras se fundían en aquel inesperado abrazo, la mano de Nacho bajó hasta el trasero de Laura y comenzó a sobárselo sin el menor pudor. Ella dirigió sus manos hacia su falda y repentinamente se levantó el vestido, dejando a la vista sus bragas negras de encaje, su excitante liguero, también negro, y, allá donde sus bragas no llegaban a cubrir, sus hermosas y prietas nalgas, y casi acariciando la mano de Nacho, la dirigió hacia ellas guiándole y ayudándole a manosearlas.<br />
Eva mantenía los ojos fijos en su hermana. Jamás la había visto actuar así. Parecía adorar a Nacho. Disfrutaba de sus caricias más que él mismo. Había verdadera pasión en sus ojos y en sus actos. Le ofrecía su cuerpo como si fuera una mujerzuela y parecía gustarle que ella estuviera delante, mirándolos.<br />
Sin dejar de asombrarse por el comportamiento de su hermana, sintió la fría mirada de Nacho sobre ella.<br />
- Hola Eva. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.<br />
Su cínica sonrisa parecía más una mueca que una demostración de alegría. Sus ojos la perforaban con la mirada.<br />
Durante todo el tiempo que estuvieron juntos, ella jamás le dejó que la tocara. La verdad es que no fue más que un juguete en sus manos. Salió con él para pasar el rato, para reírse a sus espaldas con sus amigas. Nunca se lo tomó en serio. Cuando descubrió que su relación sí que era importante para él, pensó en dejarlo, pero le agradaba la idea de tener a un hombre a sus pies como un perrito faldero. Pero cuando él mostró su lado más posesivo, decidió acabar con el juego y abandonarle.<br />
- ¡Saluda al amo, zorra!<br />
La voz de su hermana la sacó de sus pensamientos. No tenía nada que decir, y desde luego, no pensaba saludar a Nacho, pero por algún motivo, lo hizo.<br />
- Hola Nacho.<br />
- Estás muy guapa con ese vestido. Yo soñaba que algún día lo llevarías para mi.<br />
- Lo nuestro fue un error desde el principio. No había amor en nuestra relación. Nunca debimos&#8230;<br />
- ¿Amor? ¿Dices que no hubo amor? &#8211; la voz de Nacho sonaba enfurecida &#8211; Eres la única mujer a la que he amado de verdad en toda mi vida. Cuando me dejaste pensé que no podría seguir viviendo. Nada tenía sentido para mí. Me volví violento, hosco y pendenciero. Perdí a mis amigos, mi trabajo y mi dignidad. ¿Y dices que no hubo amor?<br />
- ¡Yo no te amaba!<br />
Eva comenzó a sollozar.<br />
- ¿Y porqué me lo hiciste creer? Si me lo hubieras dicho desde el principio yo lo hubiera comprendido. Pero me hiciste pasar los días más felices de mi vida para después abandonarme. ¿Porqué?<br />
No podía contestar. Sus palabras estaban llenas de razón, además de odio. Su silencio fue largo y expresivo, tan solo roto por la voz de Laura.<br />
- ¡Responde al amo cuando te hable!<br />
Cada vez que escuchaba la voz de su hermana, una extraña fuerza la impelía a obedecerla.<br />
- ¡Para reírme de ti!<br />
Las lágrimas corrían ahora libremente por sus mejillas, mojando su vestido blanco.<br />
- Todas aquellas semanas soñando con tu amor, adorándote, amándote, deseándote,&#8230; y tu solo querías reírte de mí.<br />
El brillo del odio en sus ojos pareció disminuir. La razón intentaba volver a su voz.<br />
- Tardé mucho tiempo en olvidarte. Después de perderlo todo, tuve suerte. Intenté controlar mi vida. Encontré trabajo, y comencé a recibir clases nocturnas. Desde entonces, he soñado con el día en que pudiéramos volver a encontrarnos.<br />
Dejó de sobar el cuerpo de Laura y se aproximó a la cama. Acercó la mano a su cara, repleta de lágrimas y la acarició suavemente. Después, con los dedos mojados, acarició su hermoso cabello.<br />
- Deja de llorar. Esa no es forma de enfrentarse a los problemas.<br />
No había fuerza que pudiera hacer que dejara de llorar. Estaba asustada, humillada, perdida, y en sus ojos no dejaba de llover.<br />
- ¡Obedece al amo!<br />
Una vez más, el efecto fue inmediato. Retenidas por una fuerza desconocida, las lágrimas dejaron de brotar.<br />
La voz de su hermana la obligaba a obedecer, pero la de Nacho la llenaba de temor cada vez que la escuchaba.<br />
- Se le ha corrido el rímel. Ayúdala a secarse, Laura.<br />
Sin decir palabra, Laura sacó de su escote un pañuelo de papel y secó las últimas lágrimas. Después intentó remediar el desastre causado en el maquillaje por el llanto de su hermana.<br />
- ¿Porque le ayudas, Laura? Eres mi hermana. Mi propia hermana.<br />
A pesar de no poder llorar, la súplica de Eva fue acompañada por un breve sollozo.<br />
- Porque es mi amo. Su palabra es ley. Mi cuerpo y mi alma le pertenecen. Soy su esclava&#8230; como también tú lo serás dentro de poco.<br />
Los ojos de Eva se abrieron con estupor. A pesar de que sus oídos habían escuchado perfectamente las palabras, su cerebro no podía asimilarlo. Miró a Nacho esperando encontrar respuesta a su inexistente pregunta.<br />
- ¿Recuerdas que Laura te ha contado que aprendió a hipnotizar en unas clases de psicología?<br />
Intentando aclarar el inmenso caos existente en su mente durante los últimos minutos, encontró el recuerdo que Nacho mencionaba, aunque sin conseguir conectarlo con lo que le estaba diciendo.<br />
- Adivina quién fue su profesor.<br />
Tardó unos segundos en comprender por donde iba la conversación, pero al final lo consiguió. ¡Nacho había hipnotizado a Laura!<br />
- Te dije que encontré trabajo después de que me abandonaras. Fue como ayudante de un hipnotizador de tres al cuarto. No era muy bueno, pero me enseñó algunos trucos interesantes. Resultó que con las enseñanzas adecuadas, yo era mejor que él. Cuando me matriculé en la escuela nocturna no esperaba encontrarme allí con tu hermana. Ella no guardaba demasiado buen recuerdo de mí y al principio me evitaba y me despreciaba, pero realizando un trabajo sobre la hipnosis, conseguí que nos asignaran al mismo grupo. Al ser el más experto en la materia, todos y cada uno de los estudiantes fueron cayendo bajo mi influencia, incluyéndola a ella.<br />
Mientras Nacho hablaba, Laura estaba detrás de él, pegada a su espalda, restregando su pierna semidesnuda por su cuerpo, y acariciando su torso con ambas manos, intentando guardar el equilibrio. Su rostro no demostraba más emoción que el inmenso deseo de agradarle.<br />
- Al principio fue la que más se resistió, pero con la ayuda del resto del grupo, ya bajo mi influencia, conseguimos convencerla. Resultó ser un sujeto excelente para la hipnosis. En tan solo un par de sesiones se convirtió en mi juguete favorito. La antaño altanera y orgullosa Laura es ahora mi más sumisa esclava. ¿No es así, querida?<br />
- Si amo. Completamente.<br />
La sumisión y devoción existente en la voz de Laura no dejaba lugar a dudas.<br />
- Cuando me comunicó la noticia de tu boda, decidí hacerte una pequeña visita, y con su ayuda, hemos llegado a esta situación. Yo la controlo a ella, y ella te controla a ti, así que el resultado de nuestro pequeño juego solo puede tener un ganador, ¿no opinas lo mismo?<br />
Eva no contestó. Estaba atemorizada, y al mismo tiempo enfadada. A pesar de haber sido hipnotizada seguía teniendo su orgullo, y ser humillada de aquella forma le producía extraños sentimientos de rabia, temor e indefensión. Tan solo tenía ganas de llorar, pero ni siquiera eso podía hacer, porque su hermana se lo había prohibido.<br />
- Laura, quítate el vestido.<br />
Sin dudar un solo instante, cogió el borde inferior del vestido con ambas manos y lo arrastró por encima de su cabeza. Al hacerlo, sus pechos, cubiertos por un excitante e insinuante sujetador negro, a juego con el resto de su lencería, bailaron durante unos segundos al ritmo de sus movimientos.<br />
- Tu hermana ha desarrollado un enorme interés por la lencería sexy &#8211; comentó dirigiéndose a Eva &#8211; Ya nunca usa ropa interior cómoda y hortera. Desde que nos conocimos, siempre utiliza los más excitante y provocativos conjuntos de lencería. Es una suerte que le pidieras que te acompañara a comprar la ropa para tu boda.<br />
Horrorizada, Eva recordó que al comprar toda la lencería para la boda, ella quería llevar pantys blancos, porque eran muy cómodos, pero Laura la convenció de que llevara medias y liguero. Decía que así excitaría más a su futuro marido.<br />
No era a su marido a quien Laura pretendía excitar.<br />
Esperando las órdenes de Nacho, Laura usaba sus manos para acariciarse por encima del sujetador y las bragas. No se le había permitido aún masturbarse directamente, o quitarse el resto de su ropa, así que jugaba con su cuerpo de la forma más excitante que podía, sin dejar de mirar a los ojos de su &#8220;amo&#8221;, para comprobar así que todos sus movimientos cumplían su único objetivo de excitarle a él.<br />
La habitación era extremadamente espaciosa. Era una &#8220;suite nupcial&#8221; y tenia de todo. Nacho se acercó hasta un sillón que había cerca de la cama. Lo arrastró hasta el centro de la habitación, a unos dos metros de la cama, y se sentó cómodamente, preparándose para el espectáculo.<br />
Miró a Laura. Seguía acariciándose por encima de su ropa interior, esperando ansiosa sus órdenes. Después miró a Eva. Estaba sentada sobre la cama, completamente cubierta por el blanco vestido del que se suponía que iba a ser el día más feliz de su vida. La única parte de su cuerpo que podía apreciarse bajo aquella montaña de tela eran sus pies descalzos, cubiertos únicamente por las medias blancas.<br />
- Quítate las bragas &#8211; ordenó.<br />
Eva no se movió.<br />
- ¡Obedece al amo, hermanita! &#8211; sentenció su hermana.<br />
No podía evitar cumplir la orden de su hermana, pero amparándose en la enormidad de la falda de su vestido, lo hizo de forma que no pudieran ver como lo hacía. Con la íntima prenda en su mano, miró directamente a los ojos de Nacho. Era más que miedo lo que sentía en aquel momento. Era puro odio.<br />
- Tráemelas, Laura.<br />
Con gran celeridad, esperando siempre agradar a su amo, Laura se dirigió hacia su hermana, cogió las bragas de su mano y se las entregó a Nacho. Eran blancas, a juego con el resto del vestido, y suaves, muy suaves. Debían de haber costado un dineral. Las mujeres no suelen escatimar gastos para el día de la boda, pensó Nacho. Era una lástima que una vez casadas no siguieran haciendo lo mismo y siempre se decantaran por las grandes y antiestimulantes bragas de algodón en aras de la comodidad.<br />
- Laura. Tu hermanita está muy seria. Creo que tiene hambre. ¿No crees que deberíamos darle algo de comer?<br />
Eva no comprendió la ironía al principio, pero no ocurrió lo mismo con Laura. El tiempo que había pasado bajo la influencia de Nacho la había convertido en una excelente esclava, capaz de entender las más sutiles insinuaciones y los más profundos deseos de su amo.<br />
- Supongo que tenías pensado que la noche de tu boda ibas a tener ocasión de prácticas nuevas experiencias, hermanita. Ahora vas a poder realizarlas, pero no con la persona que tú creías. ¡Arrodíllate ante el amo!<br />
Sin posibilidad de dudar o de resistirse, pero sin mostrar el más mínimo entusiasmo, Eva siguió las instrucciones al pie de la letra. Se levantó de la cama y se arrodilló ante Nacho. La gran cortina de tela de su falda se expandió a su alrededor formando una mullida alfombra brillante. Comenzaba a comprender lo que se esperaba de ella. Miró a su hermana. Pensó que tal vez la posibilidad de que otra mujer también tocara el cuerpo de &#8220;su amo&#8221; podría causarle un sentimiento de celos que podría utilizar para liberarla del control de Nacho. Pero se equivocó. Al contrario de lo que esperaba, Laura no mostraba indicios de celos o de envidia, sino una enorme excitación. Eva seguía sin comprender que su hermana solo existía para el placer de Nacho. Que su propia hermana hiciera el amor con su dueño solo la llenaba de goce y orgullo por haber servido bien a su señor.<br />
- ¿Acaso tengo que decirte lo que tienes que hacer, hermanita?<br />
El sarcasmo en la voz de Laura era evidente. Pero Eva no estaba dispuesta a darles el placer de obedecer. Solo bajo el irresistible influjo hipnótico sería capaz de realizar lo que se le pedía. Muy en su interior, esperaba realmente poder resistir la necesidad de obedecer.<br />
Como si estuviera tocando un objeto de incalculable valor, Laura desabrochó los pantalones de Nacho, dejando al descubierto su enhiesto pene, tremendamente excitado por la situación actual, mientras daba instrucciones a su hermana.<br />
- ¡Escúchame, hermana! Durante todo el tiempo que saliste con Nacho, jamás le dejaste tocar tu cuerpo, ni te dignaste a tocar el suyo. Ahora vamos a remediar aquel pequeño descuido. Vas a practicarle la mejor mamada que jamás hayas podido imaginar. Utilizarás tu boca, tus labios, tu lengua y tu garganta como jamás creíste que fueras capaz de hacer, sin preocuparte en lo más mínimo de tus propios sentimientos ni de tu placer personal. Y cuando consigas hacer salir el jugo de nuestro amo, lo tragarás todo, sin dejar una sola gota caer al suelo ni ensuciar tu virginal vestido de novia. ¿Has entendido?<br />
A pesar de la repugnancia que le causaba la idea de tragar el semen de Nacho, Eva no tuvo más remedio que responder.<br />
- Sí<br />
Y sin poder resistir, tal vez sin intentarlo siquiera, cogió el pene de Nacho con la mano y comenzó a masturbarle. Después de un par de movimientos introdujo el pene en su boca y acarició el glande con la lengua, al tiempo que movía su cabeza arriba y abajo masturbándolo con los labios.<br />
Nacho cerró los ojos. A pesar de estar apenas en el principio de la masturbación, el placer era inmenso. Había estado con Laura docenas de veces desde que la hipnotizó por primera vez. Había hecho el amor con ella de montones de formas distintas. Había disfrutado de su cuerpo como ninguna mujer deja jamás que un hombre disfrute de ella. Pero a pesar de todo, seguía excitándolo. Su presencia en aquella habitación, semidesnuda, no podía dejar de mantenerle continuamente excitado. Pero tanto o más que la visión del cuerpo de Laura, lo excitaba la subyugación de su hermana. No la tenía directamente bajo su poder, pero controlaba a la persona que la controlaba a ella. El amor que sintió por Eva se había convertido en odio al principio de su abandono, pero después, desde el momento en que hipnotizó a su hermana, el odio fue dejando paso al deseo de venganza. Y la satisfacción de estar cumpliendo su sueño se convirtió en una fuerte excitación sexual.<br />
Por no mencionar la visión de una mujer, en el día de su boda con otro hombre y vestida para la ocasión, arrodillada a sus pies y chupándole el pene, que aquello también era algo capaz de excitar a un muerto.<br />
A pesar de que Eva no era ninguna experta, el trabajo que estaba realizando era magnífico. Las órdenesde Laura habían sido utilizar todas las partes de su boca, incluyendo su garganta, para acrecentar el placer de Nacho, y así lo estaba haciendo. Al principio sintió un presagio de arcadas, pero poco a poco se fue acostumbrando a mover libremente el órgano masculino por el interior de toda su boca y las arcadas fueron sustituidas por frenéticos movimientos con la lengua.<br />
Mirando el rostro de Nacho, Laura era la mujer más feliz del mundo. La enorme mueca de placer y satisfacción que su amo estaba sintiendo repercutía en su cuerpo como si fuera ella misma la que recibía el placer. Sin poder evitarlo y a pesar de que Nacho no le había dado permiso para hacerlo, paso sus dedos por el interior de sus pequeñas y transparentes bragas negras y los introdujo en su vagina, comenzando una masturbación basada exclusivamente en la visión del placer de su amo. Mientras tanto, con la otra mano acariciaba y pellizcaba sus pezones sin dejar de mirar tanto el rostro de Nacho como su pene, que desaparecía por momentos en el interior de la boca de Eva. Faltaba muy poco para que su amo se corriera, y decidió hacerlo al mismo tiempo que él.<br />
- ¡Basta!<br />
La brusca orden de Nacho la sacó de sus pensamientos y de la proximidad de su orgasmo. Sin pensarlo dos veces, cogió la larga cabellera rubia de su hermana y tiró de ella hacia atrás, provocando un pequeño grito de dolor en Eva. Con una enorme preocupación en su voz, se dirigió a Nacho.<br />
- ¿Que ocurre, amo? ¿Acaso esta zorra ha hecho algo que no te ha gustado? ¿Acaso te ha hecho daño?<br />
Nacho sonrió complacido por el sincero tono de preocupación en la voz de su esclava.<br />
- No. No es nada de eso. Solo que no quiero correrme todavía. La noche es larga y quiero disfrutar de ella.<br />
Ya más tranquilizada, Laura respiró con deseo hacia su dueño.<br />
- ¿Que quieres que hagamos ahora, amo?<br />
- Pienso que un poco de amor lésbico no quedaría mal en la habitación, y de paso tu participarás un poco en el juego. ¿Te apetece?<br />
El brillo en los ojos de Laura alcanzó unos límites insospechados.<br />
- ¡Gracias amo! ¡Gracias!<br />
Y volviéndose hacia su hermana, le ordenó que se tumbara de nuevo sobre la cama.<br />
- ¡Abre las piernas, hermanita! Voy a hacerte gozar como nadie lo ha hecho hasta ahora.<br />
Eva no pudo evitar hacerlo, mientras notaba como Laura levantaba la falda del vestido, dejando toda la parte inferior de su cuerpo al descubierto. Sintió la mirada de Nacho sobre su sexo, no menos ávida que la de su hermana. Durante unos segundos tomó consciencia de los sentimientos que despertaba en ambos. Tumbada sobre la cama, vestida con un traje de novia, descalza, la falda levantada, con medias blancas y liguero a juego, sin bragas y con las piernas completamente abiertas, mostrando sin pudor, aunque no por su propia voluntad, su mayor intimidad para que un hombre y una mujer, su propia hermana, lo miraran e hicieran con ella lo que quisieran. Si hubiera podido sonreír, de estar en otra situación, lo hubiera hecho, puesto que no podía dejar de pensar que ella misma hubiera podido sentirse excitada de esa visión.<br />
Todavía estaba inmersa en sus pensamientos cuando notó el húmedo calor de una lengua sobre su sexo. Los primeros movimientos le parecieron de tanteo, como si intentaran encontrar un camino entre la no demasiado abundante mata de pelo rubio que cubría su sexo. Dos días antes de la boda se había entretenido depilando todas las partes de su cuerpo, poniendo especial interés en las zonas más íntimas, esperando que su futuro marido se diera cuenta del buen trabajo que había realizado pensando en él. Ahora era su hermana la que disfrutaba de su previsión. Encontrado ya el camino hacia el interior de su sexo, ayudada por las dos manos a mantener abierto el corredor entre la mata de pelo, la lengua de Laura comenzó su gratificante trabajo. A pesar de odiar a muerte a Nacho y a su hermana por obligarla a hacer aquello, las continuas caricias sobre su clítoris y sobre las paredes de su vagina comenzaban a excitarla realmente. Intentaba ignorar el placer que le causaban los sabios y expertos movimientos de su hermana, pero no podía evitarlos. Sabía que no era la hipnosis la que causaba aquel reconfortante calorcillo que comenzaba a ascender por todo su cuerpo desde su clítoris. Y eso era precisamente lo que más la molestaba. A pesar de haber sido obligada, hipnotizada, medio raptada y casi violada, sentía placer por todo aquello. Sintió asco hacia sí misma, pero lo ignoró cuando notó la proximidad del orgasmo.<br />
Laura sabía que su hermana estaba disfrutando. Podía oírlo en sus gemidos, notarlo en los movimientos de su cuerpo e intuirlo en sus ojos cerrados como solo una mujer puede hacer. Sabía que Nacho las estaba mirando y que disfrutaría del placer que le estaba provocando a su hermana. Disfrutaría cuando ella se corriera, cuando gimiera de placer y se descompusiera sabiendo que el orgasmo no había sido causa de la hipnosis. Y disfrutaría aún más por el hecho de que Eva se odiaría a sí misma por hacer disfrutado en aquella situación. Incrementó la fuerza y la velocidad de los movimientos de su lengua sobre el clítoris de su hermana para forzarla a alcanzar el clímax.<br />
Nacho disfrutaba, en efecto, de aquel espectáculo. Había una mujer sobre la cama, vestida de novia y desnuda de cintura para abajo que estaba a punto de llegar al orgasmo, y había otra mujer, vestida con excitante lencería negra que era la que estaba causando su placer. Desde donde él estaba sentado apenas apreciaba más que el hermoso trasero de Laura moviéndose insinuante ante sus ojos. A pesar de tener puestos los cinco sentidos en dar placer a su hermana, Laura todavía conservaba la imaginación suficiente como para mover su culo excitantemente ante Nacho, sabiendo que como su propio cuerpo le impedía la clara visión del sexo de su hermana debía de poder disfrutar de algo mientras escuchaba los gemidos de Eva.<br />
Y así era, efectivamente. Disfrutando de todo aquel espectáculo, Nacho utilizaba una de sus manos para masturbarse lentamente mientras escuchaba los gemidos de Eva y contemplaba sus piernas cubiertas por las medias blancas, el trasero casi desnudo de Laura y sus hermosas piernas, también cubiertas por la suave oscuridad de las medias.<br />
La explosión del placer de Eva no les llegó de sorpresa a ninguno. Mientras su cuerpo se estremecía una y otra vez, la lengua de Laura no dejaba de entrometerse en aquel orgasmo, intentando prolongarlo lo más posible. La velocidad con que Nacho se estaba masturbando aumentó el ritmo mientras los gemidos de Eva resonaban por la habitación, y esta, intentando reprimirlos, no podía dejar de odiarse a sí misma por estar disfrutando del mejor orgasmo de toda su vida.<br />
Con el rostro orgulloso de su hazaña y cubierto por el orgasmo de su hermana, Laura miró a Nacho, cuyos movimientos sobre su pene habían vuelto a la monotonía del que quiere darse placer aunque sin querer alcanzar todavía el clímax. A pesar de notar pequeñas gotas del orgasmo de su hermana corriendo por su cara, no se los limpió, sabiendo que su visión acrecentaría el placer de su amo.<br />
- ¿Puedo desnudarla ya, amo?<br />
- Si. Quiero verla sin ese vestido de novia.<br />
Dirigió una mirada de triunfó hacia su hermana. Eva no podía llorar porque Laura se lo había prohibido. Sabía lo que iba a hacer a continuación, y a pesar de no querer hacerlo, comenzó a desabrochar los pequeños enganches que mantenían el vestido sujeto. Ni siquiera esperó la orden de su hermana. Ya no tenía miedo de ellos. Ya apenas les odiaba. Seguía sintiendo temor, pero en esta ocasión era hacia sus propios sentimientos. Quería más. ¡Dios! Había sentido el mejor orgasmo de su vida y quería más. Sabía que si seguía todas las órdenes podría sentir más, y a pesar del momentáneo asco que sintió hacia sí misma, decidió acallar su conciencia y colaborar en lo posible. De cualquier forma ellos iban a lograr lo que querían. Tal vez, y solo tal vez, si ella colaboraba lograría disfrutar un poco más.<br />
Una vez acabó con los enganches, se levantó. Con la ayuda de Laura, deslizó el vestido por encima de su cabeza y lo tiró al suelo. Todo su cuerpo quedó al descubierto. Su sujetador blanco era semitransparente y muy excitante, a juego con las bragas que ahora reposaban en el regazo de Nacho.<br />
- Colocaros las dos juntas, una al lado de la otra. Quiero comparar vuestros cuerpos.<br />
Complaciendo a su amo, Laura se colocó rápidamente frente a Nacho y junto a Eva. Esta hizo lo mismo, aunque con menos celeridad que su hermana.<br />
- Laura, dame tus bragas.<br />
Sin dejar de mirar el rostro de Nacho, haciendo de cada uno de sus movimientos una clara insinuación, Laura deslizó sus manos sobre sus bragas y las empujó hacia abajo disfrutando de cada segundo. Levantó una pierna y la sacó del agujero de las bragas. Después levantó la otra pierna y repitió la operación. No tuvo prisa en hacerlo en ninguna de las dos ocasiones. Sabía que a Nacho le gustaba ver desvestirse a una mujer y quería convertir cualquier simple acto en un íntimo strip-tease para su placer. Una vez tuvo las bragas en su mano, se las dio a Nacho. Sin mirarlas, éste las estrujó con su mano un par de veces antes de dejarlas sobre su regazo, junto a las de Eva.<br />
Ahora las dos mujeres estaban igual. Las dos llevaban tan solo el sujetador, las medias y el liguero. El contraste era verdaderamente excitante. Laura era morena, muy morena. Su ropa interior era completamente negra, al igual que el pelo de su pubis. Por contra, Eva era rubia, aunque sin ser una explosiva rubia platino. Su sujetador era blanco, como el liguero y las medias. Las dos tenían mas o menos la misma estatura, pero Laura tenía los pechos sensiblemente más grandes que Eva. Las piernas eran hermosas en los dos casos, largas y sensuales. Ambas se habían depilado el pubis. Eva para la boda, y Laura lo cuidaba intensamente desde que cayó bajo la influencia de Nacho.<br />
Nacho no dejaba de masturbarse, pero notó un cierto dolor en su órgano con la visión de aquellas dos hermosas mujeres ante él. Dos cuerpos para el pecado dispuestos a cumplir todos sus deseos, todas sus órdenes, todos sus caprichos.<br />
- ¡El sujetador!<br />
Ninguna de las dos dudó en esta ocasión. Ambas movieron rápidamente sus manos hacia sus espaldas para abrir los cierres. Eva fue más rápida. No pretendía excitar a Nacho, sino simplemente seguir su orden. Laura alargó más el momento, cubriendo incluso durante un instante sus pechos con los brazos, mientras se quitaba la prenda. Toda la operación la realizó mirando fijamente los ojos de Nacho, intentando apreciar si sus movimientos le gustaban.<br />
Finalmente Nacho pudo apreciar la sensible diferencia entre los abundantes pechos de Laura y los mas pequeños aunque respingones de Eva. La verdad es que los pechos de Eva no podían considerarse realmente pequeños. Vista ella sola, o comparada con muchas otras mujeres, sus pechos tenían un tamaño normal, incluso un poco grandes, pero comparados con la enorme masa de carne de su hermana quedaban empequeñecidos.<br />
Mientras ambas mujeres se disputaban las miradas de Nacho, este se levantó y comenzó a quitarse la ropa. Comenzó con la camisa, dejando al descubierto su torso, que fue inundado de inmediato por el deseo en la mirada de Laura. Siguió con los pantalones, que ya tenía desabrochados. Finalmente quedó completamente desnudo. Miró primero a Laura, que le devolvió la mirada ofreciéndole al mismo tiempo su alma. Después miró a Eva. Por primera vez en toda la noche, Eva también le devolvió la mirada, pero en esta ocasión no había temor en ella. Ni siquiera odio. Era una mirada desafiante. El deseo la había introducido en el juego, y quería demostrar que no era menos que Laura, y que ella también era capaz de ofrecer placer.<br />
La firme convicción de su mirada la permitió ganar aquel asalto.<br />
- Eva, sobre la cama, a cuatro patas.<br />
Sin dudar, sin rechistar, sin planteárselo dos veces, Eva dio media vuelta y se colocó en la posición exigida. Laura se tumbó a su lado, con el rostro cerca de su sexo, dispuesta a disfrutar del espectáculo.<br />
Nacho subió encima de la cama y se colocó de rodillas. La visión del excitante trasero de Eva estuvo a punto de producirle un orgasmo, que con todas sus fuerzas se obligó a reprimir.<br />
- Laura, ponte a su lado<br />
La orden fue inmediatamente cumplida por su apasionada esclava. Disputándose un pequeño hueco en la cama junto a su hermana, dispuso su cuerpo junto al suyo, también a cuatro patas, aunque cuando estuvo colocada, bajó al máximo sus brazos y su cabeza, adoptando una posición de mayor sumisión aún si cabía. Aquello casi fue demasiado para Nacho. Además del hermoso cuerpo de Eva tenía a su disposición a su más sumisa esclava. Laura, que consciente de la enorme excitación que su cuerpo era capaz de ofrecer en aquella postura, intentaba elevar al máximo posible su trasero. También era consciente de que su sexo quedaba totalmente a merced de su amo, puesto que la mayor altitud alcanzada por la parte trasera de su cuerpo otorgaba una excelente visión tanto de su culo como de su pubis. Dispuesta a ganar la batalla por los favores de Nacho, aplicaba a sus movimientos una indecencia que tal vez no conocieran ni las más profesionales entre las prostitutas del mundo.<br />
La mayor experiencia de Laura en el arte de la seducción de su amo hizo que Nacho decidiera cambiar su primera intención de penetrar a Eva en detrimento de su hermana.<br />
Cogiéndola por las caderas, introdujo su excitado órgano en el interior del cuerpo de Laura, que demostró un claro estremecimiento de placer al sentir en sus entrañas el preciado órgano de su amo. Casi al instante, Laura alcanzó su primer orgasmo de la noche. Desde que Nacho la convirtiera en su esclava, Laura era capaz de alcanzar multitud de orgasmos en pocos minutos. A pesar de estar disfrutando del placer máximo que una mujer es capaz de alcanzar, su cuerpo no dejaba de moverse al ritmo de los movimientos de Nacho, intentando procurarle placer, en detrimento del suyo propio. Una de las manos de Nacho se deslizó desde su cadera hasta sus pechos, amasándolos y apretujándolos con muy poco interés en que ella disfrutara. Pero el efecto que Laura recibía no era más que placer y más placer. Cualquier contacto de Nacho con sus partes más sensibles la llevaba una y otra vez al clímax. Todavía con los residuos del primer orgasmo en su cerebro, el poco delicado masaje de sus pechos la condujo inevitablemente al segundo. Nacho lo sabía, porque así la había programado durante las interminables sesiones de hipnosis. Sabía que cualquier cosa que él hiciera tendría como resultado el placer de ella, y que dicho placer no hacía más que excitarla cada vez más.<br />
Pero también sabía que su propia potencia sexual era limitada. Casi al borde del orgasmo, extrajo su órgano del cuerpo de Laura sin aviso, produciéndole a su vez el tercer orgasmo y haciendo que se desplomara sobre la cama para disfrutar de él, ya sin la necesidad de reprimir su placer para facilitar el de su amo.<br />
Nacho quería correrse dentro del cuerpo de Eva, y por ello se deslizó sobre la cama para introducir cómodamente su pene por el agujero que su otra esclava también dejaba al descubierto. El interior de la vagina de Eva era más estrecho que el de su hermana, produciéndole un enorme placer tanto a él como a ella, que comenzaba a mover su cuerpo sin demasiadas inhibiciones.<br />
- Muévete, hermanita. Muévete y haz disfrutar a nuestro amo<br />
Si quedaba algún resto de decencia o de dudas en la mente de Eva, las incitantes palabras de su hermana habían acabado con ellos. En respuesta a las órdenes de Laura, su cuerpo comenzó a estremecerse aún con más fuerza mientras sentía los rítmicos embates de Nacho sobre ella. Inducida por la hipnótica influencia de la voz de Laura, su principal deseo era el de hacer disfrutar a Nacho del encuentro amoroso, pero a pesar de ello, y siempre sin dejar de mover su cuerpo para producir placer más que para recibirlo, sus ansias de recibir más y más placer se estaban cumpliendo sin restricciones. Jamás hubiera podido creer que hacer el amor con Nacho fuera una experiencia tan maravillosa. Se sentía liberada de todas las ataduras terrestres, de su pasado, de su futuro, e incluso de su propio y recién estrenado marido. Tal vez si hubiera llegado a hacer el amor con Nacho cuando eran novios jamás le hubiera dejado, y jamás hubieran llegado a este momento.<br />
Pero de repente todos sus pensamientos dejaron de tener sentido. Un estremecedor fogonazo de placer inundó su mente justo en el instante en que sintió el fruto del orgasmo de Nacho invadir sus entrañas. Con cada uno de los últimos estertores del clímax de Nacho, su propio cuerpo se vio invadido por un extremo placer no alcanzado jamás anteriormente, ni siguiera por el causado por su hermana pocos minutos antes. Su conocimiento del mundo del sexo y del placer había sido muy limitado hasta esos momentos. Breves escarceos amorosos con diversos hombres, y algunas pocas ocasiones con su actual marido antes de la boda no la habían preparado para el mundo que Nacho y su hermana le habían hecho descubrir. Se desplomó sin fuerzas sobre la cama, notando como el pene de Nacho resbalaba fuera de su vagina. Con los ojos entreabiertos, comprobó como aquel mágico músculo se encogía por momentos y alcanzaba una flacidez imposible de adivinar pocos segundos antes. Sin tiempo a que el órgano acabara de volver a su posición habitual, Laura se abalanzó sobre él, y con un enorme cariño solo comparable con el que las madres proporcionan a sus hijos, lo introdujo en su boca para limpiar con su lengua los restos delatores del placer del que pocos segundos antes había sido testigo.<br />
Desnuda, indefensa sobre la cama, Eva comprobó como Laura y Nacho se fundían en un abrazo que poco tenía que ver con el amor convencional. No pudo entender las palabras que él susurró al oído de su hermana. Al cabo de un momento, sintió la fría mirada de Laura sobre sus ojos, y comprobó como sus labios se abrían y cerraban diciendo algo que no llegó a entender, porque la oscuridad invadió su mente y el sueño la venció sin condiciones.<br />
Sus ojos se abrieron lentamente sin comprender del todo lo que ocurría ni donde se encontraba. Su hermana Laura estaba junto a ella, en lo que al parecer era la habitación del hotel. Su recién estrenado esposo también se encontraba allí, y sus padres y algunos de los invitados.<br />
- ¿Ya te encuentras mejor, querida?<br />
La preocupación latente en las palabras de su marido la desconcertaron durante un instante.<br />
- Menos mal que no ha sido nada &#8211; esta vez era Laura la que hablaba &#8211; Cuando la he visto desplomarse al suelo desmayada creía que me moría del susto.<br />
Aquello era cada vez más confuso.<br />
- ¿Que me ha ocurrido? &#8211; pudo decir al fin<br />
- Te has desmayado, querida. Habías venido a la habitación con Laura y por lo visto el cansancio de todo el día ha podido contigo y te has desmayado. Laura ha venido corriendo a buscar ayuda, pero no ha sido nada grave. Gracias a Dios ya te has recuperado.<br />
Confusa, Eva se miró a sí misma. Estaba completamente vestida, a excepción de los zapatos, y tumbada sobre la cama. No recordaba nada desde el momento en que había entrado en la habitación. Sentía un inmenso vació negro en su mente y un penetrante dolor de cabeza cuando intentaba recordar lo ocurrido durante esos momentos. Tenían razón. Probablemente el vacío en su memoria había sido debido a un desmayo. El cansancio de todo el día la había dejado agotada.<br />
- Estoy bien. Dejad de preocuparos y volvamos a la fiesta. Mañana me encontraré perfectamente, cuando haya descansado un poco.<br />
- Tiene razón. Dejadla descansar y que corra un poco el aire por la habitación. Dejad de agobiarla y volved a la fiesta. Ahora mismo bajaremos nosotras.<br />
Laura comenzó a echar a gente de la habitación.<br />
- Me quedaré contigo &#8211; dijo con preocupación el amante esposo<br />
- Ni hablar. Eva estará bien dentro de quince o veinte minutos, así que vete abajo con tus invitados, y nosotras bajaremos dentro de un rato. Haz caso a tu cuñada y verás como toda va bien.<br />
Refunfuñando, todos se fueron de la habitación dejando solas a las dos hermanas.<br />
- Creo que he tenido una pesadilla durante mi desmayo. Me encuentro increíblemente agotada y estoy toda sudada. Y este maldito liguero&#8230;<br />
Sus ojos se abrieron como platos mientras intentaba colocarse el liguero en el sitio.<br />
- ¡Laura! ¡Mis bragas!<br />
Miró a su hermana con una pregunta en sus ojos.<br />
- ¡No llevo las bragas!<br />
- Un pequeño descuido que deberemos de solucionar cuando vuelvas a despertar, hermanita.<br />
Eva la miraba desconcertada mientras la veía meter su mano bajo la cama y sacar sus hermosas bragas blancas.<br />
- ¿Como&#8230;?<br />
- No te preocupes por nada, hermanita. Solo cierra los ojos y descansa un rato.<br />
- Pero&#8230;<br />
- Duerme, hermanita&#8230; duerme&#8230;</p>
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		<title>Hada del pantano</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Apr 2006 10:59:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todavía recuerdo como me salvaste de la ciénaga al cogerme de la mano y como me conducías por los sitios seguros que solo tu conoces, esquivando las arenas movedizas y los insectos que inundan estas pantanosas aguas.
También recuerdo como con tu serenidad me llevaste hasta la seguridad de las rocas que años y años de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todavía recuerdo como me salvaste de la ciénaga al cogerme de la mano y como me conducías por los sitios seguros que solo tu conoces, esquivando las arenas movedizas y los insectos que inundan estas pantanosas aguas.<br />
También recuerdo como con tu serenidad me llevaste hasta la seguridad de las rocas que años y años de erosión no han podido desgastar por ser rocas formadas hace millones de años tras violentas explosiones volcánicas y ríos incandescentes de lava.<br />
Tampoco podría olvidar como me enseñaste tu morada, profunda, húmeda, plagada de una capa fina de musgo verde, donde te escondes de las maldades de este mundo y como cogiéndome de la mano me guiaste por las oscuras y laberínticas grutas que la recorren.<span id="more-181"></span></p>
<p>Ni que decir tiene, mi bella hada, que cuando al llegar a tus aposentos escarbados con tenacidad por ejércitos de criaturas que desconozco, no pude disimular mi asombro, al descubrir que muy pocos seres han visto tan maravillosas estructuras y no solo me refiero a la construcción de tu aposento sino que, con esa luz que invadía cada rincón de piedra que no se veía de donde procedía, me refiero también a tu silueta, no me había fijado antes, ahora puedo ver tu cuerpo cubierto por sedas elficas transparentes y mis afortunados ojos pueden apreciar tus pechos dorados tibiamente a través de la seda, la aureola que los encumbra como marca en la seda puntos de referencia, la cintura que contrasta afrodisíacamente con el respingón y delicioso culito que se pega a la fina seda, se contonee mientras te alejas para coger algún tipo de liquido que no quiero saber ni de que esta echo, te acercas maliciosamente, lo puedo apreciar en tus pupilas brillantes, veo también como entre tus muslos se agita mientras te contoneas tu sexo, puedo apreciar su textura, puedo sentir su humedad, puedo oler su aroma.</p>
<p>Como me iba a olvidar yo el momento en el que destapaste el liquido azulado y con unas gotitas colocadas en la yema de tu dedo recorrías mi cuello, mis hombros, mis pechos, mi vientre, mis caderas y mi espalda, no se lo que hace ese liquido pero te puedo decir hada hechicera que me dejaste inmóvil, a tu merced, y como seguramente tenias planeado, mi cuerpo solo respondía a tus deseos.</p>
<p>Quien en su sano juicio podría olvidar cuando como místicamente me tumbaste en la gran mesa, que gobernaba el recinto, de piedra pulida y fría fue mi sensación, un leve arqueo de mi cuerpo lo revelaba y como una dominadora con una fuerte presión de tu brazo, impediste bruscamente que mi cuerpo se arquease. Una pierna asomó por encima de la mesa mientras con las manos retirabas la seda que impedía tu ágil movilidad, dejando al descubierto los muslos mas dulces y prietos que nunca ser humano ha visto. Como buena jinete montaste sobre mi cintura humedeciendo mi ombligo con los jugos de tu excitado sexo, con las manos me atrapaste mis mejillas y descendiendo la cabeza mordiéndote los labios acercaste tu lengua a mis labios que en esos momentos no deseaban otra cosa que sentir el calor de esa lengua que asuma viciosamente entre los dientes blancos de tu sonrisa.</p>
<p>Cuando esa boca devoradora tuya, recorrió mi cuello, bajo por mi pecho y se detuvo en mis pezones duros como piedras, mi pene rozo ligeramente tus nalgas se incremento sensiblemente su erección ya de por si considerable.<br />
Agitaste tu cabeza delante de la mía y tus largos cabellos invadieron mi rostro como tentáculos mortales y seductores.<br />
Se lo que quieres, pero con ese liquido que me has untado no puedo moverme apenas, y con una mirada cómplice y sin articular ni una palabra, los dos pensamientos sincronizados, hicieron que te girases sobre mi vientre dejando que pudiera admirar la gema de las hadas, una delicia, increíble y única joya de la naturaleza, al mismo tiempo sentí como tus manos se apoderaban de mi pene, casi con avidez y con las dos manos exploraste cada milímetro de su longitud, a la vez bajaste tu cintura lo suficiente para que en mi boca aterrice suavemente tu sexo, húmedo, tan húmedo que moja mi boca, ahora cada aspiración es un éxtasis olfativo, cada sabor una explosión erótica, cada pliegue que siento bajo mi lengua es un tapiz cósmico, necesito recorrerlo en toda su magnitud, de delante a tras, busco la perlita que tímidamente sobresale de su reposo, es única también, pequeñita pero magnifica, tierna, delicada, y como tal con mi lengua y dibujando círculos en torno a ella la recorro y solo a veces, la aprisiono entre mis labios carnosos.</p>
<p>Tampoco te olvides que mi pene en estos momentos esta en tu boca y desaparece tan deliciosamente entre tus labios como solo las hadas saben hacerlo, sujetándolo desde la base y jugando con los dientes y la lengua, llevándolo casi al limite, notas que esta lubricado y preparado para que entre en tu coñito mágico, dejas que mi lengua y mis dedos jueguen un segundo mas con lo tuyo y de un salto rápido, con precisión de un relojero ajustas las posiciones de ambos para que se acople suavecito, uuhhhmmmmm, no sabes bien la suerte que tengo de poseer a un hada de los pantanos elficos, ningún ser humano lo ha hecho antes y eso hace que mi miembro crezca aun mas dentro de ti, lo notas y aceleras el ritmo que tu marcas.</p>
<p>Dos minutos o tres horas mas tarde, no recuerdo bien perdí la noción del tiempo, notas como comienzan las convulsiones de mi aparato, con tus manos en mis pechos y las mías en los tuyos, aceleras un poco mas mientras tu cabeza se inclina hacia atrás y tu pelo cae lascivamente por tu espalda, mi semen inunda tu ávido coñito desbordando todas las presiones, chorreando por los recovecos que quedan entre movimientos, has hecho y no se como que coincida tu orgasmico momento con el mío y se mezclan nuestros jugos en un éxtasis de aromas sexuales y perversos.<br />
Tampoco seré capaz de olvidar como tu cuerpo rendido cae sobre el mío, tu cabeza descansa sobre mi hombro mientras al oído te digo.<br />
Hada del pantano, no solo has salvado mi vida, sino que también me la acabas de quitar, ahora sabes que seré tu esclavo.</p>
<p>Con un rápido movimiento de tu cadera, agitas en la mano lo que parece una daga, pulida, labrada íntegramente en diamante bruto, con certera precisión lo hundes en mi corazón&#8230;&#8230; Sé que no me heriste, por que de echo te estoy escribiendo esta carta, pero ahora comprendo lo que hiciste y es que me partiste el corazón al no querer que nunca nadie pudiera poseer mi corazón completo, lo hiciste trocitos pequeños, para que los pudiese repartir por el mundo de los humanos.</p>
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		<title>Buscando a la mujer 10</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Apr 2006 23:07:38 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>
		<category><![CDATA[hetero-primero]]></category>
		<category><![CDATA[ninfomanos]]></category>

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		<description><![CDATA[ sus 39 años, Santiago era lo que podría llamarse un solterón. No llegó a mi consulta por iniciativa propia sino porque una de sus novias le pidió, o mejor, le suplicó, que pidiera ayuda profesional. Era un hombre alto, bien parecido, algo cortante, desconfiado, inteligente, educado y económicamente próspero. Mostraba esa extraña combinación que fascina [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font size="2"> sus 39 años, Santiago era lo que podría llamarse un solterón. No llegó a mi consulta por iniciativa propia sino porque una de sus novias le pidió, o mejor, le suplicó, que pidiera ayuda profesional. Era un hombre alto, bien parecido, algo cortante, desconfiado, inteligente, educado y económicamente próspero. Mostraba esa extraña combinación que fascina a las mujeres con instinto suicida.<br />
<span id="more-173"></span><br />
Había estudiado ingeniería, pero estaba dedicado a las finanzas y desde hacía quince años dirigía la sucursal principal de una importante empresa. Su filosofía de vida giraba alrededor de la excelencia. Ordenado, autoexigente y quisquilloso, nunca se pasaba de la raya ni la pisaba. No llegaba tarde, pagaba por anticipado, no contraía deudas, no decía malas palabras y jamás perdía la compostura. Una extraña mezcla de alemán de la posguerra, inglés clásico y cirujano plástico.</p>
<p>Sin embargo, esta aparente pulcritud comportamental estaba lejos de configurar un estilo santurrón. Santiago no tenía un pelo de tonto, de nerd o de cándido. Le encantaban las mujeres, las emociones fuertes, los deportes extremos, las juergas y rumbas pesadas, y practicaba activamente el sexo en todas sus formas. Aunque no tenía muchos amigos las amigas le sobraban. Las había ido acumulando a lo largo de la vida y cumplían la función de soporte social en aquellos momentos de ocio cuando la soledad se volvía irritante.<br />
Cuando le pregunté por qué no se había casado contestó: “No me hable de eso, ha sido mi mayor dolor de cabeza. Es muy difícil dar con alguien que valga la pena”. En los últimos siete años había tenido veintidós novias “formales” y un montón de aventuras intrascendentes.<br />
Aceptaba el matrimonio como institución, quería tener hijos y todo lo demás, pero según él, había que pensarlo muy bien: “En esto uno no se puede equivocar, es una decisión que se debe tomar con la cabeza fría y los pies en la tierra. Aquí no puede haber errores ni reversa”. Para Santiago, casarse significaba entregarle la mitad de la vida a una desconocida. La unión conyugal no era percibida como la alianza entre dos sujetos independientes, sino como una asociación molecular donde cada uno desaparecía en el otro: la creación de un Frankestein afectivo. Esta tétrica visión del vínculo nupcial lo colocaba a la defensiva durante las veinticuatro horas. Debía estar totalmente seguro de que la fusión amorosa no resultara dañina a sus intereses. Por tal razón, la espontaneidad natural y fluida que debería acompañar cualquier aproximación empática, se convertía para Santiago en una responsabilidad agobiante y extenuante: “No puedo equivocarme”.</p>
<p>De este modo, cada mujer era sometida al más minucioso escrutinio. En el término de dos o tres meses la novia de turno era literalmente invadida en su privacidad. Familia, conocidos, historia personal, enfermedades, gustos, creencias y aspiraciones, todo era revisado y rigurosamente esculcado. Mente y cuerpo, interiores y exteriores. Con la exactitud de un anatomista, cada detalle era disecado, sopesado y examinado a la luz de sus necesidades.<br />
De más está decir que todo este proceso evaluativo pasaba totalmente inadvertido para las aspirantes, las cuales no se daban por enteradas, ni siquiera después del repentino y fulminante adiós que solía llegarles como un baldado de agua fría. Un día cualquiera, sin aviso ni “preaviso”, se acababan las visitas, ya no pasaba al teléfono y desaparecía del mapa, como si nunca hubiera existido.</p>
<p>Además de lo anterior, cada ruptura estaba mediada por una táctica adicional muy particular: no se desprendía de un noviazgo si no tenía otro a la mano. La condición era que la última conquista siempre debía poseer el atributo del que carecía su precursora. Su modus operandi era avanzar sigilosamente por saltos, sobreponiendo una nueva relación a la anterior hasta acabar con la más vieja. La infidelidad era la estrategia que le permitía preparar el terreno para no quedarse en el aire durante la transición. Las redes de su implacable seducción estaban todo el tiempo tendidas, por si alguna mejor candidata, en algún sentido importante para él, aparecía. Conclusión: a todas les había sido infiel.</p>
<p>La causa del “despido” podía ser prácticamente cualquier cosa que le pareciera inadecuada o no negociable. En cierta ocasión, después de casi dos meses de relación, en un momento de rabia la novia levantó la voz y lo regañó. Nunca había pasado antes. Eso produjo en él una reacción totalmente desproporcionada. Comenzó a indagar los por qué, los cómo, los cuándo y los dónde de la “falta de respeto”. Se dedicó sistemáticamente a confrontar y martirizar a la transgresora mediante la manipulación directa de la culpa: “Nadie me había faltado al respeto antes”, “tu conducta no es normal”, “si me quisieras, no me hubieras tratado así” o “estoy muy mal desde aquella vez”. En fin, los intentos de reparación y las reiteradas disculpas por parte de ella no surtieron ningún efecto. Mientras tanto, el interés se había dirigido a un sector menos contestatario: “mujeres sumisas y respetuosas”. El reemplazo no tardó en llegar: una muchacha quince años menor que él, abnegada y totalmente obediente ocupó su lugar.</p>
<p>Háblame de esta joven – le pregunté en consulta.<br />
A él le gustaba mi terapia, no tardamos en convertirnos en amigos después de un tiempo en el cual decliné amablemente sus invitaciones y le mostré que conmigo podía hablar sin ningún tipo de inhibición, que nada de lo que me dijera iba a salir de mi consultorio y lo mejor de todo, que nada de lo que dijera me iba a sorprender, yo creía haberlo oído todo. Nuestra relación terapeuta-paciente se volvió para él, como buen hombre competitivo que era, en una especie de franca lucha por parte suya para tratar de sorprenderme por el lado que fuera y por parte mía para tratar de “enderezar” su vida.<br />
Que refrescante es poder hablar contigo – a la semana ya me tuteaba a pesar de mi seriedad – ya se que puedo contarte mis intimidades, es como si me quitara un peso de encima – prosiguió él – con ninguna mujer puedo hablar así.</p>
<p>¿Quieres hablar de tus intimidades con ella en este momento? – pregunté – si es así adelante, estoy para escucharte.<br />
¿Puede creer que esta mujer de 24 años fue virgen hasta ayer? – comenzó con un tono de superioridad – para ella soy una especie de deidad, es la mujer respetuosa y sumisa que andaba buscando y ayer me entregó algo que tenía reservado para el hombre de su vida: su virginidad.</p>
<p>Ella vive con sus padres los cuales hasta ahora han pasado mis pequeñas pruebas personales – comenzó a contarme. Ayer pasé a recogerla a las 7 p.m. supuestamente para ir a cenar y luego a una fiesta en casa de mi mejor amigo. Ella estaba preciosa, con su rubio cabello suelto, poco maquillada, un vestido de una sola pieza hasta mitad de la rodilla, azul que es mi color favorito haciendo juego con sus enormes ojos, un suéter colgando de sus hombros, pocas joyas, poco escote, todo mesura. Sus padres, confían en mí ciegamente y le permitieron volver a casa a las 2 a.m., es una familia muy tradicional, el padre algo machista, como debe ser.<br />
Ella iba algo nerviosa, siempre ha sido muy tímida, prácticamente solo habla cuando yo le pregunto algo. Camino al restaurante mis planes cambiaron “ligeramente”. Al subirse al automóvil su falda se subió un poco, solo lo justo para alcanzar a observar parte de sus muslos, lo cual me nubló el cerebro. Sin preguntarle siquiera me dirigí a uno de los mejores hoteles de la ciudad en donde nos registramos como Sr. y Sra. tal….</p>
<p>Ella abrió los ojos desmesuradamente pero no dijo nada… subimos a la enorme habitación donde continué poniendo en práctica mi ritual No. 6.</p>
<p>Santiago notó una mirada interrogante de mi parte ante sus palabras y me contó con detalles en qué consistía su famoso “ritual No. 6”.<br />
La tomé en brazos en la puerta de la alcoba – me dijo riendo – la entré alzada cual recién casados, susurrándole al oído que esa sería algo así como nuestra noche de bodas, esto con el objetivo que ella se calmara y cooperara un poco, nada peor que una mujer que se tumbe en la cama con las piernas abiertas y la mirada perdida. Yo sabía que de ella no podía esperar mucho y más cuando en el mismísimo instante me confeso sonrojándose su inexperiencia. Esto me encendió aún más… mmmm como me gusta desvirgar…. La llevé junto a la cama donde la deposité como un príncipe azul a su princesa – dijo irónicamente, convencido de su propia “genialidad” – y la besé de inmediato en los labios con suavidad, controlándome mucho.</p>
<p>Le dije lo que se usa en estos casos “no va a pasar nada que tu no quieras que pase” y ella asintió un poco mas confiada. Básicamente el ritual consiste en hacer sentir a la mujer inexperta y virginal que la relación terminará en matrimonio, en ir lentamente, en portarse como un hombre comprensivo, que escucha. Comencé a desvestirla lentamente aunque antes tuve que apagar las luces, dejando solo una pequeña lámpara encendida, esto con el fin de respetar su pudor y que se relajara cada vez más. Como era de esperarse tuve que desnudarme yo mismo aunque dejé para el final la ropa interior de ambos. Haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad para no lanzarme sobre ella como un animal en celo, preparé la cama y entre besos y caricias suaves y superficiales nos metimos bajo las sábanas, parecíamos un par de esposos….<br />
Allí la abracé y la contemplé… realmente era tan hermosa vestida como semidesnuda. No la miré a los ojos para no turbarla, ella parecía querer evitar mi mirada, yo comencé a acariciarla, concentrándome en sus pezones, frotándolos por encima del sostén. Ellos respondieron a mis caricias erectándose, luego bajé directamente hasta el interior de sus muslos y de allí pasé a acariciar su rajita por encima de los panties.<br />
Mis caricias redundaron en cambios positivos en ella, en cosas que ya no podía controlar, se rindió a mí, su ropa interior se empapó, su respiración se tornó entrecortada, sus pezones parecían querer reventar el sostén, su boca comenzó a buscar también la mía. Aunque yo todo el tiempo tomé la iniciativa, ella jamás dijo no, se dejó llevar. La despojé de su ropa interior y procedí a besar todo su cuerpo, por delante y por detrás.</p>
<p>Ella se notaba excitadísima pero en ningún momento me pidió nada, ni una palabra medianamente sucia como “¡fóllame ya!” fue musitada por ella, aunque era de esperarse, era su primera vez. La acosté boca arriba y me subí encima sin penetrarla aún, la rodee con mi cuerpo, la besé en los labios unos minutos y luego apunté mi verga a la entrada de su estrecha vagina. Ni siquiera en este momento se atrevió a decirme para. Separé sus piernas y mi verga comenzó a entrar. Se sentía delicioso, todo el que haya estado con una virgen lo sabe, era tan estrecho, tan apretado… me sentía en la gloria. Ella en ningún momento acusó dolor, se limitó a cerrar los ojos, mitad placer mitad estupor… su cuerpo me decía miles de cosas al responder al mío pero ella no me decía nada, yo no sabía que quería ella ni que estaba sintiendo. Mi verga llegó al fondo, rompió su himen y siguió un poco más aún. Ella soltó un pequeño gemido entrecortado ¡pero no dijo nada!. Yo empecé a bombearla lentamente. Confieso que en algún momento pensé que lo hacía con la muñeca inflable que tengo en mi casa para los momentos de desesperación o variedad. Minutos después me derramé en su interior, creo que ella no llegó al orgasmo, no estoy seguro…. A lo mejor es frígida… yo de eso no se nada. Cuando terminé me bajé de ella, la bese en los labios y comencé a vestirme indicándole que hiciera lo mismo. Volvimos a su casa y le dije a sus padres que habíamos regresado nada más cenar pues a ella le dolía un poco la cabeza. Ella no se atrevió a contradecirme, supongo que de algún modo estaba feliz de haber cumplido su función de procurarme placer.</p>
<p>En este momento de la charla Santiago se detuvo, miró su reloj y me dijo que tenía que irse.<br />
Una semana después dejó a la chica “sumisa y respetuosa” argumentando que no tenía carácter.<br />
En otra oportunidad terminó abruptamente la relación porque su futura consorte no sabía comer bien (hacía “ruido” cuando tragaba). La cambió por una más refinada, pero al poco tiempo le pareció demasiado encopetada. Una vez, estando en la playa, la nueva amiga se puso una tanga y no se tapó con el pareo ni con la toalla. Esto fue visto por él como una seria falta de pudor y casi de inmediato consiguió su reemplazo: una mujer más recatada, pulcra, aséptica y repleta de valores. A los dos meses y medio se aburrió y la relevó de su cargo por una menos mojigata. Fue entonces cuando regresó como por arte de magia a mi consulta.<br />
Tiempo sin verte Santiago – le dije – ¿que ha pasado de nuevo en tu vida? No se imagina el pedazo de mujer que conocí, – me dijo emocionado –un cuero de lujo aunque la carita de barrio periférico de Los Ángeles no se la quita nadie. Es una mujer diseñada para culiar (ni siquiera tirar) tapándole la cara.</p>
<p>¿Y eso te gusta? – le dije un poco escéptica &#8211; ¿la vez como la mujer de tu vida? Que graciosas y complicadas son ustedes las mujeres – me dijo con sorna – en la variedad esta el placer, solo la quiero para entretenerme un rato mientras aparece algo mejor en el panorama, eso es mejor que pajearme ¿no cree? ¿Quieres hablarme de esta nueva adquisición? – le pregunté procurando no parecer irónica, ante todo soy muy profesional.</p>
<p>La conocí una mañana de sábado hace como dos semanas y por la noche ya estaba en su cama – comenzó. Fuimos a su apartamento porque ni loco la llevaba al mío ni quería tirarme la plata en moteles, esa hembra no da ni para eso. Tiene 30 años, vive sola desde los 20, siempre ha sido muy independiente.</p>
<p>Su cuarto es un templo a la pintura erótica y sus cajones están llenos de lencería fina y de juguetes sexuales, todo un volcán esta mujer…. Desde el principio ella tomó la iniciativa, no bien hubo cerrado la puerta principal me agarró de la corbata y me atrajo hacia ella. Me atropelló con sus labios, mordiéndome… toda una salvaje, una bomba sexual. Me empujó contra la pared y me tomó por las nalgas, restregó su cadera contra mi paquete, se frotó una y otra vez como si estuviera en celo. Yo no acababa de reponerme de una de sus movidas cuando me sorprendía con otra. Literalmente me arrancó la ropa y se lanzó a devorar mi cuello… me lo dejó lleno de moretones pero en el momento lo disfruté; es gratificante sentir que alguien te tiene “ganas”, que te desea de esa forma animal e instintiva. Me hizo una tremenda felación en el sofá que me puso varias veces a punto de venirme. Sin duda la mejor mamada que me han hecho en la vida, me lamió una y otra vez desde los huevos hasta el glande, no supe como logró meterse mi verga hasta la garganta, casi hasta poner los ojos en blanco, con técnica y a la vez improvisando cuando el momento así lo requería, apretándome, amasándome, haciéndome sentir un objeto sexual. Luego agarró mi verga entre sus tetas y comenzó a moverse verticalmente, pajeándome entre ellas de manera que al bajar me daba un lametón en la punta. No tardé en correrme agarrándola por el pelo, derramándome en su cara y tetas.</p>
<p>Me llevo casi a rastras hasta su cuarto después. Me daba un poco de asco chuparle el coño… quien sabe con cuantos hombres se habría acostado y si era o no aseada así que me limité a hacerle un buen dedito y a chuparle las tetas después de limpiarle la lefa con el primer trapo que encontré a mano. Se corrió escandalosamente en mis dedos y para ese momento estaba empalmado de nuevo así que me puse un condón y sin mayores preámbulos se la metí hasta el fondo. La verga casi me bailaba allí adentro pero igual se sentía bien y ella se movía como una loca. Alcancé a sentir los últimos latidos de su orgasmo. No bien se repuso se dio la vuelta y se abrió las nalgas invitándome a penetrarle el culo. Me pareció la mejor alternativa dadas las circunstancias, la bombee por allí hasta terminar casi al tiempo.</p>
<p>Luego me vestí mecánicamente y me fui. Tuve que usar suéter de cuello alto toda la semana gracias a los moretones que me dejó. La volví a ver un par de veces y aún conservo su número por si acaso, aunque sea para recomendarla a algún amigo necesitado.<br />
La terapia terminó por ese día, Santiago se fue temprano de mi consultorio pues al parecer tenía una cita romántica con su nuevo prospecto, o más bien con su nueva víctima.<br />
Otras causas de profundo desengaño fueron el tamaño de los senos, el color de los ojos, la estatura, el lenguaje ordinario de la que sería su suegra, el mal gusto para vestirse, las piernas gordas, las piernas flacas, muy lanzada en la cama, muy fría en la cama, negarse a comprarle palomitas de maíz en el cine, ser mala cocinera, muchos novios anteriores, pocos novios anteriores, no devolverle un libro el día indicado, y así.</p>
<p>Santiago dejó todas sus relaciones empezadas. Pese a la intención de acercarse al lado positivo, una y otra vez se empantanaba en lo negativo. Por ver el árbol no veía el bosque. Como decía Gibrán: “Los hombres incapaces de perdonar a las mujeres sus leves defectos, nunca conocerán sus grandes virtudes”.</p>
<p>Después de unas vacaciones de diciembre me llamó para despedirse porque la empresa lo había trasladado a Nueva Zelanda. A los cuatro meses recibí una postal donde relataba haber conocido a una francesa que parecía reunir, al fin, los requisitos esperados. Nunca más supe de él. Es probable que la franchuta haya sido reemplazada por otra más “anglosajona” y que aún deambule por la realidad virtual de sus deseos tratando de alcanzar lo imposible. El pronóstico de los perfeccionistas afectivos como Santiago es poco halagador. De manera similar a los protagonistas de la obra de Samuel Beckett, Esperando a Godoy, quien es muy exigente en el amor, se pasa la vida aguardando a un personaje que no llega jamás y que ni siquiera sabe si existe.</font></p>
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		<title>Matando el Tiempo en la Computadora</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Apr 2006 13:45:48 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>
		<category><![CDATA[sexo-virtual]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi historia comienza un día cualquiera, en la que Adrián, mataba el tiempo delante del ordenador. Recientemente había descubierto una página nueva, donde podía bajarse videos eróticos y poner anuncios de contactos. Desde muy joven, siempre había tenido la fantasía de ser desvirgado por una mujer madura que le iniciase y enseñase todo lo relativo al sexo; al igual que la mayoría de los hombres, a sus 28 años, seguía sin cumplir su fantasía. Tras acabar de masturbarse y manchar otra toalla, últimamente iba a toalla por visita a la página, decidió poner más anuncios a cuarentonas con fotos. Así pasó una tarde más. <span id="more-171"></span><br />
Adrián tenía todo el sexo que quería con su pareja actual, una chica de grandes atributos a la par que su apetito sexual, sin embargo el morbo y la tentación de buscar lo prohibido y novedoso, le atormentaba día si y día no.<br />
Cierto día en un pub, tomando algo con su compañera y tras recorrer con la vista todo cuerpo femenino, se fijó en una mujer de pelo rubio y pechos turgentes que tomaba algo en una mesa. Su corta minifalda y su amplio escote, hacían muy difícil el apartar la vista de su golosa figura. Varias veces le cazo su compañera girando la cabeza, pero adrián no podía dejar de mirar; tenia el miembro duro como un tronco y el calzoncillo empapado y de buena gana hubiese saltado sobre la madura mujer y la hubiese poseído. Coincidió que mientras su pareja estaba en el servicio, la mujer rubia se levanto y pasando al lado de la mesa, dejó caer un papel en el regazo de Adrián, para salir a continuación. Éste lo guardo apresuradamente, ya que en ese momento volvía su pareja.</p>
<p>Al llegar a casa, estaba como un flan por leer lo que ponía la nota. Su novia le preguntó varias veces que le sucedía mientras se le incitaba, tocándole el paquete. La excitación del pub, la bebida más todo lo que había pasado hizo el resto. Adrián le levanto la camiseta y le comenzó a comer los pezones y morderlos suavemente, hasta ponerlos a duros, luego fue bajando poco a poco, mientras ella se desnudaba, recodiendo con su lengua las partes que iban quedando desnudas. Al llegar al clítoris, empezó a chupar y saborear su sexo hasta notar que se mojaba, entonces le introdujo los dedos índice y corazón a la par pasaba su lengua una y otra vez por sus labios menores para acabar cogiendo con sus dientes, el clítoris y apretarlo muy levemente. Tras muchos gemidos y contorsiones, ella se corrió. Ahora le tocaba a él, tras introducirse su polla empezó a follársela con los labios apretados y los dientes abrazando el glande. Adrián de dejó hace, más en su cabeza era la rubia del pub la que se la estaba mamando y no su compañera. No tardo en correrse en las tetas de ella. Tras los típicos besos y abrazos se durmieron. Se levantó en mitad de la noche, sudoroso y excitado, había soñado con la mujer misteriosa y ardía en deseos de leer la nota. Se levanto y en silencio se fue hasta el salón a leerla. La nota decía:</p>
<p>“TE HE RECONOCIDO ADONIS69, TODAVÍA ESPERO ESO QUE ME IBAS A HACER POR TODO EL CUERPO”.<br />
Adrián se quedó helado, aquel nombre era su nick en los contactos y por lo que ponía la nota, aquella mujer era uno de ellos. Como loco, encendió el ordenador en busca de fotos de las mujeres a las que había mandado mensajes, pero tenía tantos que no la encontró. Tras escuchar a su novia preguntando donde andaba, se acostó.<br />
Pasó la semana y el viernes se la ingenió para volver al pub donde le habían reconocido, aprovechando que su mujer no quiso salir. Al entrar en el pub no vio a la mujer sentada en ninguna parte, hasta que la descubrió en la barra, mirándole fijamente. Adrián se dirigió hacia ella, nervioso y excitado a la vez, y le dijo:<br />
- ¡Hola!, me llamo Adrián y creo que me conoces.<br />
- Sshhhhh, nada de nombres. Ven conmigo.<br />
Ella se levantó y salió del pub en dirección a su coche. Él la siguió como un perro faldero sin voluntad propia.<br />
Ya en el coche, ella le comentó que le había reconocido por los contactos que le había mandado, ya que llevaba la misma camisa hortera que en la foto del perfil. Le dijo que estaba separada y que quería ese montón de besos y orgasmos que le había prometido en su mensaje. Adrián no sabía ni que hacer ni que decir, más ella se encargó de todo.<br />
Paró el coche en una zona despoblada y reclinando el asiento hacia atrás, se levanto la falda, dejando a la vista su hermoso sexo, totalmente depilado mientras le decía ¡Cómemelo!. Sin pensárselo ni un momento, Adrián se sumergió en esa golosa vulva y empezó a chupar y dar lametazos. Ella no hacía mas que gemir, mientras clavaba sus largas uñas en la cabeza de Adrián, hundiéndola en su sexo. No supo el tiempo que estuvo comiéndole el coño, lo que si sabía era que ella se había corrido un par de veces gracias a su lengua y dedos.<br />
Tras echar los dos asientos hacia atrás y desnudos completamente, la mujer le ató a los agarramanos y le ordenó ponerse entre los dos asiento, de forma que la palanca de cambios le quedase entre las piernas, al lado de su tiesa verga. Sin mas dilación, empezó a moverse y a bajar lentamente hasta rozar con su húmedo coño la polla del sorprendido y muy caliente Adrián, el cual, tras rozarle unas cuantas veces no pudo evitar correrse, para vergüenza suya. Ella no pareció sorprenderse y poniendo su encharcado coño en la boca de Adrián, comenzó a limpiarle la polla de los restos de semen de la corrida, para acabar chupándosela. Todo esto provoco que el miembro de Adrián volviese a crecer y endurecerse, pero no por mucho tiempo, ya que entre las succiones y los pequeños mordiscos de ella, se volvió a correr sin remedio. Ahora no vas a poder joderme, con eso tan blandengue, le gritó ella. Tendré que buscarme algo duro y sin pensárselo dos veces se puso en cuclillas y comenzó a introducirse la palanca de cambios muy lentamente, ante los atónitos ojos de Adrián. Este no se lo creía, la mujer se sus fantasías se estaba follando así misma con el cambio de marchas mientras se magreaba y auto mordía los pezones. Así estuvo hasta que estallo en un intenso orgasmo; rápidamente se saco del coño la palanca y se lo puso en la boca. Este lo chupo y se tragó todo el flujo que pudo, mas de repente la muy guarra empezó a orinarse en la boca y rostro de Adrián, el pobre intento no tragar, pero acabo bebiéndoselo todo. Lo más extraño es que esto le excito mucho. Al terminar le desató y le dijo que no había cumplido lo prometido y que para joderse ella misma no le necesitaba para nada. Acto seguido se vistió y arrancó el coche sin esperar a que el atónito y humillado Adrián se pusiera la ropa, llevándole de nuevo al pub. Al bajarse del coche, Adrián le escucho decir: Si quieres volver a intentar satisfacerme, tendrás que convencerme a tú mujer para que participe, y se marchó.</p>
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