Buscar
Relatos
Categorías

Cuando llegué a casa, él me esperaba sentado, como la mayoría de las veces leyendo el periódico. Los pies sobre la mesa y cara de concentración. Había sido un día duro de trabajo, pero extraño, incluso diría que placentero. Durante toda la mañana había estado fantaseando en la oficina, erotizada, de esas veces en las que es imposible controlar el deseo que a una le recorre el cuerpo…por cada milímetro de la piel, sin saber el motivo. Recuerdo que aquel día, llevaba una blusa blanca y una falda de ejecutiva. Hacía calor y me desabroché algunos botones del escote. Me quité el sujetador sin deshacerme de la blusa, me oprimía el pecho y me apetecía estar cómoda. Fui a la nevera y me serví un poco de zumo de naranja. Carlos seguía a lo suyo, y yo me puse frente a él. Sin ninguna intención, simplemente me quedé pensativa por unos instantes. Unas gotas de zumo resbalaron por mi cuello, deslizándose por el escote camino al canalillo. Continúa »

Todo comenzó varios años atrás, en el primer año de la universidad. Yo vivía en pleno centro de Buenos Aires, en un departamento de estilo francés, con tres amigos más. La conocí en una clase de filosofía y con la excusa de estudiar juntos nos fuimos a mi morada. Sabía que por la tarde mis compañeros no estarían allí, que llegarían recién entrada la noche, así que teníamos toda la tranquilidad del mundo. Si bien Mirna me parecía simpática, no me había fijado bien en ella hasta que nos encontramos solos estudiando en el comedor. La paz de aquel departamento contrarrestaba con su ubicación en pleno microcentro, lo cual, daba al entrar una cierta sensación de refugio. Nos encontrábamos cada uno repasando su texto con la idea de debatirlo después; lo primero que encontré seductor fue la manera en la que se encontraba sumergida en el libro, con mucha profundidad y serenidad a la vez. Continúa »

Era agosto de 1998. Tenía yo 19 añitos. La ventana de mi cuarto daba exactamente al patio de ropas de la casa de los Vargas; unos vecinos excelentes, colaboradores y muy atentos.

Por esa época los Vargas trajeron a su casa una sirvienta para que los ayudara en las labores. Estaba yo en cuarto semestre en la Universidad y esta mujer no dejó pasar un mes para que yo viviera una etapa que marcó mi vida sexual para siempre.

Como ya lo había dicho, desde mi habitación se veía el cuarto de ropas donde Blanca, la sirvienta; dejaría ver sus instintos más salvajes sólo para mí.
Blanca era una mujer jóven, aunque mayor que yo. Tenía 29 años, venía de la Costa Atlántica (mujeres muy lindas), su acento la delataba. Medía 1.65 m, su piel trigueña (ni blanca, ni morena) hacía juego con sus ojos grandes, negros y con su cabello de hembra; largo, rizado, del mismo color de sus ojos. Sus labios eran gruesos. Esa mujer sólo inspiraba sexo. Continúa »

A Elia la conocí dando un curso en una Universidad de provincia. Yo iba dos días, una vez al mes, y a la quinta visita, penúltima, consumé la conquista. Era la más brillante alumna del grupo. Tenía 22 años, y era de mediana estatura, grandes ojos color miel, cara sonriente y pecosa y cabello castaño claro, con tonalidades rojizas. De cuerpo estaba aún mejor: fuertes y blancas piernas que solía enfundar en ajustados jeans o presumir bajo pequeñas minifaldas, un culo alegre de vivir y unos grandes melones sobre una cintura de sueño. Usaba blusas tejidas que apenas contenían sus grandes pechos, y yo, mientras daba clase, no podía dejar de verlos. Continúa »

Todo empezó una noche de verano eran como las 11:30 de la noche y no tenia sueño, estaba muy excitado, por que un rato atrás estuve viendo fotos calientes de todo tipo en el internet y con mi calentura a mil, me puse a buscar sexo en el Chat. No me importaba si era hombre o mujer yo solo quería tener una noche alocada de pasión y aventura. Continúa »

Navigation

Calendar

Septiembre 2010
L M X J V S D
« May    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Feeds and Credits