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Agarrándote el culo con las manos, te empiezo a follar fuerte, sintiendo en cada una de mis embestidas mis huevos venir a tocar las pinzas que tienes puestas y provocando que tu boca venga a meterse más adentro de la raja de Cora. 

 

Oigo el relato de los hechos y, sintiendo la ira poseerme, no puedo evitar soltarte un violento bofetón. Caes de espaldas y tu cabeza golpea contra la pared. Quedas tirada e inmóvil en el suelo, lloriqueando. Me has defraudado, sucia perra. Una vez más. Continúa »

Tarde comprendí que lo que me había pedido mi amo, era una misión difícil de llevar a cabo, y no pude evitar que aquellos hombres lograran su propósito. 

 

Este es un relato que escribí hace mucho con un amigo virtual.
El regreso a casa tras uno de esos cansados y estresantes viajes de trabajo, siempre me supone un privilegiado momento de paz y de agradable reencuentro con las cosas que me son familiares y queridas. En ese entorno agradable y reconfortante, mientras deshago la maleta, ordeno un poquito mis cosas y me preparo a tomar una reparadora ducha muy caliente, siento ganas de verte. O, mejor dicho, el deseo de tenerte, de utilizarte, de poseerte. Y de comenzar a poner en práctica todos esos planes que imaginé durante mi viaje. Todo eso comienza a provocarme una prometedora erección. Decido llamarte sin demora. Continúa »

Luego introduje mi polla en ese ardiente agujero, lentamente, pero sin parar hasta que la tuve dentro hasta los mismos huevos. Mamen era ya un desahogo de gritos, cada vez más fuertes y al ritmo de las embestidas de mi miembro.

A Mamen la conozco desde que íbamos al mismo colegio mixto, de esos en que los chicos y las chicas hacen gimnasia juntos. Mamen era una de esas chicas de goma que siempre sacaban diez en gimnasia y cuya primera imagen recurrente era la de sus ajustadas mallas negras metiéndose delatoras, para su vergüenza, entre la raja de su culito redondo y respingón. Continúa »

El siguiente relato que os escribo sucedió hace unos años, con una conocida, no éramos amigos, ni salíamos juntos nunca, solo nos conocíamos de haber coincidido un año en el colegio, cuando nos veíamos nos saludábamos, y de ahí no pasaba la cosa. Ella se llamaba Virginia, estaba buena, medía 1.75, pesaba 55 kilos, de complexión normal algo delgada, morena, pelo liso largo, guapa, con cara aniñada, lo cual daba bastante morbo, de pecho no tenía mucho, su culito redondito y respingón y las piernas largas.
Un día, me la encontré por la noche en un bar, nada más verme se me abalanzó sobre mí, me dio dos besos y me dijo que me fuera con ella, yo estaba flipando, no teníamos casi confianza ninguna pero ese día actuaba como si nos conociéramos de toda la vida, como si fuéramos amigos íntimos, me cogió de la mano y nos fuimos a la puerta del bar, allí me preguntó si quería probar una cosa nueva, yo intrigado y sorprendido le dije que sí, así que la acompañé a su coche y ella me llevó a su casa. Continúa »

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