Era agosto de 1998. Tenía yo 19 añitos. La ventana de mi cuarto daba exactamente al patio de ropas de la casa de los Vargas; unos vecinos excelentes, colaboradores y muy atentos.
Por esa época los Vargas trajeron a su casa una sirvienta para que los ayudara en las labores. Estaba yo en cuarto semestre en la Universidad y esta mujer no dejó pasar un mes para que yo viviera una etapa que marcó mi vida sexual para siempre.
Como ya lo había dicho, desde mi habitación se veía el cuarto de ropas donde Blanca, la sirvienta; dejaría ver sus instintos más salvajes sólo para mí.
Blanca era una mujer jóven, aunque mayor que yo. Tenía 29 años, venía de la Costa Atlántica (mujeres muy lindas), su acento la delataba. Medía 1.65 m, su piel trigueña (ni blanca, ni morena) hacía juego con sus ojos grandes, negros y con su cabello de hembra; largo, rizado, del mismo color de sus ojos. Sus labios eran gruesos. Esa mujer sólo inspiraba sexo. Continúa »
Antonio trabajaba de tallando piezas de manera de forma artesanal, tenia 35 años, y se había pasado los últimos 18 tallando piezas.
Siempre era lo mismo, una pieza tras otra. En su empresa se dedicaban a hacer piezas de madera para muebles de calidad, en ella trabajaban mujeres y hombres, las mujeres se dedicaban a lijar y pulir las piezas y los hombres a tallarlas y montarlas. Cada tallista tenía una persona que le ayudaba a pulir las piezas. Había diversidad de piezas, se tallaban crucifijos, brazos para sillas y sillones, pies para mesas, cabeceras de camas y piezas únicas que se hacían por encargo. Continúa »
Esto que les voy a contar se inició seis meses atrás cuando en mi negocio fue necesario despedir a la secretaria. Platicando con un vecino me contó que su esposa no tenía trabajo y si era posible que considerara contratarla. Consideré la propuesta pues necesitaba una persona de confianza que se encargara de estas actividades. Continúa »
Como habréis adivinado, formo parte del harén de hembras jóvenes, hermosas y con clase que de vez en cuando, y con una gran compensación económica, se presta a follar con los jeques maduros que tienen ganas de meter su polla oriental en deliciosos y bien cuidados coños occidentales. Continúa »
Mi nombre es Kathy y me desempeño como secretaria en una empresa que
esta surgiendo y la historia que les paso a relatar me sucedió cuando
quise ascender a asistente. A mis 25 años ya había logrado tener un puesto en esta empresa de la que les hablo, pero quería seguir subiendo para obtener una mejor
remuneración económica, Continúa »
Son las once menos cinco, como casi todas las mañanas D. Adolfo asoma su asquerosa cara por la puerta y dice: – Mónica quiero un café y rápido. Acto seguido se vuelve a meter en su despacho. Las miradas furtivas, las risitas y los comentarios de mis compañeros, me hacen ponerme roja pese a que ya debería estar acostumbrada. Continúa »