Estando en el colegio de gobierno, tenía 17 años, a todas las estudiantes nos hacían vestir las horribles faldas de cuadros, con calcetas blancas hasta la rodilla y nuestros zapatos negros, además de una delgada blusa blanca.
Yo era una chica bastante atractiva, según las opiniones de todos los chicos que conocía.
Y yo no lo negaba, pues mis pechos había llegado ya a una etapa de desarrollo bastante notable, casi a su actual y hermoso tamaño adulto. En fin, en una de esas tardes en que no tenía nada que hacer, como de costumbre, fui al baño a echarme agua fría en la cara. Continúa »
Pasaron unos días sin novedad, menos mal porque ninguno de nosotros hubiera soportado ese ritmo. Mis clases se iban normalizando; parece que los chicos entendían que aunque lo que poseían de nosotras y nuestras actividades lúdicas era una verdadera bomba, tal vez no era el momento de usarla. Ya se sabe que los intereses de los jóvenes cambian mucho y puede que este receso, Beti, la madre de Juan consiguiera confiscar las fotos y el vídeo que tanto nos comprometía. Continúa »
Se hacia tarde y al otro día me esperaba una jornada laboral agitada como siempre. La vi. Nada en ella era demasiado llamativo excepto su corta edad. Despidiéndome nos presentaron y yo no me fui.
Hablamos de cosas generales, creo que nada memorable como suele pasar en estos casos. Entre sus silencios entreví una luz y no pude resistir la tentación de abrir una puerta. Continúa »
El lunes y martes siguiente fui al entrenamiento de rugby, pero no ví a Rubén. Por un lado estaba aliviado, pero por otro lado estaba algo intranquilo. Más allá de haberme hecho confidente de su pequeño secreto, era mi amigo. Y también tenía que darle razón. La experiencia de haberme metido un dedo enjabonado en el culo había sido inquietante… excitante.
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Como habréis adivinado, formo parte del harén de hembras jóvenes, hermosas y con clase que de vez en cuando, y con una gran compensación económica, se presta a follar con los jeques maduros que tienen ganas de meter su polla oriental en deliciosos y bien cuidados coños occidentales. Continúa »
Después de los sucesos que les conté en el relato anterior me hice muy amiga de Tamara y nos queríamos mucho por eso con ella pasaba momentos placenteros los que a veces compartíamos con su hermano.
Debido a esto un día me invitó a pasar unos días en la chacra de su abuelo el que había quedado viudo hace poco y se encontraba muy solo y triste y tal vez nuestra visita podría animarlo. Continúa »
Laurita volvía a su casa por un camino de tierra, cargada con una pesada cesta llena de queso que le había mandado comprar su madre, acompañada de su hermana pequeña, Ana, de 4 años. Laurita era una muchacha lozana y bella, que hacia girar los cuellos de todos los hombres del pueblo cuando pasaba ante ellos con sus caminares salerosos. Continúa »
Soy una chica de 22 años muy alta de 1.70 cm. , cuerpo muy bien torneado con un par de pechos un poco grandes (soy talla 36 C) y un trasero muy apetitoso. Siempre fui una chica muy tímida, pero muy caliente. Me encantan los hombres de trajecito, oficinistas algunos son muy feos pero tienen un atractivo sexual muuuy grande. Siempre coqueteo con ellos desde los 17 años y en una de esas ocaciones un hombre alto, velludito de pecho y con panza un poco grande pero de facciones muy feas muy toscas, me llamo mucho la atención, comencé a mirarlo y lo llegue a incomodar se puso rojito, lo incite a que me siguiera pero parece que no se animo, así que seguí mi camino hacia la escuela por metro (el que viva en el DF conoce el caos en el metro a las 8 de la mañana) eran tantas las personas que deseaban llegar a tiempo a sus trabajos que los vagones se llenan de manera bestial. Continúa »