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	<title>Relatos Eroticos</title>
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	<description>Cientos de relatos de sexo actualizados a diario</description>
	<pubDate>Sun, 30 Apr 2006 23:24:53 +0000</pubDate>
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		<title>Mi amante paraguaya IV</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Apr 2006 23:24:53 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>

		<category><![CDATA[lesbicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Sexo y Traición Eres la mejor hembra que hemos compartido. Te excitas con solo mirarte y te entregas como si fuera la última vez. Quisiera que nos siguiéramos viendo, solo para coger claro está 
 
Karen y yo somos una pareja normal. Ella ya no tiene contacto con su familia en Paraguay, está completamente dedicada a nuestra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sexo y Traición Eres la mejor hembra que hemos compartido. Te excitas con solo mirarte y te entregas como si fuera la última vez. Quisiera que nos siguiéramos viendo, solo para coger claro está </p>
<p> </p>
<p>Karen y yo somos una pareja normal. Ella ya no tiene contacto con su familia en Paraguay, está completamente dedicada a nuestra vida, y su trabajo. Se integró sin problemas a mi grupo de amigos y a mi familia.<span id="more-202"></span><br />
Trabaja unas cuatros horas diarias en una oficina que administra propiedades, se dedica a la casa y últimamente ingresó a un curso de pintura y escultura.<br />
Por mi parte, sigo trabajando en el mismo lugar, trato de ir al gimnasio dos veces a la semana, y comparto las tareas de la casa con Karen.<br />
En fin, una vida sin sobresaltos.</p>
<p>Todo bien hasta que hace unas semanas, volví a casa y encontré a Karen, desnuda en el dormitorio llorando a mares.<br />
Clara - amor, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?</p>
<p>Karen - (que casi no podía hablar, me abrazó) ¿tú me quieres? ¿Todavía te gusto?Clara - pero que dices, tú eres el amor de mi vida. Yo no podría vivir sin tenerte conmigoKaren - te gusto aunque esté tan gorda, alguien me dijo hoy que no entendía como tú, siendo tan joven y elegante, aún deseabas estar conmigo.</p>
<p>Yo no entendía nada, ¿quién habría sido el o la bruta capaz de decir semejante cosa?Después de un rato de consolarla, se calmó y finalmente entendí: una de las compañeras de su curso de pintura, había sido la mala persona. Supe quien era, de inmediato, pues había venido unos días antes para trabajar en casa. Se trataba de una chica muy joven de unos 20 años, qué a partir de que le dijimos que vivíamos juntas, nos miró de diferente forma. De hecho, en un momentito que tuvo a solas conmigo hasta se me insinuó.<br />
Desde ese día cada vez que llama a casa y yo la atiendo, cambia su tono voz y usa frases sugerentes.</p>
<p>Es cierto que Karen estaba más gordita, pero a mi me encantaba su cuerpo. Adoraba cada uno de sus rollitos y sobre todo dar muchas palmadas en sus glúteos hermosos. Adoraba cuando me dejaba depilarla, y pasar aceite en todo su cuerpo desnudo. Verla brillar en la penumbra y comenzar a oler su sexo excitado. Aquella mujer era mi vida y tenía que hacérselo entender.</p>
<p>Esa noche, acaricié todo su cuerpo, besé cada centímetro. Todas las luces del dormitorio estaban encendidas, para que ella pudiera ver el amor y el deseo en mis ojos, mientras la hacía mía una vez más. Le dije las cosas más dulces y amorosas de que era capaz. Me acosté sobre ella para penetrarla con el juguete que más le gustaba. Cuando se incorporó en la cama, sus senos fabulosos, parecían aún más grandes por la excitación, me acurruqué a su lado para mamar como una niña.<br />
Después de un rato de descanso y cuando ella estaba casi dormida, me acomodé entre sus piernas y la penetré esta vez con mi lengua primero y luego casi pude entrar toda mi mano huesuda y fina.</p>
<p>Clara - eres la mujer más hermosa, la que yo amo y no quiero verte jamás llorando porque pienses lo contrario. Yo te deseo cada día, y me gusta tu cuerpo tal y como está, me excita, como tú ni te imaginas verte desnuda en mi cama.<br />
Karen - no pudo responder con palabras, solo me besó profundamente. Su lengua enlazó con la mía y paseó por toda mi boca.<br />
A la mañana siguiente la acompañe a su clase y me aseguré de que la jovencita nos viera. Si decirle nada a Karen, esperé a su &#8220;amiga&#8221; a la salida y le dije unas cuantas cosas, para aclararle la situación. No volvió a molestarnos.</p>
<p>Karen seguía preocupada por sus kilos demás, solía estar de mal humor, y mucha veces ponerse celosa sin motivos. Decidió, finalmente ponerse a dieta y comenzar a realizar ejercicios. En el gimnasio, se hizo de un grupo de mujeres más o menos de su edad, que salían a diario a caminar por la rambla. Poco a poco, fue cambiando su humor, se la notaba más animada, estaba perdiendo peso y eso le hacía bien. Cambió el color de su pelo, volvió a maquillarse y estaba mucho más cariñosa que antes. Una tarde volví casa y escuché voces en la cocina, estaba con una sus compañeras de caminata, preparando unas ensaladas originales. Se las notaba muy unidas y animadas.<br />
Me presentó como su novia, y siguieron muy divertidas en su tarea. Yo tomé un baño y me tiré en la cama a descansar un rato. Como una hora después Karen me buscó para que fuera a cenar.<br />
La cena fue divertida, Rosario, su amiga, era una mujer muy agradable, tenía unos 50 años y si bien no era muy bonita tenía algo que la hacía interesante. Terminamos de cenar y como estaba cansada, me despedí y retiré a dormir. Ellas se quedaron conversando y tomando unos jugos de frutas muy sabrosos que habían preparado.<br />
En la madrugada, sentí la mano de Karen que acariciaba mi espalda y me susurraba su amor al oído. Estaba realmente cansada, así que me limité a recibir la caricia, pero no giré para devolverla.</p>
<p>Unos días después, cuando volví a casa del trabajo, me sorprendió ver luz en la cocina, y que aparentemente no hubiera nadie en casa. Subí a ducharme y cuando salí del baño, escuché susurros en el living. Me acerqué y vi lo que nunca hubiera pensado ver: Rosario susurraba cosas en el oído de Karen, mientras trataba de abrirle la camisa.<br />
Karen se resistió al principio, se mostraba incómoda con las caricias, pero no hacía nada demasiado drástico que detuviera la actitud conquistadora de la otra.<br />
Finalmente, consiguió su objetivo, desnudó el pecho de mi mujer, miró sus tetas dulces y enormes, la miró a los ojos y se besaron con lujuria.<br />
Yo seguía parada en el pasillo detrás de unas cortinas y no podía moverme, quería ver hasta donde llegarían. Rosario se quitó la remera que traía y mostró sus senos pequeños y flácidos, Karen los tomó entre sus manos y jugó con sus pezones hasta que los puso duros. Luego Rosario le ofreció su sexo y Karen lo estimuló hasta que la hizo llegar al clímax.<br />
En ese momento, decidí volver al cuarto y ellas se dieron cuenta de mi presencia. Al instante, Karen entró al dormitorio y no sabía que decir, más que &#8220;perdóname, por favor&#8221;Tuvimos una discusión muy fuerte, me fui de casa durante una semana, hasta que fue a buscarme para decirme que si no la perdonaba se volvía a Paraguay.</p>
<p>Clara - quiero que me digas ¿por qué? ¿Qué sentiste cuando sostuviste entre tus manos esas tetas horribles?. ¿Cuando tocaste su culo lánguido?Karen - ya no recuerdes eso, por favor. Fue un momento de debilidad, ella me sedujo con su forma de ser, ella es una mujer que no ha sido feliz. Hizo que recordara mi vida antes de conocerte.<br />
Clara - no sé que pensar, tú traicionaste mi confianza. Tuviste sexo con otra en nuestra casa, en el mismo lugar donde yo te entregué todo lo que soy. En el mismo lugar donde según tus palabras aprendiste a vivir.</p>
<p>Ella no sabía que decir, solo me abrazó e intentó besarme, pero no se lo permití. Volví a casa esa noche, pero no tuvimos intimidad por mucho tiempo. Mi cabeza no entendía porqué, había tenido esa necesidad de ser infiel, en un momento tan bueno de nuestra relación.<br />
Después de tanto tiempo sin sexo, y de no poder perdonar a Karen, me sentía a punto de explotar. Una amiga me recomendó un lugar para conocer gente nueva, y me esa noche me fui sola, vestida con la ropa más provocativa que tenía.</p>
<p>Tomé unas copas en la barra, hasta que se me acercó una pareja, dos mujeres de más de 50 años, que me invitaron a su mesa. Acepté sin pensarlo, conversamos para conocernos un poco y a medida que avanzaba la noche se pusieron cada vez más atrevidas:</p>
<p>Veterana1 - sos muy linda, ¿no tenés novia?Clara - en este momento no.<br />
Veterana1 - le verdad nos gustaste desde que llegaste y te quisiéramos coger acá mismo.<br />
Veterana2 - (su mano tocando de lleno mi teta derecha), tenemos muchas ganas de oler una conchita fresca.</p>
<p>Esa noche, decididamente no iba a pensar en nada, solo quería coger y que me cogieran. Me convidaron con una pastillita de no sé que, pero que al ratito nomás me puso a mil. Salí del boliche con una de ellas de cada lado y subimos a su coche. Una de ellas se sentó atrás conmigo y me sobó la concha todo el camino, solo pretendía excitarme, pero sin llegar al clímax, yo restregaba mis senos, tan fuerte que se me abrió la camisa y asomó mi sostén de encaje. Nos besamos, duro, porque yo lo necesitaba, la veterana sabía besar muy bien.</p>
<p>Llegamos a una casa muy linda, me ayudaron a bajar del auto y me llevaron abrazada adentro. Fuimos directo al dormitorio, que tenía una cama enorme. Comencé a bailar aunque no había música, una de ellas me abrazó y me besó esta vez con dulzura.</p>
<p>Me desnudaron antes de que me diera cuenta, ellas se desnudaron mutuamente, se besaron y se masturbaron mutuamente mientras yo las observaba.</p>
<p>De pronto me miraron, como si me descubrieran haciendo una travesura, se abalanzaron sobre mi, empujándome sobre la cama. Ataron mis manos juntas a la cabecera de la cama y mientras una me untaba con un delicioso aceite cuyo aroma terminó de transportarme a otro mundo, la otra comenzó a olfatearme toda hasta que llegó a mi sexo. Lo exploró como si fuera la primera vez que veía un sexo de mujer. Podía sentir la punta de sus dedos, separando mis labios, rozando el clítoris, abriendo la entrada a la vagina, sentí su dedo en mi interior y luego su dedo en mi ano. Nunca me había dejado penetrar el ano, fue algo que siempre me impresionó, pero ya era tarde, la veterana metió su dedo sin pedir permiso. Fue una sensación extraña, pero no puedo decir que desagradable.<br />
Luego de un rato cambiaron lugares, y fue la otra mujer la que se ocupó de mi sexo.<br />
Yo no podía ver, pero sentí su lengua que me mojaba con su saliva caliente, escupió en mi concha y esparció la saliva como lubricante. Luego sentí como de un solo golpe me penetraba con algo largo y rugoso. Sentí que entraba hasta el fondo de mis entrañas, luego comenzó a girar y a vibrar. Comencé a gritar con desesperación y sus besos ahogaban los gritos. El placer era indescriptible, pues la otra no dejaba de estimular cada rincón de mi cuerpo con sus manos aceitosas y su lengua caliente. Nunca me había besado tan hábilmente.</p>
<p>Les tuve que rogar que se detuvieran, porque mi cuerpo y mi cabeza estaban totalmente fuera de control. Después de unos momentos, en que me dejaron descansar y comenzaron a besarse y tocarse, creo que me dormí, pero tuve unos sueños altamente eróticos. Al despertar, una de ellas me estaba acariciando y comenzó a besarme ni bien abrí los ojos.</p>
<p>Veterana1 - eres la mejor hembra que hemos compartido. Te excitas con solo mirarte y te entregas como si fuera la última vez. Quisiera que nos siguiéramos viendo, solo para coger claro está, nosotras vivimos juntas desde hace años y no queremos otra intromisión que no sea sexual.</p>
<p>Yo no podía pensar, sus caricias, el tono de su voz y la resaca no me lo permitían. La mujer se acostó y abrió sus piernas, sus manos empujaron mi cabeza hacia su sexo, de color oscuro, y con vello escaso. Tenía un aroma muy dulce, y comencé a lamer, succionar y besar. Ella tomaba sus senos, estimulando con caricias y mordiscos. Comenzó a gemir con tanta intensidad que la otra se despertó y nos miraba complacida.</p>
<p>Sonó mi teléfono, y quebró el clima. No atendí la primera vez, pero insistieron. Era Karen, que quería saber dónde y con quién estaba. No le contesté, corté y apagué el aparato.</p>
<p>Pero ya no pude continuar, me vestí y volví a casa, a prepararme para ir a trabajar.<br />
La pareja me citó para vernos de nuevo, esa noche en el mismo lugar. Fui y esta vez la pastilla estaba en la bebida y no me di cuenta. Esta vez no fuimos a su casa, fuimos a otro club, pero privado. Había parejas masculinas y femeninas.<br />
Nos sentamos en un rincón del salón y una de ellas se arrodilló frente a mí, subió mi falda y bajó mi braga. Me besaba los muslos, y obedeciendo el estímulo se abrieron a las caricias. Me hizo retorcer de placer, tanto que casi caigo al suelo. La otra nos miraba y jugaba con sus tetas. Me pusieron de pie y me quitaron la falda, de manera que de la cintura para abajo, yo estaba desnuda. Comenzamos a bailar, uno se abrazó a mi frente y la otra a la espalda.<br />
Así estuvimos unos 15 minutos, hasta que mis piernas no resistieron y tuvieron que sostenerme para no caer. Me llevaron otra vez a la mesa, me cubrieron y volvieron a bailar solas.</p>
<p>No sé cuanto tiempo estuve allí, pero cuando desperté ya estábamos en su auto, rumbo nuevamente a su cama.<br />
No recuerdo si esa noche hicimos o me hicieron algo más, pues creo que me desmayé al llegar.</p>
<p>Después de esa noche no volví a verlas.<br />
Después de un par de semanas, Karen y yo nos dimos cuenta de que ya no podíamos volver a confiar la una en la otra, así que nos separamos.<br />
Espero haber aprendido algo, después de tanta locura y desenfreno.</p>
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		<title>Mi amante paraguaya III</title>
		<link>http://www.clubrelatos.com/2006/04/30/mi-amante-paraguaya-iii/</link>
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		<pubDate>Sat, 29 Apr 2006 23:22:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[lesbicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Disfrutando el sexo Me ayudó a acostarme y separó mis piernas, sus dedos llenaron mi sexo de lubricante y de pronto la sentí sobre mi. Me dijo, si te duele me dices, y sin más de un golpe me penetró con un pene que estaba atado a sus caderas 
 
Seguimos adelante.
Karen comenzó a buscar trabajo, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Disfrutando el sexo Me ayudó a acostarme y separó mis piernas, sus dedos llenaron mi sexo de lubricante y de pronto la sentí sobre mi. Me dijo, si te duele me dices, y sin más de un golpe me penetró con un pene que estaba atado a sus caderas </p>
<p> </p>
<p>Seguimos adelante.</p>
<p>Karen comenzó a buscar trabajo, y a tramitar su divorcio, pero no volvió a Asunción. Su marido a veces la llamaba y la insultaba, ella ya no se preocupaba por él.<span id="more-201"></span></p>
<p>Una tarde volví a casa y estaba hablando por teléfono. Noté su cambio de actitud cuando me vio. Supe enseguida lo que pasaba, de manera que la encaré de inmediato, manteniendo la calma y mostrándome totalmente comprensiva. Ella debía sentir mi confianza para contarme todo.</p>
<p>Nos besamos rico, y luego cenamos. Finalmente me contó que esa noche iba a salir, porque había conocido a una chica que le gustaba.<br />
&#8220;Bien, ese era nuestro compromiso. Solo te pido que te cuides y que sientas la total libertad de hablar conmigo de lo que sea&#8221;</p>
<p>Me dijo que era una chica muy joven y ardiente que la había abordado en el supermercado. Se vistió con bastante discreción y salió. Yo no pude dormirme hasta que volvió en la madrugada (por su puesto simulé estar dormida). Se acostó muy pegada a mi y me besó en la mejilla.</p>
<p>Al otro día me fui muy temprano, Karen aún dormía. La llamé a mediodía para saber como estaba y decirle lo mucho que la quería. Ella me respondió con el ímpetu y la pasión de siempre.<br />
Pasaron los días y volvió a salir con la misma chica. Cuando volvió, estaba muy alterada.<br />
Clara - ¿Qué te pasa? ¿No te sientes bien?Apenas me contestó y se metió en el baño. Me acerqué a la puerta y la escuché quejarse. Apenas toqué la puerta y entré sin pedir permiso. Estaba sentada y tenía una toalla mojada entre las piernas.</p>
<p>Clara - ¿qué te pasó? ¿Te hicieron daño?</p>
<p>Karen - ellas quisieron jugar más rudo y Sofía perdió el control.</p>
<p>Clara - ¿ellas? ¿Lo hiciste con más de una?</p>
<p>Karen - estaban Sofía y una amiga suya. Fuimos a bailar, y tomé demasiado me excité tanto que acepté coger con las dos. Me ataron a la cama y Sofía me penetró con algo muy grande y rígido. Le pedí que parara pero no me escuchó. Su amiga me mordió muy duro, me duelen mucho los pechos.</p>
<p>Clara - ve a la cama que llamaré al médico.</p>
<p>Karen - no, de ninguna manera, me muero de vergüenza.</p>
<p>Clara - no te preocupes es mi médico de toda la vida. Él te entenderá. Date una ducha pero no te vistas, y acuéstate.</p>
<p>No tenía muchas fuerzas para resistirse, llamé al doctor, le expliqué la situación y enseguida estuvo en casa.</p>
<p>Estuvo con ella un largo rato y le dejó unos calmantes. No tenía nada grave, solamente algunos magullones y las marcas de los dientes de sus amantes desenfrenadas.</p>
<p>Después que el médico se fue y entré en el cuarto, estaba medio dormida. La dejé descansar, pasé el resto de la noche en el sofá.<br />
Al otro día, me pidió disculpas por el espectáculo y me dio las gracias por la comprensión.</p>
<p>Clara - ya calmate, no es para tanto. Pero debes tener más cuidado, a pesar de todo eres muy nueva en esto, y no todo el mundo es responsable.<br />
Karen - perdí la cabeza, tomé demasiado vino y ellas consiguieron excitarme mucho, hasta las dejé comerme en el baño. Perdón, que te lo cuente, pero me sorprende como me dejé llevar.<br />
Clara - quizás yo no te doy todo lo que necesitas, si es así debes decírmelo. Yo quiero hacerte feliz, y hacerte gozar como nadie.<br />
Karen - y lo haces, por favor, no pienses otra cosa. Con nadie me siento como contigo, pero ya sabes que yo necesitaba probar otras cosas.</p>
<p>Se inclinó sobre mí y metió la mano bajo las sábanas buscando mi sexo, comenzó a masturbarme. Yo me quité la camisa de dormir, para ofrecerle mis tetas. Intenté tocarla pero no me dejó. Quería complacerme, pero su cuerpo estaba dolorido todavía.<br />
Me relajé y recibí todas sus caricias, sus besos, que fueron tantas que llegué muy tarde al trabajo.</p>
<p>Me llamó varias veces durante el día y me decía las cosas más atrevidas, para excitarme a la distancia y realmente lo consiguió, tanto que tuve que ir al baño a tocarme mientras la escuchaba.<br />
Al final del día, fui con mis amigas a tomar algo, Karen no nos quiso acompañar, pues todavía no se sentía bien. Pero, extrañamente, me hizo una escena de celos telefónica. Yo me sentí muy mal, había sido un día con muchas contradicciones.<br />
Decidí que esa noche no volvería a casa, me quedaría en casa de una pareja de amigas.</p>
<p>A pesar de mi enojo, ellas son tan divertidas, que la cena estuvo muy bien y conseguí olvidarme de todo. Fuimos a bailar y casualmente me encontré con mi ex, Ana.<br />
Ana estaba sola, conversamos bailamos. Ella sabía como moverse, seguía siendo igual de dominante y posesiva, pero esa noche todo valía. Me invitó a su casa por los viejos tiempos y no pude negarme.<br />
Se desnudó para mí con un baile increíblemente sexy, roció su cuerpo con champagne, y así me bebí casi una botella, lamí cada centímetro de su piel tersa. Sus dedos, entraban en mi boca, y luego iban directo a mi vagina.<br />
Usamos un juguete doble, que nos penetraba a ambas a la vez y así cabalgamos durante horas. Hacía mucho tiempo que no lo hacía, pues Karen no se animaba a penetrarme.<br />
El sexo con Ana, siempre había sido excelente. Gozamos hasta el amanecer, nos duchamos juntas como siempre y me fui a casa con la seguridad de que aquello había sido nada más que una noche de buen sexo.</p>
<p>Después de eso, pasaron dos semanas, en que apenas nos hablábamos. El celibato, ya me estaba matando, de manera que había que buscar la forma de enderezar las cosas.<br />
Decidí provocarla, tomé una ducha con la puerta medio abierta, estuve horas frente al espejo, observando mis pechos y haciendo el examen de rutina. De pronto vi como me espiaba por el espejo. Finalmente tomé mi juguete y me penetré con el, suspirando y jadeando lo más alto que pude.<br />
Hasta que por fin, entró y me tomó por la espalda. Sentí algo frío en su cintura, y sentí su aliento caliente en mi nuca.<br />
Karen - dejame ayudarte, serás mi hembra ardiente. Ya no resisto no tocarte, cada vez que tengo ganas.<br />
Clara - adelante, puedo ser tu hembra hoy y siempre que me desees.</p>
<p>Tomó con su mano el juguete y comenzó a girarlo, entrando y saliendo de mi vagina. Hasta que no pude resistir, entonces me pidió que cerrara los ojos y me llevó a la cama.</p>
<p>Me ayudó a acostarme y separó mis piernas, sus dedos llenaron mi sexo de lubricante y de pronto la sentí sobre mi. Me dijo, si te duele me dices, y sin más de un golpe me penetró con un pene que estaba atado a sus caderas.<br />
Era la primera vez que lo hacía, pero mostraba gran habilidad. Me hizo gritar tanto, que los vecinos del otro apartamento se quejaron.<br />
Desde ese día, ninguna buscó nada afuera, nos complementábamos a la perfección.</p>
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		<title>La Trampa II</title>
		<link>http://www.clubrelatos.com/2006/04/29/la-trampa-ii/</link>
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		<pubDate>Sat, 29 Apr 2006 13:29:24 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>

		<category><![CDATA[sadomaso]]></category>

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		<description><![CDATA[Agarrándote el culo con las manos, te empiezo a follar fuerte, sintiendo en cada una de mis embestidas mis huevos venir a tocar las pinzas que tienes puestas y provocando que tu boca venga a meterse más adentro de la raja de Cora. 
 
Oigo el relato de los hechos y, sintiendo la ira poseerme, no puedo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Agarrándote el culo con las manos, te empiezo a follar fuerte, sintiendo en cada una de mis embestidas mis huevos venir a tocar las pinzas que tienes puestas y provocando que tu boca venga a meterse más adentro de la raja de Cora. </p>
<p> </p>
<p>Oigo el relato de los hechos y, sintiendo la ira poseerme, no puedo evitar soltarte un violento bofetón. Caes de espaldas y tu cabeza golpea contra la pared. Quedas tirada e inmóvil en el suelo, lloriqueando. Me has defraudado, sucia perra. Una vez más.<span id="more-204"></span> Estúpida furcia desobediente. Me has insultado. Incluso en algo tan sencillo e inocente fallaste estrepitosamente. ¿Tan difícil era cumplir tu misión? Simplemente tenías que subir a un autobús, frotar tu vicioso coño penetrado por las bolas (¡que tan generosamente te regalé!), y excitarte con las miradas cargadas de deseo a tu alrededor hasta tener un orgasmo, vivir esa pequeña fantasía y luego venir a contármelo.</p>
<p>Nos habríamos excitado juntos con tus palabras y habríamos follado. Habría chupado tus tiernos pezones, comido el coño de esa manera tan intensa y profunda que tanto te gusta, mamando y chupándote el clítoris hasta hacer correrte gritando de placer, mientras tú me comías el rabo hasta los huevos, poniéndomelo bien duro, para seguidamente haberte taladrado el coño fuerte, cogiéndote desde atrás, como a una perra, de esa manera que tan fuertes y seguidos orgasmos te provoca. Luego me habría corrido sobre tu carita de furcia y visto resbalar sobre ella mi leche mientras tú la empujas con los dedos hacia tu boca para comerla. Pero no. Tú tenías que mamarle la polla al primer puerco que se te puso a tiro. ¡Incluso tragarte su repugnante esperma! Tenías que provocar a todos los tíos a tu alrededor, como la más guarra de todas las putas. Y dejarte follar por todos tus agujeros como la más perra de todas las rameras. En un autobús repleto de gente, un entorno en el que te hubiera sido fácil negarte y obtener ayuda en caso de no haberte podido defender por ti misma. ¿Era tu intención humillarme? Estoy seguro que si, que la idea de tragarte esas pollas y sentirlas penetrar tu vicioso cuerpo, sabiendo que era algo que no debías permitir, que yo no deseaba que ocurriera, excitó más tu morboso deseo de puta rastrera. ¿Qué voy a tener que hacer contigo? Cuando pienso en los proyectos que ya empezaba a preparar para ti, para nosotros, me doy cuenta de lo ridículamente tierno y generoso que me mostré siempre contigo. Ya veo cual es el pago que recibo por mi clemencia y delicadeza. Pero eso se va a terminar. Se acabó. Vas a ser castigada. Como te advertí. Tratada con la dureza que una furcia indisciplinada como tú merece. Prepárate a pagar.</p>
<p>Pronto conocerás y cumplirás tu castigo.<br />
- Pido clemencia, por favor, mi Señor. ¡Pido clemencia!No pude defenderme, pensé que si gritaba en acostumbrada a hacerlo. Pido, Señor, que reconsidere mi situación, deseo que mi castigo sea lo más leve posible, pero en caso que usted, sabiamente, considere que soy merecedora del más cruel de los castigos, le pido encarecidamente tener la oportunidad de seguir siendo su sumisa, su sometida, su esclava, y que me de otra oportunidad de merecerlo. Y que su alma tan generosa y noble siga intentando de hacer de una necia como yo la más fiel de las putas para satisfacer sus deseos. Nada más, mi señor, pido clemencia y que tenga piedad de mi.</p>
<p>Ya ultimé todos los detalles y está todo listo para hacerte pagar por tu despreciable e insultante comportamiento. Te llamo&#8230;</p>
<p>- Vístete completamente de negro. Ven inmediatamente y espérame delante de la puerta de mi cochera. Repito: ¡inmediatamente! Obedece, furcia.<br />
Te encuentro 10 minutos más tarde esperándome en el sitio indicado. Cuando me voy acercando a ti me miras, una pequeña sonrisa se insinúa en tus labios y tus manos se juntan y frotan nerviosas.</p>
<p>- Estúpida puta indisciplinada, ¡baja la mirada! Te grito- ¿Cómo te atreves a mirarme con ese descaro?Saco de un bolsillo un pañuelo negro y te vendó los ojos, asegurándome que no puedes ver nada. Abro el maletero de mi coche y te empujo dentro. Gimoteas y un tímido &#8220;no, no&#038;&#8221; se escapa de tus labios.</p>
<p>- No t e muevas, no grites, no hagas nada hasta que venga a sacarte de aquí. Si oigo el más mínimo ruido te amordazaré y ataré.<br />
Me pongo al volante. A esta hora hay poco tráfico y puedo cruzar la cuidad en apenas media hora. Al llegar a nuestro destino te hago salir del maletero y te guío, puesto que sigues con los ojos vendados, tirándote del brazo hasta unas escaleras que descendemos. Tras bajar los 9 peldaños empujó una puerta y entramos. Andamos unos cuantos metros y abro otra puerta, la cruzamos y llegamos al que es nuestro destino final.<br />
- Ya llegamos. ¿Cómo que dónde estamos? No empieces ya con tus impertinentes preguntas. Estamos en el lugar más indicado para una furcia como tú. Estamos en una auténtica casa de putas, en un burdel. Vamos a empezar por ponernos cómodos y esperar. Pronto tendremos visita. Sigues con los ojos vendados. Te sientes perdida y te noto algo temerosa. Oigo que no puedes retener otra pregunta&#038; &#8220;¿Visita?&#8221; - Si, mi pequeña zorra, tendremos visita y, como ya veo que intuyes, esa visita forma parte de tu castigo. Me imagino que te preguntas quién nos va a visitar. Quizás temas (o, ¿desees?) que te vaya a entregar a todos los hombres que se encuentran arriba, en el bar del prostíbulo, dejándose desplumar por las rameras a base de pagar copas, medio borrachos y desesperados por follar alguna de esas furcias. ¿Te imaginas que vas a tener todas esas pollas para ti? ¿Crees que va a consistir en eso tu castigo? Sabiendo lo puta que eres supongo que sí. Ya se te mojó el coño imaginando algo así, ¿verdad? Déjame ver&#038;Te quito a tirones la ropa y quedas solo en tanguita y sujetador negros. Te llevo de un empujón hacia una rústica mesa, grande y sólida, que se encuentra en el centro de la habitación y te hago inclinarte sobre ella, hasta que tu cabeza queda pegada al tablero. Separo el hilito del tanga de tu rajita y compruebo, metiendo los dedos por ella, que tu coño, como sospechaba, ya está húmedo de deseo. Lo penetro con un dedo y lo muevo dentro de ti, empujándolo hasta el fondo y con un movimiento circular. Tú gimes de placer y yo siento que mi polla comienza a engordar dentro de mi pantalón de cuero negro. ¡Pero no hemos venido hasta aquí solo para que te pajee el coño! Se supone que has de ser castigada y así va a ser.</p>
<p>Saco algunos obj recuerdas?Separo tus piernas y ato cada uno de tus tobillos a una pata de la mesa con una correa. Por último, te arranco el tanga, desgarrándolo, y te coloco dos pincitas metálicas, unidas por una cadenita, mordiéndote los labios del coño. Te quejas y debates como una perra dolida.</p>
<p>- Sé que las pincitas aprietan y su mordisco duele te digo tirándome sobre ti, aplastando tu delgado cuerpo con todo mi peso y colocando m i boca pegada a tu oído- pero te recomiendo no quejarte más, aguantar y calmarte, no agraves tu caso. ¿Ves lo que ocurre cuando se es una maldita furcia indisciplinada y se incumplen los deseos de su Amo? Te advertí que si me desobedecías me enfadaría mucho y tú, a pesar de eso, me insultaste con tu sucio comportamiento de ramera barriobajera. Recordar ese comportamiento reaviva mi cólera y comienzo a azotarte el culo. Con fuertes palmadas que golpean la blanquita y delicada piel de tu lindo trasero, haciéndola pasar a un intenso color rojo. Las palmadas, que resuenan en la habitación, actúan como una llamada, ya que al cabo de unos minutos se oye la puerta abrir. Apenas ceso de azotarte unos segundos y continuo, dejando caer una nueva e intensa lluvia de azotes sobre tus nalgas, mientras nuestros visitantes entran y vienen a colocarse junto a nosotros. Sigo castigándote el trasero con dureza hasta que siento el brazo comenzar a cansarse y tus quejas y sollozos llenan la habitación. Cuando ceso de golpearte oyes una voz decir&#038; - ¿Es esta tu perra? ¿La pequeña furcia impertinente? Que joven es, parece una niña. 19 añitos, ¿no es así? ¡Que linda! Creo que aún estamos a tiempo de hacer de ella una buena puta disciplinada y respetuosa, una buena perrita. Quizás tan buena como la mía. ¿Viste? ¿Que te parece?Respondo, con sincera admiración, que es magnífica, que enseguida salta a la vista el excelente trabajo hecho sobre ella y la maravillosa esclava que se adivina que tiene que ser. Envidiable. Imagino que estás sorprendida, ¿verdad? No tanto por el hecho de comprender que nos visita otra pareja de Amo/sumisa, sino más bien porque la voz que escuchaste es&#038; ¡femenina! Porque en realidad son AMA y sumisa.</p>
<p>Así es. Te quito la venda de los ojos. Tras unos segundos vuelven a acostumbrarse a la luz y puedes vernos a todos, ya que estamos enfrente de ti, al otro extremo de la mesa. Junto a mi ves una mujer madura, de unos 45 años, tan alta como yo, con una impresionante melena rojiza, toda vestida de ajustado vinilo negro que marca su impresionante pecho y las suaves redondeces de su maduro, pero aún muy deseable cuerpo. Se trata de Cora, una vieja amiga mía y la propietaria de este burdel. Detrás de ella se oculta tímidamente su sumisa, una tierna jovencita de más o menos tu edad que Cora hace avanzar, para que puedas verla bien, dando un fuerte tirón de la correa de perro que rodea su cuello. Cora no aparta la mirada de ti. Se adivina deseo en esa mirada y eso, mi pequeña puta, no augura nada bueno para ti. Me tiende la correa de su sumisa y me pregunta, sin dejar de mirarte, si puede ocuparse un poquito de ti. Le respondo que por supuesto, que no dude en hacer contigo todo lo que desee. Agarro la correa de su perra y Cora me pide que se la vigile y me indica que, si me apetece, puedo jugar con ella. Tomo buena nota, ya que la joven sumisa se ve obediente y disciplinada y, además, está deliciosa, y mi excitación comienza a dispararse. Pero de momento prefiero ver que te tiene reservado mi amiga Cora, experta en adiestramiento de jóvenes furcias rebeldes como tú. Obligo a la joven perrita a arrodillarse y la mantengo con la correa corta, la cabeza muy cerca de mi polla, que se nota abultando en el pantalón, y colocándola de manera que pueda ver también el espectáculo. Co respirar.</p>
<p>- Puta niñata, aprende que has de contestar siempre cuando se te hace una pregunta. De hecho es la única situación en que se te permite expresarte estando en público, no lo olvides nunca, ¿entiendes?Vuelves a asentir, mientras lágrimas y mocos resbalan por tu cara, la cual se está poniendo de un preocupante color granate oscuro.</p>
<p>- ¿Te gustaría que te sacara la mordaza? Podrías respirar mejor, ¿quieres?De nuevo indicas que si con la cabeza. También yo me empezaba a preocupar de ver el color que tomaba tu cara, creo que te estabas asfixiando de verdad y admiro la capacidad y la experiencia de Cora para llevar el dolor y el sufrimiento hasta su punto límite</p>
<p>Una vez sin la pelota en la boca puedes respirar mejor y recuperas poco a poco tu color natural al proporcionar a tu cuerpo el oxígeno necesario. Gimes y lloriqueas, y Cora limpia tu cara con una toalla que saca de un pequeño armario y acaricia tu cabecita casi con ternura. Mientras hace esto veo que se frota el coño contra el canto de la mesa y adivino que está muy excitada. Vuelve a acercarse a tu oído y te dice suavemente&#038; - Otra cosa que nunca debes olvidar es que has de ser agradecida cuando se te conceda algún favor. Te voy a dar la oportunidad de demostrarme lo agradecida que me estás por haberte sacado esa mordaza de la boca.<br />
Entonces sube a la mesa, se levanta la ajustada y corta falda hasta la cintura y se coloca justo frente a tu carita, con las piernas abiertas, colocando una a cada lado de ti.<br />
-Vas a comerme el coño como una puerca hambrienta, hasta que me hagas correr sobre tu cara. Aplícate, zorra, quiero sentir tu lengua hurgarme bien el coño o te volveré a colocar la mordaza y te azotaré hasta hacerte asfixiar y ahogarte en tus propios mocos.<br />
Y, agarrando tu pelo de un puñado, empuja tu cabeza y aprieta tu boca sobre su coño abierto, que tú comienzas a lamer. Yo me desplazo, tirando de la correa de la sumisa, para ver mejor como te comes ese coño de vieja puta y la cara de placer de Cora. Veo tu cabeza hundida entre los muslos separados de la mujer y oigo el mojado ruido de succión que tu boca produce mientras chupas y lames el empapado coño. La escena me excita tanto que me abro el pantalón y dejo libre mi pene. Tiro de la correa y obligo a la sumisa a meterse mi rabo dentro de la boca.</p>
<p>- Mámame la polla, pequeña ramera, mmmmm, así, chúpamela, siiii, ahhhhhhhh.<br />
Mientras la sumisa me chupa la verga te acaricio el coño con un dedo, haciéndolo resbalar por entre tus labios mordidos por las pincitas. Estás mojada, excitada, y sentir tu coñito húmedo y lubricado enciende mi deseo. Cuando la tierna perra de Cora me acaba de poner la polla bien tiesa y dura con su mamada, saco la polla de su boca para venir a metértela en el coño. Y, agarrándote el culo con las manos, te empiezo a follar fuerte, sintiendo en cada una de mis embestidas mis huevos venir a tocar las pinzas que sigues teniendo puestas y provocando que tu boca venga a meterse más adentro de la raja de Cora que ya, por los fuertes gemidos que emite, está para correrse.</p>
<p>Finalmente, apretando con fuerza tu cabeza contra su coño, lanza un fuerte bufido e inicia un movimiento rápido y convulsivo de cadera contra ti, como si quisiera meterte toda entera dentro de su sexo, abandonándose completamente a su vicioso placer, hasta tal punto que se le escapa un sonoro y largo pedo, el cual imagino que, por tu postura, te debes de haber comido entero, mi pequeña cerda, y grita su placer&#038; - Siiii furcia, ahhhhhhhh, cómemelo, perra, siiiiiiii, méteme la lengua entera, ahhhhh, me corro en tu cara, guarra, ohhhhhhh&#8221;.<br />
Al mismo tiempo noto que también tú te corres con las furiosas embestidas de mi rab dice no muy convencida.<br />
Le contesto que aún quiero culminar tu castigo con algo que tenía pensado y que le comento. Será la guinda sobre el pastel. Ella se muestra de acuerdo y se aleja de mí con una maliciosa sonrisa cómplice en sus labios en dirección del armario. Tras sacar de él un objeto, chasquea los dedos y su sumisa, hasta ese momento totalmente inmóvil, corre a su lado. Cora la acompaña tirando de la correa de perro hasta ti y le ordena desnudarse. Ella responde, muy tímidamente, y dejando oír por primera vez su dulce vocecita&#038; &#8220;Si, Madame&#8221;. Cora la contempla con admiración mientras se desnuda. Es evidente que la vieja puta está muy satisfecha y (¿enamorada?) babea de deseo por su joven sumisa. No puede retener las ganas de apretarle los pechos y chuparle y morderle los pezones. Le hace subir sobre la mesa, apenas a unos centímetros de ti y, colocándola a cuatro patas, le lame y penetra el culo con la lengua. Tú no pierdes detalle de la escena y Cora, al percibirse, continúa penetrando el culito de la joven con un dedo, bruscamente, metiéndolo bastante profundo, y te pregunta: - Dime puta, ¿te excita ver el culo de mi perrita lamido y penetrado?Tú respondes un simple&#038; &#8220;Si&#8221;.<br />
- Estupendo -responde Cora- admira entonces el espectáculo.</p>
<p>En ese momento yo me acerco a la mesa, subo a ella arrodillado detrás de la sumisa y comienzo a frotar mi semi erecta polla contra su dulce culito. Cora os ordena a las dos sumisas besaros, que os comáis la lengua la una a la otra. Vosotras obedecéis al instante y comenzáis a devorar vuestras lenguas. Seguís así un rato, concentradas únicamente en vuestro lúbrico beso, que ambas parecéis apreciar ya que gemís y empezáis a mover sensualmente vuestros cuerpos de putitas viciosas. Mientras tanto y ante el espectáculo, mi polla vuelve a ponerse dura y lista para taladrar el culito de la linda perrita que tengo delante, postrada a cuatro patas y gimiendo de deseo como una furcia en celo. Y Cora ha venido a colocarse detrás de ti. Tú no la has podido ver prepararse, ocupada en comerle la lengua a la otra perra, pero la vieja zorra se ha colocado el objeto que sacó del pequeño armario, un cinturón con un enorme consolador en la parte delantera. Ambos estamos preparados y cuando Cora me hace un signo con la cabeza, os penetramos el culo a las dos, fuerte, de golpe, al mismo tiempo, yo sodomisando la perrita y Cora follándote a ti, con el consolador perfectamente acoplado en su cintura. A la sorpresa sigue el dolor, abandonáis vuestro beso y levantáis las cabezas lanzando un&#038; &#8220;Aaaahhhhh&#8221;, mezcla de sorpresa y dolor. Gritas y suplicas a Cora que se detenga. Te debates y veo que de nuevo las lágrimas corren por tu cara. Es cierto que Cora te ha introducido un enorme rabo de plástico en el culo, sin ni siquiera lubricarlo con gel, y te lo mete y mueve sin compasión ni delicadeza. Me miras como suplicando clemencia, o esperando mí ayuda mientras que yo, al tiempo que sodomizo la joven perra de Cora, que por cierto parece empezar a disfrutar mucho con mi polla, te digo&#038; - ¿Ves, putita? Te gusta humillarme, ¿verdad? Te gusta ir por ahí a buscar pollas y que te las vayan metiendo, furcia rabalera, desobedeciendo mis órdenes, ¿no es así? Pues ahora paga, sufre.<br />
Seguimos así, rompiéndoos el culo, un buen rato. Tú no pareces experimentar aún mucho placer, más bien dolor, pero la zorra que estoy enculando gime como una gata en celo y mira suplicante a su ama, la cual, condescendiente y en recompensa a su impecable comportamiento durante toda la sesión, la autoriza a abandonarse y dejarse llevar al placer hasta llegar al orgasmo. Un orgasmo intenso y fuerte que le llega pronto, tras unas cuan la tuya para después compartirla contigo al meterte la lengua en la boquita. De nuevo necesitamos dejar pasar unos minutos para recuperar la conciencia tras la intensidad de nuestro placer. Después nos vestimos todos (salvo tú, claro) y Cora sale de la habitación tirando de la correa de su sumisa sin decir nada, sin una palabra de despedida.</p>
<p>Te libero de todas tus ataduras y te ordeno recoger tus ropas, que se encuentran tiradas por el suelo en un rincón de la habitación, y vestirte. Cuando terminas vuelvo a vendarte los ojos y abandonamos el local.<br />
Cuando salimos a la calle ya está bien entrada la noche y hace frío. Vuelvo a introducirte en el maletero del coche y emprendo el viaje de regreso a mi casa. Al llegar y dejarte salir te digo a modo de despedida… - Lo de hoy no fue más que un pequeño aviso. Espero que hayas aprendido la lección y a partir de ahora cumplas a rajatabla todas las órdenes que te dé. De lo contrario, la próxima vez, recibirás un auténtico castigo que no olvidarás en toda tu vida. Ahora regresa a tu casa y lávate. Das asco de ver, estás despeinada, tu cara asquerosamente sucia y apestas a puta.</p>
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		<title>Mi amante paraguaya II</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Apr 2006 23:21:22 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[lesbicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Ves, amor, estoy dentro de ti y te sientes bien, estas gozando. Yo sabía que podía hacerte feliz. Podrás acostarte con quien quieras pero desde hoy eres mi mujer 
 
Karen volvió a su país y yo a mi rutina, mucho trabajo y algún encuentro casual con alguna mujer, pero nada que durara más de una noche.
Extrañaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ves, amor, estoy dentro de ti y te sientes bien, estas gozando. Yo sabía que podía hacerte feliz. Podrás acostarte con quien quieras pero desde hoy eres mi mujer </p>
<p> </p>
<p>Karen volvió a su país y yo a mi rutina, mucho trabajo y algún encuentro casual con alguna mujer, pero nada que durara más de una noche.</p>
<p>Extrañaba a mi chica paraguaya. Finalmente luego de un mes, me llamó, yo no había querido molestarla pues sabía de su situación. Además quería comprobar si aquellos días de buena compañía, había dejado alguna huella en ella.<br />
Hablamos un buen rato, me contó que en su casa todo estaba tranquilo y nadie sospechaba nada, a pesar de que ella ya no era la misma.<span id="more-200"></span><br />
Karen - no puedo olvidarme de ti, de la paciencia y dulzura con que me trataste.</p>
<p>Clara - yo me sentí muy bien contigo. Ya sabes que me gustaste desde el primer momento, pero luego además de la pasión hubo una excelente comunicación.</p>
<p>Yo solo quería volver a verla, pero sabía que sería muy difícil. Me siguió llamando durante meses, hasta que una mañana de domingo tocaron el timbre muy temprano y allí estaba mi hermosa morocha.</p>
<p>Nos abrazamos durante un largo rato y ella comenzó a llorar sin parar, nos sentamos. Yo no podía parar de besarla y ella no dejaba de llorar.<br />
En un momento, intenté levantarme para traerle agua, pero no dejó que me apartara de su lado. Sin dudas ella ya no podía sostener su situación, se notaba que estaba ahogada en deseos de mostrarse tal cual era.<br />
Finalmente se calmó y fuimos juntas a la cocina, bebió agua y luego tomamos café. Salimos a caminar un rato, de la mano. Era increíble el cambio que se producía en esa mujer cuando se sentía confiada y serena. No hablamos mucho, pero me contó por ejemplo que había estado muy deprimida y que por eso había subido de peso. Es cierto que tenía unos kilos más pero seguía siendo una mujer extremadamente sensual.</p>
<p>Volvimos a casa y le dije que dejara sus cosas en mi cuarto, mientras yo organizaba la casa. Cuando fui a verla, un rato después, descubrí que se había quedado dormida, así que la dejé descansar.</p>
<p>Pasaron como dos horas y ella seguía dormida, pero ya no pude resistir el deseo. Me paré a los pies de la cama y la observé dormida, la imagen era hermosa, su cuerpo era aún más voluptuoso, sus caderas anchas, su vientre, sus senos estaban más grandes. Solo de mirarla mi ropa interior se humedeció.<br />
La molesté un poco, para que sin despertarse se acomodara de frente. Y allí estaba mi chica, que linda era. Comencé a abrir su blusa, ¡por Dios! podría mamar nuevamente aquellos senos. Me acomodé a su lado, podía escuchar su respiración serena, percibir su perfume, estaba tan serena. Acerqué mi boca a la suya pero no la toqué, la punta de mis dedos pasearon sobre su pecho pero no la tocaron. ¡Qué delicia!! Ya casi tuve un orgasmo solamente por gozar del espectáculo, de verla allí en mi cama serena y apacible.</p>
<p>Besé y lamí su boca, mi mano estaba sobre su seno, entonces despertó, pero estaba vez no sentía vergüenza, ni susto, no había rechazo. Ella había asumido, que eso era lo que necesitaba, lo que ansiaba, estar con una mujer. Nunca me lo dijo, pero así lo sentí, solo tuve que pedirle que se quedara conmigo todo el tiempo que quisiera.<br />
Nos miramos durante un largo rato, y así acostadas una frente a la otra nos masturbamos mutuamente, durante un beso intenso.<br />
A la noche salimos a bailar a nuestro lugar de siempre, conversamos con algunas conocidas. En la calle nos encontramos con unos compañeros de trabajo y Karen se comportó como si los conociera de siempre, estaba feliz y enamorada. Hasta me besó frente a ellos, yo no salía de mi asombro, ¿qué había pasado con esta mujer durante los meses que estuvo lejos?</p>
<p>Karen - tú me devolviste la vida. Yo te amo y no quiero separarme de ti jamás.<br />
Clara - cariño, yo solo me sentí conmovida en el momento de conocerte y seguí mis instintos hasta que te conseguí.</p>
<p>Así comenzó la conversación cuando llegamos a casa. Nunca pregunté por su marido, solo dije: &#8220;Quiero vivir contigo. Quiero que te quedes aquí. Quiero que seas mi mujer&#8221;Karen, comenzó a llorar, pero no era solo emoción y alegría: &#8220;Yo te adoro y quiero ser tu mujer, pero también, tengo mucha curiosidad. Necesito salir a este nuevo mundo y vivir un poco más de mi nueva vida&#8221;</p>
<p>Aquello era una excusa como en las películas, y yo estaba confundida, quería matarla en aquel momento, pero no quería se fuera por la misma falta de compresión que la había mantenido escondida tanto tiempo.<br />
La besé y comencé a tocarla, ella me acarició el rostro y respondió mis besos. Hicimos el amor allí mismo: nos quitamos la ropa. La luz estaba encendida y no dejé que la apagara. Le pedí que se sentara en el sofá, quería ver su nuevo cuerpo. La soledad y depresión la hicieron ganar unos kilos: sentada se notaba su rollito abdominal y sus piernas se veían más gruesas y estaban pegaditas, sus tetas eran ahora más grandes. Se sentía indefensa, pero estaba muy excitada.</p>
<p>Me arrodillé en el sofá a su lado y comencé a tocar su vientre rollizo, una a una tomé en mi mano sus tetas y las levanté y apreté con fuerza. Ella tiró la cabeza hacia atrás al tiempo que suspiraba profundamente. &#8220;Quiero que abras las piernas, te voy a coger con mi juguete nuevo, uno que estaba guardado esperando entrar en tu vagina caliente&#8221;Ni siquiera pudo mirarme, solo sentí como su cuerpo se estremecía y sus piernas comenzaron a abrirse.</p>
<p>¿Quieres que lo haga? ¿Quieres que te penetre rico hasta que me des toda tu leche perfumada?Sin darle tiempo a contestar (aunque creo que no podía armar una palabra), me levanté y fui por mi juguete. Era bastante grande, de manera que tomé el lubricante y volví al sofá.<br />
Karen estaba como paralizada, sus piernas estaban algo separadas, su cuerpo estaba sudoroso, había mucha tensión y eso me gustaba. Esta era una nueva situación para ella.</p>
<p>Me arrodillé nuevamente a su lado, le besé con lujuria, mordí sus lóbulos, lamí su cuello, y mi mano comenzó a meterse entre sus piernas.<br />
&#8220;Anda, niña dame más, abrite al placer, deja que mis dedos entren en ti primero&#8221;</p>
<p>Se agitó mucho, su cuerpo estaba tenso, pero metí mi lengua en su orejita y mi mano despegó con fuerza sus piernas, mi dedo quería entrar pero no podía.<br />
&#8220;Un momento, por favor, no sigas.&#8221;Tiró su cuerpo hacia adelante, entonces, me senté y acaricié su espalda.<br />
Clara - cálmate, que pasa, si todo está bien. Estas segura conmigo, yo sé que me deseas, ¿cuál es el problema?Karen - no sé estoy muy tensa. Cuando le dije a mi marido lo que sentía, él se puso furioso y me forzó a tener sexo. No estoy segura de soportar que me penetres.</p>
<p>Clara - ay cariño, lo siento mucho, no tenía idea de esto. Debiste habérmelo contado. Tú sabes que esto no es importante, no es la esencia de la relación entre dos mujeres, pero a mi me gusta hacerlo. Desde luego si tu no quieres, no lo haremos.</p>
<p>Karen - lamento ser tan complicada, tú me has ofrecido todo, me ayudaste a cambiar y necesito que lo sigas haciendo. Ayudame una vez más, no estoy preparada aún para tu juguete, pero si me tienes paciencia podrás sentirme con tus dedos.<br />
Clara - ¿estás segura?Karen - si cariño, solo dime que hacer y puedes tomarme cuantas veces me desees.<br />
Clara - recuéstate entonces, afloja las piernas, primero voy a comerte ese coñito tierno y sin que te des cuenta estaré dentro de ti. Pero recuerda que es mi amor y mi deseo lo que albergarás en tu interior.</p>
<p>Esta vez se acostó en el sofá sus senos se expandieron, su vientre se aplanó y sus piernas se abrieron a mis deseo de comer su sexo. Presioné con mi mano su pubis, puse mi otra mano en su cola para levantarla y entonces el manjar estuvo servido. Lamí, besé mordí y cuando llegó a su orgasmo y vi brotar de su interior la pasión mis dedos entraron fácilmente.<br />
&#8220;Siéntate y mírame&#8221;. Me senté frente a ella, la abracé y apreté contra mi pecho y sin dejar de mirar sus ojos negros me moví en su interior a mis anchas, hasta que un nuevo orgasmo convulsionó su cuerpo.</p>
<p>&#8220;Ves, amor, estoy dentro de ti y te sientes bien, estas gozando. Yo sabía que podía hacerte feliz. Podrás acostarte con quien quieras pero desde hoy eres mi mujer&#8221;Me besó con desesperación y se apretó contra mí. Cuando me retiré y todo volvió a la calma, nos fuimos a la cama. No la dejé bañarse, pues el olor a sexo que nos inundaba, aumentaba mi sensación de placer.</p>
<p>Karen, se quedó conmigo, pero la condición era que si conocía a alguien que la calentara, yo debería aceptar que tuviera una aventura. No fue fácil, pero el sexo entre nosotras era tan bueno, que yo estaba muy segura de que no se iría con nadie más.</p>
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		<title>Una familia una por una mama caliente</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Apr 2006 08:41:17 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[filial]]></category>

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		<description><![CDATA[Tomé su verga y la dirigí a mi coño, no fue difícil la entrada, cada milímetro que recorría su pene dentro de mi, era una descarga de placer y excitación que di un enorme gemido 
 
Hola a todos los amigos lectores, hace mucho he leído y calentándome con los relatos que aquí se publican, y ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tomé su verga y la dirigí a mi coño, no fue difícil la entrada, cada milímetro que recorría su pene dentro de mi, era una descarga de placer y excitación que di un enorme gemido </p>
<p> </p>
<p>Hola a todos los amigos lectores, hace mucho he leído y calentándome con los relatos que aquí se publican, y ya que estos me dieron la idea para atrapar a mi hijo, 3 años después, me dediqué a escribir mi historia.</p>
<p>Todo comenzó hace 3 años cuando mi esposo por situaciones de trabajo partió de casa alrededor de un mes, el cual se me hizo eterno, ya que en nuestra vida sexual, la actividad es casi diaria, y desde antes del matrimonio he estado muy satisfecha con mi hombre. <span id="more-205"></span><br />
Tengo que decir que el es un tipo normal, pero cuando se ve a alguien con ojos de amor, es el esposo más guapo de todo el mundo, a sus 44 años, el es alto 1.75 moreno claro, ojos café, una pequeña barriga que lo hace ver muy sexy, cabello negro corto y un par de entradas que lo hacen ver muy interesante. Mientras que yo soy una mujer con 43 años, blanca ojos color aceituna, delgada desde pequeña aún que después de mis dos hijos terminé con unas tetas grandes y una cadera ensanchada, me encana mi cuerpo, y más cuando salimos en familia, todos los hombres me voltean a ver, por que me gusta mucho usar minifalda y mis piernas están muy bien torneadas por las 2 horas diarias de gimnasio.</p>
<p>Mis hijos son 2 Alex de 23 años y Luisa de 18. Alex por su parte es muy parecido a su papá, moreno alto, con su cuerpo marcado por el ejercicio y el deporte que hace, mientras que Ana, mi hija es delgada con senos medianos pero muy levantaditos, le gusta usar ropa muy sexy, en especial tangas de hilo, ya que heredo mis caderas y mi trasero, es blanca, ojos aceituna y una pestañas enormes.</p>
<p>Siguiendo con la historia, una tarde estando sola en mi cuarto, aproveché que mi hija aun no regresaba hasta tarde, y que Alex, estaba abajo en su cuarto jugando con su computadora. Por lo que me dediqué a masturbarme con un juguete que tengo, un dildo enorme y curvo, me acabé tres veces en mi cama, por lo que terminé con unas ganas enormes de orinar, por lo que me dirigí al baño, pero para mi mala suerte estaba mi hijo Alex en la ducha, y no tuve mas remedio de rogarle que me abriera la puerta para entrar a orinar, y con mucha pena comencé a orinar. En ese momento escucho a mi hijo cerrar la llave del agua y me pregunta:.</p>
<p>Alex: - ¿Ya terminaste mamá?Sandra: - No hijoAlex: - De prisa mama, que yo ya terminé y comienza a darme frío. ¿Me puedes alcanzar la toalla?</p>
<p>En ese momento en frío recorrió toda mi espalda con un pensamiento, ya que al alcanzarle la toalla a mi hijo, provocaría que lo viese semidesnudo, y con la calentura que tenia después de 3 corridas, me animé para ver que podía mirarle para excitarme.<br />
Menuda sorpresa me llevé cuando el abrió la cortina de la regadera para recibir la toalla, pude ver su cuerpo completamente desnudo y mojado, cosa que me excitó de una manera increíble, por lo que instintivamente bajé la mirada a su miembro, que me dejó boquiabierta. Tratando de disimular comencé a hacerle plática y bromas al respecto, para que no notara algo malo, por lo que le dije:</p>
<p>Sandra: - ¡Vaya, que has crecido hijo!Alex: - Jeje si mamá un pocoSandra: - Tu novia ha de ser muy feliz contigoAlex: - Pues no se mamá, ella es un poco cortada,&#8230; con decirte.., que a ella&#8230;<br />
Sandra: - ¿A ella qué? Anda no te apenesAlex: - A ella&#8230; no le gusta hacerme&#8230; sexo oral. Ni siquiera se lo que se siente.</p>
<p>Cuando mi hijo me dijo eso, sentí como agua elevada recorría mi cuerpo ya que comencé a imaginar la verga de mi hijo en mis labios, ya que por la falta de sexo mi mente estaba a mil por hora.<br />
Algo en mí hizo pensar en voz alta y sin querer dije:</p>
<p>Sandra: - ¿Te gustaría saber lo que se siente?</p>
<p>De pronto un silencio eterno hizo que recapacitara lo que había hecho, y en mi cabeza escuchaba el eco de esa frase, pero se interrumpió al escuchar a mi hijo decir&#8230;</p>
<p>Alex: - No lo se mamá&#8230; ¿Cómo podría saberlo?</p>
<p>En ese momento nada me importó&#8230; Era tanta mi calentura que decidí averiguar hasta donde llegaría mi hijo.</p>
<p>Sandra: - Mira hijo, yo podría enseñarte, así sabrías lo que se siente, pero no creo que este bien que lo hagamos, ya que si tu papá se entera de esto, se enojaría tanto contigo y conmigo que se iría de la casa,Alex: - No mamá, yo no quiero que eso pase, prometo guardar el secreto, pero dime&#8230; ¿Cómo se siente que te hagan el sexo oral?Sandra: - Bueno, primero, lo tiene que hacer una mujer que le guste hacerlo,</p>
<p>En ese momento Alex, que se estaba secando el cuerpo, comenzó a secarse la cara, y yo aproveché para sentarme en la taza del WC de nuevo. En esos momentos, quedé hipnotizada de la verga de mi niño, por lo que un extraño impulso me llevó a tocarle, en el momento en que me sujeté al palo de mi hijo, me transformé en una loca deseosa de sexo, mientras que mi hijo miraba a su madre atónito. Comencé a acercarme el pene de mi hijo a la boca, hasta que mis labios la rozaron. Poco a poco, comencé a darle besos largos y suaves con los labios, recorriendo toda su verga, duré un par de minutos así, el pene de mi hijo ya se encontraba enorme y duro, cosa que me motivó a seguir adelante. De repente, saqué mi lengua y empecé a lamer poco a poco la verga de mi hijo, y seguí hasta dejarla brillando, por toda mi saliva con la que lo lamí. De pronto, no pude soportar mas, y me metí la verga completa a mi boca, tenia tantas de devorármela, y comencé un mete y saca con tanta desesperación que me olvidé de todo. De momentos abría mis ojos y alzaba la mirada para ver a Alex, que estaba parado enfrente de mí, con los ojos cerrados, moviendo la cabeza en círculos, como si estuviera dominado. Comencé a escuchar sonidos que hacia Alex, que eran unos gemidos que cada vez iban en aumento.</p>
<p>Alex: - ¡Ohoho siiiii! Mamá, ese increíble, oohoho Siiiiiii, ahaha, si maaas, me encanta ¡¡¡¡¡¡Hhhhooooooohhhhhhhooooohhhhoooo!!!! SSSSSSSIIIIIIIIII ahahahahaha</p>
<p>Así decidí acelerar el ritmo y apreté más la verga, de pronto,</p>
<p>Alex: - Hoooohhhoo!!!! Ssssssiiiiiiiiiiiii, mamá, eres increíble, siento que ya acabooooooo, aaaaahhhhhaaaaa&#8230;..!!!!!!!! aaaaaaaaaaggggggggggggggg Ssssssssiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii</p>
<p>Escuché el grito de Alex y al mismo tiempo, el golpe en mi garganta y lengua del semen de mi hijo.<br />
Su sabor era dulce, delicioso, espeso y abundante, parecía que no había tenido sexo en meses. Era tanta la cantidad de semen, que mucho se me escurrió cayendo en mi ropa y en mi escote, así como en mis piernas.</p>
<p>Estuve un largo rato, lamiendo y succionando la verga de mi hijo, hasta que terminó flácida de nuevo.<br />
Al incorporarme observé la cara de mi hijo, que me observaba con una cara de felicidad y deseo que me dio mucha ternura verlo, mientras el acariciaba mi nuca y mi cabello.</p>
<p>Sandra: - Lo ves mi niño, es algo delicioso, que espero que te sirva para aprender, ¿Esta bien?Alex: - Si mamá.<br />
Sandra: - Ahora sécate y espérame en mi cuarto, allí me enseñaras que tanto sabes tú de sexo oral.<br />
Alex: - Si mana, allí te espero.</p>
<p>Al salir mi hijo del baño, me incorporé y me vi en el espejo, me dio mucha risa ver mi cara, con el pelo desarreglado, el semen de mi hijo aún en mi barbilla y una cara de lujuria que desconocía en mi.<br />
En ese momento entendí, que tenía 2 hermosas vergas a mi disposición, siempre que lo decidiera, así que me animé y salí del baño para encontrarme con mi hijo, para lo que parecía una tarde de sexo incestuoso entre una madre hambrienta de sexo, y un hijo insatisfecho también hambriento de sexo.</p>
<p>Cuando llegué a mi cuarto, mi hijo ya me esperaba desnudo, y seco, con su toalla cubriendo su cintura y parte de sus piernas. Él me pidió que me acercara y me preguntó si podía abrazar a su mamá, a lo que yo acepté gustosa, desnudándome poco a poco.</p>
<p>Alex: - ¿Oye mamá, ¿Como podré agradecerte lo que hiciste por mi?Sandra: - Sabes hijo, pues no tienes que agradecer, pero a mi me encantaría que me regresaras el favor, ya que desde que se fue tu papá de viaje, me he sentido un poco sola, y creo que tú me ayudaras a sentirme más acompañada&#8230; ¿No lo crees?</p>
<p>En cuanto termine de decir eso, mi hijo poco a poco, comenzó a besarme la boca con tanta efusividad, como queriendo comerme de un tajo. Poco a poco, su lengua comenzó a buscar la mía y a jugar con ella, duramos varios minutos besándonos y acariciándolos, hasta que él se animó, a besarme las mejillas y el cuello. Vaya que mi hijo me salió muy seductor.</p>
<p>Mientras me acariciaba el cuerpo con sus manos, poco a poco los besos eran cada vez más apasionados y largos, al mismo tiempo que iba recorriendo mi cuerpo, yo sentía una ola de sensaciones excitantes que recorrían cada poro de mi piel, haciendo que me contorsionara entre sus brazos.</p>
<p>Alex: - Mamá, eres la mejor del miedo, Eres hermosa, Solo en sueños te podía tener, pero esto es increíbleSandra: - Lo se mi niño, yo también estoy fascinada, no sabia que fueras así en la intimidad</p>
<p>Al llegar a mis senos comenzó a tocarlos y a amasarlos de una forma increíble, al mismo tiempo que me besaba y lamía cada rincón de mis carnosos senos. Poco a poco sentí como mi tanga comenzaba a mojarse de la sensación y excitación.</p>
<p>Alex: - ¡Tus senos son tan firmes y deliciosos! me encanta su saborSandra: Pues son todos tuyos mi pequeño, haz con ellos lo que te plazca.</p>
<p>Su lengua comenzó a jugar con mis pezones, mordisqueaba levemente cada rincón de mis senos, era una sensación única. Estaba siendo devorada por mi propio hijo, y yo estaba como poseída. No me di cuenta cuando mis gritos y gemidos eran tan grandes que podían escucharse en tuda la casa. Mi nene siguió jugueteando con mis pezones, mientras que con sus manos me quitaba la falda y la tanga, que escurría jugos de mi concha.</p>
<p>Siguió besándome hasta llegar a mi ombligo, así que lo tumbé en mi cama y de rodillas fue a pegarle mi coño a su cara para que siguiera su trabajo. Él me agarraba fuertemente mis nalgas y las magreaba y nalgueaba con tanta fuerza y excitación que me volvía loca, mientras que con su lengua recorría cada rincón de mi vulva, al mismo tiempo que mordisqueaba mi clítoris y mis labios. Luchaba para tratar de meterme su lengua en mi vagina mientras que se tragaba mis jugos como podía. Al mismo tiempo yo me retorcía y lo ayudaba, gritaba y gemía como una loca poseída, con mi mano le acariciaba su cabeza y lo acercaba más a mis entrañas, mientras que con la otra le daba a mis senos un masaje delicioso.</p>
<p>Alex: - Quiero estar adentro mamá, no puedo soportar más, esto es deliciosoSandra: - Yo también te deseo hijo, ven y cógete a tu madre que esta deseosa de ti</p>
<p>Me incorporé, y él acostado en mi cama, y yo sobre él, decidí montarlo en ese preciso momento. Con una mano tomé su larga verga y la dirigí a mi coño, estaba tan húmedo que no fue difícil la entrada, pero cada milímetro que recorría su pene dentro de mi, era una descarga de emociones, placer, energía, deseo y excitación que di un enorme gemido.</p>
<p>Mi nene comenzó el mete y saca de una forma muy lenta, como si quisiera que ese momento durara para siempre.</p>
<p>Sandra: - No lo hagas lento mi niño, hazlo más rápido, estoy por acabar y quiero que lo hagamos juntos.<br />
Alex: - Si mamá, yo también estoy por acabar.</p>
<p>Mi nene comenzó a moverse cada vez más rápido, sentía como todo su mástil me recorría y una descarga de electricidad sentí desde mi vientre&#8230;</p>
<p>Sandra: - Aaaaaagggggg Alex, ahahaha, siiigue siiii hohohoho, ssii, mi hijo, cojete a tu madre, ahahahaham siiii siiiiii siiii aaaaaaaaaaaaaaagggggggggggggaaaaaggggg aaaaaaaa siiiiiiiiiiiiiii</p>
<p>Alex: - Si mama voy acabar ahaha, no aguanto más ohoho siiiiii aaaaaaaaaaggggg siiiiiiiiiii hahahahahahaaaaaaaaaas</p>
<p>Sentí como su semen llenaba ahora mi vagina, al mismo tiempo de como mis jugos empapaban su vientre, Una sensación increíble, como mi hijo se vino en mi.</p>
<p>Siguió moviéndose por unos segundos, mientras que yo estaba casi inconsciente sobre su pecho. Poco a poco su verga se fue adelgazando y poniéndose flácida, hasta que salió por si sola de mi coño. Yo creo que me quedé dormida un par de horas</p>
<p>Cuando desperté mi niño seguía dormido abajo de mí y con sus manos en mis nalgas. Lo comencé a besar en la boca hasta que despertó</p>
<p>Alex: - Mami, dime que esto no es un sueñoSandra: - Claro que no mi niño, pero así parece, eres un muchacho muy ardiente ehehe</p>
<p>Bromeaba con el mientras lo acariciaba y besaba.</p>
<p>Los días sin mi esposo ya no son aburridos, aprovechamos los momentos solos para hacer locuras, comprende su papel, y sabe que solo podemos divertirnos cuando su papá sale de viaje, él dejó a su novia, y se dedica tiempo completo a mi, me da presentes, vamos al cine o a cenar, vemos TV juntos, como un par de adolescentes cuando estamos solos en casa y mi marido no anda de viaje.<br />
Así estuvimos por 6 meses hasta que un día cuando los chicos salieron de vacaciones y mi esposo de viaje, mi hija salió con sus amigas mientras que Alex y yo estábamos cogiendo en la cocina, él me lo hacia por atrás mientras que yo estaba recargada en la mesa, no escuchamos la puerta de entrada, pero si a mi hija llamándome y buscándome al entrar a la cocina.</p>
<p>Debo admitir que los 3 nos quedamos paralizados, mi hija nos tiro de locos, nos dijo muchas cosas, y se marchó de la casa gritando y azotando la puerta. Ella dejó de hablarnos a mí y a mi hijo&#8230;, pero unas semanas después ella también entró a este divertido juego&#8230; eso se los contare pronto.</p>
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		<title>La TrampaI</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Apr 2006 23:26:04 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[sadomaso]]></category>

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		<description><![CDATA[Tarde comprendí que lo que me había pedido mi amo, era una misión difícil de llevar a cabo, y no pude evitar que aquellos hombres lograran su propósito. 
 
Este es un relato que escribí hace mucho con un amigo virtual.
El regreso a casa tras uno de esos cansados y estresantes viajes de trabajo, siempre me supone [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tarde comprendí que lo que me había pedido mi amo, era una misión difícil de llevar a cabo, y no pude evitar que aquellos hombres lograran su propósito. </p>
<p> </p>
<p>Este es un relato que escribí hace mucho con un amigo virtual.<br />
El regreso a casa tras uno de esos cansados y estresantes viajes de trabajo, siempre me supone un privilegiado momento de paz y de agradable reencuentro con las cosas que me son familiares y queridas. En ese entorno agradable y reconfortante, mientras deshago la maleta, ordeno un poquito mis cosas y me preparo a tomar una reparadora ducha muy caliente, siento ganas de verte. O, mejor dicho, el deseo de tenerte, de utilizarte, de poseerte. Y de comenzar a poner en práctica todos esos planes que imaginé durante mi viaje. Todo eso comienza a provocarme una prometedora erección. Decido llamarte sin demora.<span id="more-203"></span></p>
<p>- Hola, mi pequeña furcia, ya estoy de vuelta y de nuevo contigo. ¿Me echaste de menos?Contestas con tu dulce vocecita que siento llegar hasta mí acompañada de una alegría inocente y casi infantil, manifestando tu entusiasmo ante mi regreso. Por ello, comprensivo, paciente, perdono tus palabras efusivas y tus estúpidas preguntas de mujerzuela alocada e indisciplinada. Incluso te contesto cuando expresas tu deseo que acompañarme en un próximo viaje.</p>
<p>- Quizás algún día, si considero que eres una puta lo suficientemente educada y respetuosa, de la que pueda sentirme orgulloso, de la que sienta que no corro el riesgo de que me haga avergonzar en público con su estúpido comportamiento de furcia malcriada y caprichosa, te deje acompañarme en alguno de mis viajes de trabajo a París. Puede incluso que te lleve a uno de esos locales de Pigalle donde, por las noches, en sus oscuros sótanos, los amos exhiben y castigan a sus sumisas hembras en público y a veces, algunos, también las entregan como perras a los voyeurs y viciosos hombres anónimos de la asistencia. Adivino que tu lúbrico coño comienza a humedecerse nada más de imaginarte en una situación así, ¿verdad zorra? Pero para poder llegar a eso aún tienes mucho que aprender, y aplicarte con devoción y disciplina para conseguir convencerme de que mereces que te acepte como sierva.</p>
<p>Bueno, basta de charla, ahora escúchame atentamente. Esto es lo que quiero que hagas hoy. Te traje un regalo de París. Unas &#8220;bolas chinas&#8221;. Ya sabes que tipo de bolitas te estoy hablando, ¿verdad? Claro que si, ¡vaya pregunta! Eres tan guarra que todos estos juguetes te son bien conocidos. Bueno, se trata de un modelo nuevo, un poco diferente a las clásicas bolas. Como verás, hay una bola normal y, unido a ellas por el cordoncito, tres &#8220;apéndices&#8221; en forma de cacahuete, así diseñados para la penetración anal.</p>
<p>Dentro de una hora depositaré en el buzón de tu casa un paquetito conteniendo mi regalo. Esta tarde, al final de la jornada, te vas a vestir como la vulgar furcia que eres, como sabes que me gusta: faldita corta, blusa escotada y zapatos de tacón alto. Sin ninguna ropa interior, nada de te hace preguntas, tienes prohibido hablar. Solo puedes expresar &#8220;si&#8221; y &#8220;no&#8221; con movimientos de cabeza y con la mirada baja. Solamente hablarás si alguien te pregunta tu nombre. En ese caso simplemente le dirás acercando tu boca a su oído&#8230; &#8220;puta&#8221;. Tomarás asiento y notarás, con el movimiento del autobús al circular, tus penetrados agujeros estimularse. Permanecerás en el vehículo hasta que, restregándote en el asiento, frotando el coño con alguna de las barras para agarrarse o como mejor te parezca hacer, consigas correrte como una furcia.<br />
¿Crees que serás capaz de hacer algo tan sencillo? No me defraudes. Luego vienes aquí, a mi casa, y me lo cuentas, de manera precisa y detallada. Quiero excitarme con tus palabras, que provoques mi deseo con ellas. Ah, lo más importante: Arréglate como puedas, pero no quiero que ninguno de esos cerdos asquerosos te toque. Si me entero que alguno te sobó el culo o las tetas, que follaste o mamaste alguna de esas pollas, o que les permitiste violarte, me harás enfadar. Enfadar mucho. Enfadar de verdad. Tenlo presente.</p>
<p>Me di un largo baño muy caliente. Tenía la piel tersa y perfumada por las sales de baño. Me coloqué una bata para secarme y dediqué a admirar el regalo de mi Amo, esas bolitas de placer que pronto estarían dentro de mi cuerpo. Una vez seca, me acosté en la cama, cerré los ojos e imaginé que mamaba la gorda polla de mi Amo, me comencé a acariciar el coñito, lubricándolo para poder introducir la bola grande. Luego también unté un poco de gel lubricante en mi ano, lo esparcí por la superficie e introduje un dedo. Primero me coloqué la bola en el coño y luego, uno tras otro, los tres apéndices en el culo. Temí que se salieran por el lubricante, por lo que me sequé el culito con una toalla. Tras esto, con las bolas dentro, comencé a vestirme cuidadosamente, lentamente, estaba ya a esas alturas a mil, excitadísima. Me coloqué la falda corta de cuero color marrón, luego una blusa que casi me deja al aire las tetas, color celeste. Me senté en la cama para ponerme los zapatos de tacón alto color marrón y sentí el primer espasmo de placer con las bolitas en mi cuerpo. Salí así vestida a la calle camino de la parada de autobús. Por la calle los hombres me miraban y me decían guarradas&#038; &#8220;Puta, ¿cuanto cobras?&#8221; &#8220;Ven a hacerme una mamada, zorra&#8221; Yo no contestaba, agachaba la mirada esperando llegar a mi destino.</p>
<p>Dos hombres en la parada de autobús se me acercaron, me arrinconaron y me dijeron&#038; &#8220;Putita ¿quieres verga? ¿Quieres comerte mi polla?&#8221; Yo meneaba la cabeza en forma negativa. Por fin llegó el autobús. Subí rápidamente. Estaba completo, no cabía un alfiler. Quedé entre dos hombres grandes, con enormes barrigas cerveceras, vestidos con sucios monos azules de trabajo y un fuerte olor a transpiración mezclado al de sus alcoholizados alientos. Ambos se dieron la vuelta.</p>
<p>- Hola zorrita -me dijeron a dúo- ¿Qué haces en este lugar a esta hora?Yo no contesté. Tenía la cabeza gacha, miraba al suelo.<br />
- ¿Te comieron la lengua los ratones? Yo seguía sin contestar. Hubo una parada y bajó bastante gente, pero también subió otro tanto. Por inercia de la gente que empujaba fuimos a parar los tres a la parte de atrás. Un asiento estaba desocupado.<br />
- Vamos niña, siéntate -me dijo uno de ellos. Me senté sin dejar de mirar al suelo.</p>
<p>- Zorrita, quiero que me sobes la polla -me susurró el otro al oído.</p>
<p>- No, no -dije yo.<br />
- Vamos putita, vienes vestida así a este lugar ¿Para qué si no es para folla asiendo de al lado se desocupó, uno de los hombres se sentó a mi lado y apretó su enorme cuerpo contra el mío. Confieso que eso incrementó mucho mi excitación. A los pocos minutos estaba ya a punto de correrme. Coloqué con disimulo las manos entre las piernas, luego pasé una bajo la faldita y comencé a dar tironcitos del hilo que sujetaba las bolitas. Cerré los ojos y pensé en usted, mi Amo, y en su magnífica verga. Me imaginé mamándola y&#038; estoy acabando&#038; tratando de ahogar mi gemido&#038; ¡Aaaaahhh! Me corro&#038; Ohhh, mi Amo, mi macho, ahhhhh, ssiiiiiiii, ahhhhh&#038;</p>
<p>Entonces los hombres me miraron incrédulos.</p>
<p>- ¡¿Te estás corriendo, puta?!Yo negué con la cabeza. Los tenía pegados, uno a mi lado y el otro enfrente de mí. Los dos olían horrible a vino, grasa y sudor.<br />
- ¿Cómo te llamas? -preguntó el que tenía delante. Esa pregunta tan temida. No quería contestarla, sabía lo que ocurriría. No contesté.</p>
<p>- Dime, zorra, ¿cómo te llamas? -Volvió a preguntar, acercándose más.<br />
Lo miré y le susurre al oído&#038; &#8220;puta&#8221;.<br />
Eso fue suficiente para desencadenarlo todo. El que estaba a mi lado bajó la cremallera de mi falda y me metió la mano en mi rajita húmeda. -Ahhhhh- se me escapó un gemido.</p>
<p>El resto de la gente seguía como si nada sucediera, había mucho ruido, demasiada gente como para que alguien notara algo.<br />
- Está toda mojada, la muy puta informó a su compañero mientras me tocaba el coño- ¡Va sin bragas y tiene algo metido en la raja! Tiró fuerte del hilo y me sacó la bola del coño, pero no las del culo. Se abrió el cierre del pantalón, se sacó la polla, que estaba completamente tiesa, y me sentó encima de él, levantándome la faldita. Me penetró de un solo golpe. Tenía una verga enorme que sentí reventarme las entrañas. El otro se sacó también el rabo, me cogió el pelo de un puñado y empujó mi cabeza hasta que me lo metió en la boca. Comenzaron a follarme. Uno por la vagina y el otro metiéndomela hasta la garganta. Me daba nauseas esa polla tan gorda y sucia, pero no podía hacer nada. Me quejaba, pero no me dejaban. Siguieron follándome y diciéndome todo tipo de barbaridades hasta que comenzaron a emitir gruñidos animales anunciadores de que iban a correrse. Yo, por la violencia y al asco que me daban, traté de concentrarme en imaginar que uno de esos hombres era usted, mi Amo. Me excité de nuevo. Sentí placer con esas dos pollas que taladraban mi cuerpo. Sentía en mi recto la presión de las otras bolitas mientras el gordo me follaba y eso me daba un placer enorme. Al cabo de un minuto acabamos los tres.<br />
- Aahh, putaaaa, siiii, siiii, trágate mi leche, siiiiiiii.</p>
<p>El de abajo me apretaba las tetas y me pellizcaba los pezones con fuerza, me estaba haciendo daño. Me rasgaba la blusa. Me dolía y&#038; sentía asco y&#038; me corría también&#038; - Ahhhhhhhh, cabrones, hijos de puta, me están haciendo correr, ahhhhhhhh, cerdos, ahhhhhhhh.<br />
Me corrí como una perra. El de abajo me inundó la vagina de semen y el otro la boca. Me ladeé para escupir, pero al verme, me agarró de la garganta con su rasposa manaza y me obligó a tragarlo todo, salvo el que desbordaba de mis labios y me caía resbalando por la cara hasta caer sobre la blusa. Sentí nauseas, casi vomito allí mismo. Me soltaron y en ese momento paró el autobús y bajó mucha gente. También yo bajé y me fui corriendo en dirección opuesta al resto de la gente.</p>
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		<title>MI AMANTE PARAGUAYA I</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Apr 2006 23:17:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[lesbicos]]></category>

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		<description><![CDATA[ Necesito ver tu cuerpo desnudo, necesito tocar por primera vez las tetas de una mujer mirándola a los ojos, oler su sexo y sentirla vibrar con mis caricias
Ahora estoy sola en casa, sola como hace ya varias semanas desde que la loca relación que mantuve, por 6 meses con Ana, terminó.
Ana fue alumna de mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Necesito ver tu cuerpo desnudo, necesito tocar por primera vez las tetas de una mujer mirándola a los ojos, oler su sexo y sentirla vibrar con mis caricias</p>
<p>Ahora estoy sola en casa, sola como hace ya varias semanas desde que la loca relación que mantuve, por 6 meses con Ana, terminó.<br />
Ana fue alumna de mi curso de Inglés durante 2 años, y fue a finales del año pasado que nos hicimos amantes.<span id="more-199"></span><br />
Desde entonces, Ana y yo estábamos casi todo el tiempo juntas. Era una persona posesiva, y si bien el sexo era intenso, la relación se tornó cada vez más dificil.<br />
Finalmente, después de muchas conversaciones decidimos terminar.<br />
Me llamo Clara y tengo 38 años, vivo en Uruguay, trabajo en administración y desde hace un tiempo doy clases de inglés.<br />
Me gusta salir, con amigos a cenar, oir música, ir al cine, etc. nada muy especial. Me gusta la vida sencilla, pero como todos puedo llegar a cometer alguna locura por amor o por una gran pasión.</p>
<p>Hace un par de semanas, salimos a bailar a un lugar nuevo y allí conoci a Karen. Karen, resultó ser una señora paraguaya, contadora, de 45 años, muy elegante, y simpática. Conversamos mucho, hasta que el grupo con el que venía se retiró al hotel. Ella estaba de paso por Montevideo, pues vive en Asunción del Paraguay.<br />
Me dió el teléfono del hotel y desde luego, al otro día la llamé. Salimos a cenar, su voz me cautivó, la serenidad de sus palabras. Usa un perfume delicioso, que en esto momento mientras les cuento, soy capaz de percibir.<br />
En ningún momento, le hablé de mi predilección por las mujeres, pero no sé muy bien porque supuse que ella sentía lo mismo. Al final de la noche, cuando llegamos a la puerta del hotel, le dije que me gustaba mucho y que me gustaría invitarla a mi casa al día siguiente.<br />
El resto sucedió naturalmente, se inclinó sobre mi rostro, me besó muy sabroso y me pidió que la pasara a buscar a las nueve. Nos besamos nuevamente, se bajó y me fui a casa.</p>
<p>Al día siguiente, me llamó al mediodía desde Punta del Este, donde estaba con el resto de sus compañeros de viaje. Me confesó que era casada, y que en Paraguay, nadie sabía de su lesbianismo.<br />
Me preguntó si aún quería volver a verla y sin pensarlo nada, le dije que pasaría por ella a las nueve. Estaba ansiosa por volver a verla y tener un contacto más íntimo con aquella morena preciosa.</p>
<p>Llegué al hotel y ella estaba la puerta, el sol de Punta del Este, hacía que se viera rozagante y que su piel se sintiera como afiebrada. Esa misma fiebre comenzaba a adueñarse de mi cuerpo, a medida que me acercaba más a ella.</p>
<p>Llegamos a casa, y la besé ni bien entramos, pero esta vez la intimidad del lugar la hizo sentirse confiada. El beso fue más intenso, sus brazos rodearon mi cintura, mis manos acariciaron su rostro.<br />
Nos sentamos a tomar una copa y me contó sobre su vida, su matrimonio. Yo le conté acerca de Ana y alguna relación anterior.<br />
Me contó sobre sus viajes, nos reímos mucho, es muy graciosa para relatar sus historias. En todo momento, nos acariciamos y nos tomamos la mano, era como si nos conociéramos desde tiempo atrás.<br />
La pregunta era obligada:</p>
<p>Clara - ¿hasta cuándo te quedas en Montevideo?Karen - estaremos aquí una semana más, por lo que dure el Congreso.<br />
Clara - Me gustaría mucho que nos siguiéramos viendo, ¿tu qué dices?Karen - claro, lo paso muy bien contigo. Podríamos volver a Punta del Este este fin de semana, si tú puedes.<br />
Clara - es una buena idea, solo tengo que arreglar un par de cosas, pero no creo que haya problemas.</p>
<p>Yo quería pedirle que se quedara conmigo esa noche, pero no estaba segura de que ella quisiera llegar tan lejos. Entonces, solo pude besarla e intentar una caricia más atrevida para ver que pasaba.<br />
Me acerqué y la besé en la mejilla, me instalé en su cuello, susurré en su oído que me gustaba mucho. Ella se recostó hacia atrás en el sofá y eso fue para mi una invitación a seguir adelante, mi mano fue directo a acariciar sus senos. En ese momento se sobresaltó, se levantó del sofá y temblaba como una hoja.</p>
<p>Clara - lo siento, no quise molestarte, es solo que sentí que tu lo deseabas igual que yo.<br />
Karen - que vergüenza, discúlpame por favor.</p>
<p>La tomé de la mano, para que se sentara junto a mi otra vez.</p>
<p>Clara - calmate, haremos lo que tu quieras.<br />
Karen - es que hace mucho tiempo que lucho contra esto, hace tiempo que no me permito sentir atracción por una mujer. Pero estando lejos de casa y habiendo conocido a alguien como tú, es muy difícil y eso me atormenta.</p>
<p>Obviamente el problema era serio, la mujer estaba reprimiendo sus sentimientos, quien sabe desde cuando y ahora estaba aterrorizada porque lo que ella creía olvidado afloraba nuevamente.<br />
Ya más serena y nuevamente sentada junto a mi, bebió de un golpe su copa de vino, y comenzó a hablar sin necesidad de preguntas:</p>
<p>Aquella mujer de 45 años, casada desde hacía 20 años, siempre sintió atracción por las mujeres pero jamás estuvo con una. Su marido era un buen hombre que nunca imaginó lo que pasaba por la cabeza y el cuerpo de su mujer. Ella amó en silencio a su mejor amiga, pero finalmente se casó con el hermano. Su madre la descubrió una tarde masturbándose mirando una escena de lesbianismo en un película y la abofeteó y castigó por un mes.<br />
Les cuento solo pinceladas de la historia que Karen me relató.</p>
<p>Se hicieron así las 2 de la madrugada y la invité a dormir en casa. Pasamos la noche en la misma cama, pero solo pude acariciar su cabello negro hasta que se quedó dormida.</p>
<p>Por la mañana yo debía trabajar y ella volver a las charlas de Congreso. La dejé en el hotel, pero con la firme promesa de encontrarnos esa noche.<br />
Salimos a cenar, fuimos a bailar al lugar donde nos conocimos y volvimos a mi casa.<br />
Una vez que entramos, y sin mucho preámbulo me dijo que quería verme desnuda y poder tocarme.<br />
Karen - necesito ver tu cuerpo desnudo, necesito tocar por primera vez las tetas de una mujer mirándola a los ojos, oler su sexo y sentirla vibrar con mis caricias.<br />
Clara - cariño, me siento honrada de ser la primera mujer que te haga el amor. Quiero tocar tu interior y que tus gemidos inunden la habitación.<br />
Karen - no se si estoy preparada para eso todavía. Hoy puedo decirlo por primera vez en voz alta: amo el cuerpo desnudo de una mujer y quiero tenerte esta noche. Pero no sé si pueda entregarme, es egoísta, lo sé, pero necesito tiempo.</p>
<p>Solo pude besarla y de la mano llevarla al dormitorio, me quitó la ropa y caminó alrededor de mi durante un largo rato. Me miraba son la curiosidad de un niño, apenas me rozaba con la punta de sus dedos y yo sentía el fuego intenso de mi sexo. Era una sensación inigualable, yo representaba su gran tesoro, era la primera vez que alguien me hacía sentir como el primer premio de la lotería. Nos abrazamos y besamos. La habitación estaba preparada para el momento: luz muy suave, perfume de inciensos, sábanas muy blancas y sedosas. Yo era en ese momento, como dice el poeta: una mujer desnuda en lo oscuro.<br />
La deseaba tanto que la abracé con fuerza y pretendí tocar su sexo, pero apenas me lo permitió. Me suplicó: &#8220;por favor, no lo resisto. Me avergüenza que me mires o me toques, pero necesito darte placer. Siempre soñé con acariciar íntimamente a una mujer, quiero entregarte hoy el amor que tengo escondido desde hace tanto tiempo&#8221;.</p>
<p>No pude hablar más, sus palabras me conmovieron profundamente. Siguió girando en torno a mí, en silencio pero con la respiración entrecortada, yo podía sentir cada parte de mi cuerpo que era tocada por sus ojos negros. Finalmente se paró detrás de mi y comenzó a acariciar mi cola, amasó mis nalgas. Me tomó por la cintura y me apretó contra su cuerpo. Besó mi espalda, apretó mi vientre, cuando su mano se posó sobre mi monte de venus, giré para quedar frente a frente. Necesitaba besarla, tocar su lengua con la mía (adoro esa sensación!!!)</p>
<p>Además ya no podía sostenerme de pie, me acomodé en una butaca del dormitorio, me recosté y Karen se arrodilló a mi lado. No quería decirle que hacer, pero necesitaba que mamara mis pechos. Como una niña, sus labios y lengua jugaron con mis pezones y los chuparon hasta que estaba rojos y doloridos.</p>
<p>Ella no pronunció palabra, hasta que me miró a los ojos y me dijo que quería ver mi sexo. La besé una vez más y me acomodé mejor en el asiento para poder separar las piernas y entregarle mi esencia. Ya no podía esperar, la deseaba y estaba tan tensa, que todo mi cuerpo me dolía.</p>
<p>Se inclinó delante de mí y hundió su cabeza entre mis piernas. Me besó y lamió, ciertamente no era una experta, pero se notaban sus deseos reprimidos. Le pedí que me diera un tiempo para reponerme pues el cuerpo ya no me respondía. Estaba totalmente mojada y muy dolorida.<br />
Eso fue todo por esa noche, nos acostamos y yo me quedé automáticamente dormida.</p>
<p>A la mañana siguiente nos despertó su celular, era la gente de la delegación que la buscaba. Dio una disculpa y se quedó acostada a mi lado, jugando con mis pezones. Ella seguía ridículamente, vestida, apenas se había quitado los zapatos.</p>
<p>Me levanté al baño, necesitaba una ducha, pero le dije que al volver quería ver a una mujer desnuda en mi cama.</p>
<p>Tomé un baño delicioso, el agua tenía la temperatura justa, el aroma frutal del jabón, el vapor en el baño, me sentía en el paraíso y realmente lo estaba. Cuando salí del baño con la piel húmeda y perfumada, la visión era perfecta: allí justo frente a mi, sobre mi cama había una morena de ojos y cabello azabache, su piel era de seda, brillaba con el sol. Sus senos, por favor!!!! Aquellas tetas eran perfectas, grandes, aureolas gigantes y de un color casi morado. El vello púbico era negro pero muy escaso, sus caderas eran anchas, sus piernas perfectas. Aquella mujer, no se atrevía a mirarme, y temblaba como la primera vez.<br />
Me acosté a su lado y cuando acaricié su pecho se sobresaltó nuevamente:</p>
<p>Karen - no puedo con esto, ayudame por favorClara - cariño, eres muy hermosa, y te deseo. Necesitas relajarte y dejarte llevar; yo no voy a lastimarte y no haré nada que tú no quieras pero deseo hacerte el amor. Necesito saber que tienes la confianza suficiente para entregarte a mí, como lo hice anoche.<br />
Karen - ¿te gusto?Clara - desde que te conozco, sueño contigo y ahora cuando te vi por primera vez desnuda tuve que contenerme para no caerte encima. Tienes el par de tetas más hermoso que yo he visto y el olor de tu conchita me está volviendo loca.</p>
<p>Mis palabras no eran las más sutiles, pero pretendía liberarla de sus prejuicios. Su cara se puso roja como el fuego, y bajó la mirada como niña avergonzada. No pude menos que reírme a carcajadas de aquella mujer que tenía varios años más que yo, pero que parecía una virgen lesbiana.</p>
<p>Comenzó a reírse también y finalmente nos revolcamos sobre la cama hasta el mediodía, me la cogí como nunca a nadie, aquella hembra estaba sedienta de sexo y me pedía más y más.</p>
<p>Su teléfono volvió a sonar y ya no podía negarse, nos bañamos juntas y fui a dejarla a su hotel.</p>
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		<title>El diablo con media de seda</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Apr 2006 21:06:48 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[erotismo-amor]]></category>

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		<description><![CDATA[Carlos y Eva son los protagonistas de este relato. Ambos se conocieron en una sección de contactos de Internet.
Ella pedía una relación puntual con un hombre de no más de 40, evocando la poca actividad sexual de su vigente matrimonio y también para satisfacer algunas fantasías morbosas e inconfesables no compartidas con su pareja. Eva, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Carlos y Eva son los protagonistas de este relato. Ambos se conocieron en una sección de contactos de Internet.<br />
Ella pedía una relación puntual con un hombre de no más de 40, evocando la poca actividad sexual de su vigente matrimonio y también para satisfacer algunas fantasías morbosas e inconfesables no compartidas con su pareja. Eva, con 29 años, se definía como poco simpática por falta de ejercicio, de mediana estatura, rubia, delgada, ordenada, limpia, sana y muy prudente con su salud y responsabilidades. Pedía una cita a ciegas de resolución inmediata (aquí te pillo, aquí te mato)&#8230; si el contacto la convencía. <span id="more-198"></span><br />
Carlos se aventuró a responder a aquella solicitud aunque por sus 41 años pensó&#8230; &#8216;Ni me contestará&#8217;. Pero sí; y una vez establecido el contacto electrónico, le contó hallarse en la misma situación de &#8220;nogracia&#8221; en su matrimonio y como la rutina terminó con la pasión y la frescura de su vida sexual. Sabía que sus fantasías jamás tendrían correspondencia y por ello que inició búsquedas en secciones de contactos de Internet. Se definía como un caballero bien educado, respetuoso, de nivel social y cultural medio-alto, no simpático pero ni mucho menos serio, limpio, sano, de mediana estatura, moreno y con algunos kilos de más. Sin considerarse guapo ni atractivo, se manifestaba capaz de explotar sus mejores cualidades ante una dama.</p>
<p>Esto último gustó a Eva. Ella le solicitó una foto de cuerpo entero (no necesariamente desnudo - al menos no del todo: en bañador serviría-), si acaso sin rostro (como así fue finalmente). Contra la respuesta de una cuestionario personal en referencia a su carácter y costumbres, Eva le envió una foto suya, vestida y con el rostro borrado. Eva no esperó el acepto de Carlos: siguió adelante y pasó a plantearle la logística y el protocolo del encuentro.</p>
<p>Tras fijar de común acuerdo una fecha y hora, ella se encargaría de determinar el lugar, reservando habitación en un hotel: se lo notificaría con antelación. Deberían citarse en un bar, o en el bar del hotel, a priori solo para tomar una copa (pero ella dejaba claro que no pensaba indicar si el bar del Hotel sería el del mismo Hotel reservado). Existiría un código de identificación y otro de conducta:</p>
<p>1.- Identificación:<br />
- Ella llevaría broche con una rosa dorada en la solapa y vestiría blusa amarilla, chaquetilla y falda marrón, con medias rojas y tacón alto. A solicitud de él, se haría una trenza en el pelo. Llevaría un pequeño bolso gris con una enorme hebilla plateada.<br />
- Él vestiría traje azul, camisa blanca, corbata roja con unos dados como dibujo, llevaría un pin plateado en la solapa con un barquito de vela y pelo corto (moreno). Solo llevaría una agenda marrón como objeto personal.<br />
2.- Conducta:<br />
- Al llegar al bar, cada uno solicitaría algo que tomar. Si uno reconociera al otro, dejaría un paquete de tabaco sobre el bolso o agenda y junto a su consumición. Desde el momento en que uno u otro se diera por identificado (por la cajetilla de tabaco), debían esperar 5 minutos antes de tratar de dirigirse la palabra o presentarse. Ello daba tiempo a que si uno de los dos se arrepentía del encuentro, pudiera &#8220;escapar&#8221; a la cita, de forma elegante y discreta.<br />
- En cualquier caso y si uno de los dos estuviera acompañado, el otro no interferiría ni trataría de presentarse.<br />
- Si cualquiera de los dos se saltaba el protocolo, el otro podría declinar la cita y &#8220;escapar&#8221;.<br />
Carlos aceptó de buena gana y propuso varias fechas posibles.<br />
Ella contestó a las pocas horas aceptando una de las fechas, lo cual él confirmó. El día previsto y la hora en punto, estaban los dos sentaditos en sendas mesas del bar del Hotel Plaza de Madrid. Les costó poco identificarse: el código ideado por Eva era tan ordenado y pulcro que daba poca opción a error. Eva no era fumadora, dejó un paquete de Marlboro por estrenar sobre su bolso en la mesa, mientras tomaba un café.<br />
Carlos solo entrar en el bar ya se fijó en ella. Al momento se congratuló de identificarla con su cita, pero se comportó con toda naturalidad y la discreción solicitada esperando el tiempo oportuno.</p>
<p>Finalmente y tras un repaso ocular mutuo, él se decidió a presentarse y Eva le rogó amablemente que se sentara en su mesa. Confesó haberle identificado con solo entrar en el bar y le agradeció su respeto al código por ella impuesto. Hablaron de diversas banalidades hasta ir llegando a aspectos concretos, sobre sus respectivas ocupaciones laborales, aunque nunca dieron nombres específicos ni más allá de los de pila, ni de sus respectivas empresas, con lo que mantuvieron una correcta complicidad alimentando el misterio y la morbosidad del anonimato para el tipo de encuentro.<br />
Carlos no mostró ninguna prisa por precipitar los acontecimientos, lo que a ella le dio tranquilidad para ir conociéndole, aunque limitadamente, hasta que creyó oportuno proponerle de subir a su habitación a tomar otra copa, a lo que él accedió rápidamente.</p>
<p>Dado que el Hotel estaba lleno debido a una convención local y por la prudencia de evitar un encuentro casual no deseado con un tercero, ella le pidió que esperara 2 minutos antes de subir. Así se hizo, de forma que subieron en ascensores distintos.<br />
Cuando él llamó a la puerta esta se abrió de inmediato como articulada por un dispositivo automático de forma que él entró sin verla: estaba detrás de la puerta, representando todo el sigilo de que era capaz y evitando ser vista desde fuera de la habitación. Su excitación empezaba a aflorar y se quedó un momento dubitativa mostrando una leve sonrisa. Él aprovechó para tomar la iniciativa y se acercó para provocar el primer contacto cuerpo a cuerpo, pero ella no quería perder el control de la situación; si acaso no aún: estaban en &#8220;su&#8221; hotel y por tanto en &#8220;su&#8221; terreno. Se escabulló de lo que aún no era ni un abrazo y pasó al &#8220;contraataque&#8221;:</p>
<p>- Por favor, pasa al baño y lávate los dientes. Ahí tienes un cepillo. Yo mientras te preparo una copa. ¿Quieres un whisky? -.<br />
- Sí. Gracias.- contestó él. Vuelvo en un minuto -. Y cerró la puerta tras de sí.<br />
- ¡¡ No te olvides de hacer pipí !! - gritó a través de la puerta. Ella necesitaba evocar su condición dominante. No era su estilo, pero creía que por el anonimato del caso debía mantener dicha postura hasta conocer mejor las reacciones de él&#8230; y si podía existir algún conato de incidente, mejor pronto que tarde.</p>
<p>Trató de relajarse. No se trataba de provocar una crisis antes de empezar, quería evitar una situación crítica pero no pensaba &#8220;dejarse llevar&#8221;. La excitación seguía creciendo. Preparó la copa midiendo sus movimientos y aún así estuvo a punto de echar el hielo por encima del escritorio. Para ella preparó lo mismo, pero se apresuró a tomar un trago de serenidad sin ser vista. Echó una ojeada a la habitación y apagó la luz techo. Reparó en que aquella lámpara colgante en forma de araña era verdaderamente horrible, no pegaba en aquella decoración y quedaba demasiado baja: hasta ella, sin ser alta, llegaba con facilidad a tocarla. Menos mal que estaba situada prácticamente sobre el colchón. Luego encendió los dos apliques junto a las mesitas de noche en la cabecera de la cama y encendió también la lámpara de la mesa escritorio en la pared opuesta. Ahora la luz ambiental era correcta y sin deslumbrar, podrían verse bien las caras&#8230; y todo lo demás. A ella le encantaba mirar&#8230;<br />
Luego se contempló en el espejo situado sobre el escritorio y se retocó el pelo.</p>
<p>- No te pongas nerviosa - se dijo, - Parece buen tipo, de carácter sano y con las ideas claras sobre esto. Es suficiente para lo que quiero y creo que él está tan nervioso y excitado como yo. Ya me conviene -.<br />
No se había quitado aún la chaqueta y pensó que ni le había propuesto a él de colgar su americana.<br />
- Bueno - pensó - supongo que se la habrá quitado en el lavabo. Igual la deja colgada allí -.<br />
Él salió del lavabo aún con la americana puesta y ella se apresuró a seguir con el marcaje.<br />
- ¿Has hecho pis? -. dijo.<br />
Ya se estaba pasando, tanto control se acercaba a la neurosis.<br />
- No tengo ganas. Gracias. ¿Y tú? Te advierto que la lluvia dorada no es lo mío -. Ahora él estaba algo más serio, y a punto para el contraataque dialéctico que ella parecía estar buscando.</p>
<p>Ella entendió que debía calmarse y calmarle, así que mostró la mejor de sus sonrisas, tomó las dos copas y se acercó a él.<br />
- Disculpa, no te he preguntado si querías ponerte cómodo, ¿Me das tu americana y la cuelgo? ¿O te la dejas puesta? A mí me encantan los hombres con traje&#8230; -. Otra vez los nervios la estaban traicionando.<br />
Él tomó la copa, la miró serenamente y brindó.<br />
- ¡ Salud! - dijo él.<br />
- ¡ Salud! -.<br />
Se acercó a él y le dio un besito en los labios.<br />
- Ahora se terminó la conversación. - dijo ella.<br />
- A partir de este momento solo acepto monosílabos&#8230; o gemidos -.<br />
- Hueles de maravilla - contestó Carlos.<br />
- No te distraigas, he dicho monosílabos o gemidos, Carlos. -. Puntualizó ella - Por ejemplo, &#8216;huéleme&#8217; es un monosílabo. -.<br />
- Ok. Huélote -. respondió.</p>
<p>Sin soltar la copa la abrazó como bailando y paseó sus labios desde su cuello hasta la oreja respirando su perfume. Luego se dirigió a su boca, le devolvió el besito de cortesía y se separó un momento para contemplarla de arriba a abajo, mientras aprovechaba para dejar la copa en el escritorio. Acto seguido flexionó las piernas frente a ella hasta situar su frente a la altura de sus caderas. Trataba de no dejar de mirarla a los ojos cuando empezó a presionar su nariz contra su pubis.</p>
<p>Ella le seguía con la vista, pero tardó un instante en distraerse cuando sus manos empezaron a recorrer sus piernas. Desde las pantorrillas hasta sus nalgas, pasando por el lomo de sus muslos iba acariciando sus piernas por encima las medias y parando para insinuar un pellizco. Su nariz dejó de presionar su pubis para empezar a usarla para levantar la falda. Ella le ayudó a subirla y aprovechó para separar un poco las piernas. Él terminó de ponerse algo más cómodo arrodillándose ante ella. Ahora le agarraba las nalgas con ambas manos y su cabeza ya estaba totalmente bajo su falda. Con la lengua le estaba mojando las bragas justo donde empieza a dibujarse la rajita.<br />
Eva vestía unas braquitas blancas minúsculas, de las que cubren lo mínimo por delante y se convierten en un hilillo por detrás, pero suficientemente extensibles como para que él pudiera apartarlas sin demasiado problema&#8230; sin usar las manos.</p>
<p>Él estuvo unos instantes recorriendo sus labios y clítoris arriba y abajo con la lengua, mordisqueando todo y deteniendo sus acciones cuando ella se contorneaba o cuando gemía. En un momento ella había empezado a soltar el lubricante preciso para que él resbalara cíclicamente entre sus piernas. El ritmo de la respiración ya estaba llegando al punto en que uno comprende que la pasión está en el aire. La excitación aumentaba, pero aún no se atrevían a dejarse llevar. Alguna mirada fugaz delataba que la química estaba funcionando, en su lucha por romper el hielo y la falta de confianza: estaba claro que la pasión les envolvería y entonces deberían intervenir para evitar el asincronismo de su goce.</p>
<p>En un arrebato de genio, a los que uno recurre cuando vé que empieza a perder el &#8220;oremus&#8221;, ella le agarró de las orejas con las dos manos y le retiró de su entrepierna. Sonrió cuando vio la cara de sorpresa de él y pensó:</p>
<p>- Estará dudando entre si le voy a decir que se largue, o que lo hace fatal -.<br />
- Chsssst -. Le dijo mientras le tapaba la boca con la punta de su índice.<br />
- Levántate -.</p>
<p>Le empujó suavemente contra el escritorio y empezó a desabrocharle el cinturón. Él a su vez dirigió su mano hacia los botones de la chaquetilla de ella, pero Eva hizo un gesto para evitarlo y le miró diciendo no con la cabeza.</p>
<p>Él sonrió: ella quería mantener las riendas, pero ahora las formas eran otras y no le desagradaban.<br />
Tras el cinturón cayeron los pantalones. Ella se agachó y cogió el pene entre sus dientes a través de los calzoncillos. La cara de él tomo forma de entre interrogante y admiración. A ella se le escapó una leve carcajada, soltó la presa de entre sus fauces y le dio un succionador beso en una pierna empujando la rodilla para que la levantara un poco. Le quitó un zapato, luego el otro y finalmente los pantalones. Volvió a subir su mirada hacia él mientras le agarraba los calzoncillos por la cintura y empezaba a deslizarlos hacia abajo. Su pene se tambaleó en cuanto quedó libre. Tenía el capullo rojo de lujuria y ella lo besó en la punta y contempló unos instantes viendo como el bombeo de sangre lo balanceaba.</p>
<p>La excitación de Carlos había provocado que un poco de líquido transparente asomara por su verga; ella lo recogió con la puntita de su lengua y retirando su cabeza sin perder de vista el azul de sus ojos, permitió que el líquido colgara describiendo un arco entre su lengua y el miembro. Sonriendo se relamió como una gatita. Un fugaz relámpago pasó por las pupilas de Carlos.</p>
<p>- Quieto! - susurró nuevamente ella. Se separó de él, se puso bien la falda sin quitarle ojo de encima y poniendo una pierna sobre una silla empezó a quitarse lentamente una de las medias. La fue enrollando hasta llegar a sus zapatos de tacón alto, en forma tan sensual y elegante como supo. Se quitó la media pero volvió a calzarse.<br />
Aproximándosele mientras se contorneaba, fue desenrollando la media lentamente. Él la contemplaba apoyado contra el escritorio con las manos a ambos lados de su cuerpo, sin pantalones, sin calzoncillos, sin calcetines, sin zapatos, pero con la americana puesta, vistiendo corbata y, entre la camisa que se arrugaba sobre sus muslos, bajo el último botón, emergía su polla erecta apuntando al techo.<br />
Ella se acercó y sujetando la media entre sus manos en forma de cinta, la levantó hasta la altura de su boca como queriendo precintarla. Le tapó la boca con la media y acercando los labios a su mejilla le susurró:</p>
<p>- No te muevas Carlitos -.<br />
Retiró la media de su boca y ahora le besó tiernamente, repasando sus dientes con la lengua, mientras frotaba su vientre contra su polla. Siguió frotando su cuerpo contra el de él a la vez que le desvestía de la americana sin dejar de calentarle besando su cuello y orejas. Él ayudó sin rechistar. Luego ella se fue agachando hasta tener el pene ante sus ojos. Dejó la media sobre el miembro, dejando colgar los extremos a ambos lados y paseó su lengua desde los testículos hasta el glande. Se ocupó de su camisa, desabrochando algunos botones y volviendo a abrochar el inferior por detrás de la espalda de él. Ahora nada le privaría del espectáculo, a no ser, puntualmente, la indecisa corbata&#8230;<br />
Entonces resituó la media sobre el miembro y junto al pubis, tiró de ambos extremos, primero suavemente y luego con más fuerza, tensándola hacia abajo y la cruzó para aprisionar el miembro y los testículos a la vez, separándolos del resto del cuerpo. Aún con los dos extremos en la mano y tirando fuerte, cruzó de nuevo la media esta vez de atrás hacia delante, alrededor de los huevos y por la carne que los une al miembro. Cruzando por delante y haciendo un nudo simple pero fuerte, dejó lista la faena.<br />
Le miró a la cara. Él parecía algo desconcertado. Le tranquilizó con una sonrisa y un guiño y, separándole levemente del escritorio terminó de colocar los extremos colgantes de la media hacia detrás de su cuerpo, unidos y tirantes, colocándoselos en la raja de su apretado culo para que quedaran allí sujetos. Debido a la sorpresa del marinero ejercicio, la intensidad de su erección había disminuido sensiblemente. Ella se encargó de poner las cosas en su sitio con un eficaz ejercicio lingüístico alrededor del prepucio. Restablecido el ánimo, se incorporó. Carlos pensó que había llegado el momento de meter baza y mientras la sujetaba por la nalga con una mano, metió la otra por su escote tratando de liberar uno de sus pechos, pero Eva se resistió y susurró:<br />
- No. Termina lo que habías empezado.- Le tiró de la corbata para separarle del escritorio y se puso mirando al espejo, se subió algo la falda, se quitó las bragas y apoyando sus manos sobre la mesa separó las piernas y le señaló su sexo. El se arrodilló nuevamente, esta vez detrás de ella e inició una nueva sesión de besos y caricias en su entrepierna. Eva acercó la lamparita del escritorio hacia sí para que él tuviera una visión más clara del &#8220;pastel&#8221;&#8230; y para ella poder observarle. Eva estaba en la gloria. Aquel tipo tenía una lengua camaleónica y ella contemplaba a través del espejo su polla azulada. Su miembro, algo fláccido ahora, daba rítmicos tumbos a un lado y a otro, desconcertado.</p>
<p>En su ejercicio, él fue provocando una lubricación extrema en Eva: estaba totalmente mojada y si él no estuviera recogiendo toda su secreción, ésta andaría derramándose por sus piernas. Carlos empezó a ayudarse con la mano en su tarea y aprovechando la humedad absoluta de su compañera, empezó a jugar con su ano, primero repasándolo alternativamente con su lengua y luego empezando a empujar para introducir su dedo meñique que, como pan, mojaba en el clítoris. Estaba tan lubricada que la sorprendió la facilidad con que el dedito terminó dentro de su ano. Poco a poco Carlos fue haciendo partícipes de la visita a sus amigos anular, índice, corazón y finalmente el pulgar. Ella no dijo ni mu. Fue acompañando siempre rítmicamente el juego de su compañero contorsionándose para estimularle y estimularse, modificando su postura para ayudarle y flexionando sus piernas para permitir que pudiera llegar mejor, ya que él había terminado por sentarse en el suelo.</p>
<p>Cuando, como Pedro por su casa, el pulgar estuvo ya entrando y saliendo de su ensanchado culito, a la vez que el resto de los dedos paseaban distraídos por su clítoris, él metió el pulgar hasta el fondo. Eva soltó un gemido de&#8230; ¿sorpresa?, y Carlos, sin retirar el pulgar de su nuevo alojamiento, se puso de rodillas y girando un poco sobre sí mismo, doblegó a Eva lentamente arrodillándola a su lado mientras con la otra mano asiéndola por su trenza le metió su polla en la boca. Ella le echó una mirada de las que&#8230; entre matan y te perdonan la vida.</p>
<p>- Parecería que está tomando la iniciativa&#8230; - pensó -. Vamos, si agarrarme por el moño y meterme su polla en la boca no es tomar la iniciativa&#8230; y&#8230;. ¡ me encanta! -.<br />
Incrementaron el ritmo.<br />
La pasión estaba desatada. Ella gemía por la nariz y a él se le empezaron a escapar sus primeros Ah!&#8217;s.<br />
Ella, sosteniéndose a cuatro patas, no tenía libre ninguna mano para asir su verga, pero le gustaba como él dirigía su polla hacia su boca solo moviendo la cintura.<br />
- Abre la boca, - susurró él.<br />
Primero Eva no entendió:<br />
- ¿Que abra la boca?. ¡¡ Si tienes tu polla dentro!! - pensó. Luego comprendió y obedeció: Carlos fue frotando su glande contra sus labios, incisivos, muelas, paladar y hasta sus mejillas, nariz y mentón para volver de nuevo hacia su boca, con el miembro cada vez más morado, de venas hinchadas por la falta de circulación sanguínea (???). Bueno. No estaba claro qué ocurría, porque su capullo a punto de estallar no denotaba falta de riego sanguíneo&#8230; precisamente.</p>
<p>Cuando en su excitación él la penetraba demasiado a punto de ahogarla, ella respondía con un mordisco sostenido hasta que él gritaba de dolor&#8230; o retiraba su embite. De vez en cuando ella retrasaba su cabeza para tomar aliento y para relamerse de los jugos que ahora soltaba él. Notaba como a él le gustaba la escena. Sonreía como un niño cada vez que la veía con una gotita colgando de su lengua. Ahora él decidió liberarse de la camisa (de la corbata no pudo: no con una sola mano). Luego empezó con las prendas de ella, pero era imposible tal contorsionismo, así que tuvieron que parar y permitir que Eva se incorporara para desnudarse ella misma.</p>
<p>Mientras aún se quitaba el sujetador, estaban los dos de rodillas sobre la moqueta de la habitación, él con el pulgar en su recto y con los otros dedos de la misma mano jugando con su clítoris. Eva se llevó las manos a la espalda, se desabrochó el sujetador y fue a dejarlo caer, cuando se quedó petrificada con el sostén cubriéndole aún los senos: en la distracción tuvo un flash de lucidez y &#8220;control escénico&#8221; para acordarse de que&#8230; ¡¡ no había cerrado la puerta con llave!!. Giró la cabeza hacia la puerta, pero Carlos iba lanzado: con un ademán terminó de quitarle el sostén para ver sus erguidos pechos, y no reprimió sus ansias de estrujarlos. Ella volvió la cabeza y dijo: - Perdona&#8230; -, pero él le cortó:<br />
- Yo he cerrado la puerta.<br />
- y la besó apasionadamente en la boca.<br />
- Vamos a la cama -. Dijo él. Ella se echó sobre la cama bocarriba, sin pensar en nada preconcebido, la distracción de la puerta la aturdió por un momento. Justo el que él tardó en saltar de rodillas sobre cama, poner el cuerpo de Eva de perfil, levantarle la pierna, colocársela sobre el hombro y con un certero embite meter toda su polla en su vagina. Eva soltó un grito, ahogado por la exclamación de gusto de Carlos, que empezó con el ajetreo: iba sacando la polla completa a cada embite. Estaba más grande que nunca, y más que morada&#8230; oscura.</p>
<p>Eva estaba tan mojada y tan abierta que hubiera admitido una botella de Coca Cola de 2 litros por la base. En su lugar y entre embites Carlos paseaba su pulgar por su clítoris, empapándolo para volver a seducir su trasero. Pocos instantes bastaron para que ella tuviera de nuevo el pulgar de Carlos hurgando en sus entrañas por vía rectal, entrando y saliendo, queriendo a cada nuevo aliento llegar más lejos, más a fondo. Con la otra mano Carlos iba masajeando las preciosas, firmes y suaves tetas de Eva, hasta el momento censuradas, usando de vez en cuando sus pezones como el volumen de la radio.</p>
<p>Estuvieron así unos minutos, abandonados al ritmo, cruzando miradas entre observadoras, acusadoras, interrogativas y cómplices, cerrando los ojos y volviendo a agradecerse con la mirada el momento del que disfrutaban. Cuando parecía que los aulliditos que ella casi sollozaba se iban agudizando, como para prever que iba a terminar, él bajó el ritmo por unos instantes y luego la desmontó&#8230; justo en el momento en que ella suspiraba sonoramente.<br />
- Me he retirado tarde.- pensó Carlos. - Acaba de correrse&#8230; y yo estaba fuera -.<br />
Se incorporó al pié de la cama. La corbata le colgaba de una oreja. Ella había quedado tendida boca abajo sobre la cama, ojos cerrados, respiración sonora, con la pierna encogida y mostrando su peludita entrepierna, colmada por un hinchado y brillante coño, latiendo como un rosado corazón abierto. Era evidente que ella acababa de terminar: los pelos del pubis goteaban sobre la sábana. Mientras observaba el panorama iba cavilando la siguiente pose. La media roja colgando de su trasero sugería la imagen de una conejita PlayBoy.</p>
<p>- Has terminado? -. Balbuceó ella.<br />
Sin respuesta.<br />
La cama era de madera maciza. El lomo del pié de la cama era algo grueso, de cantos redondeados y quedaba a la altura del colchón, aunque en la parte central describía un arco que elevaba un poco la altura media. En dos zancadas se acercó al baño y al instante volvió con una toalla plegada. Ella seguía en babia. Puso la toalla sobre el lomo de la cama.</p>
<p>Agarró a Eva por los tobillos y la arrastró hasta que sus rodillas cayeron por el pié de cama quedando su vientre y pechos sobre la sábana y sus caderas sobre el lomo de madera. Se retiró un paso. Ahora, con el colchón lógicamente hundido por el peso del cuerpo, su culo se levantaba respingón: espléndida oferta. Tenía los brazos abiertos sobre el lecho, la cabeza descansaba sobre un costado y podía leerse una sonrisa estúpida en sus labios, sus piernas colgaban al pié de la cama sin que sus rodillas llegaran a apoyarse, pero mantenía sus zapatos de tacón sobre el suelo. Carlos pensó que poco rato en esa posición y le dolerían las caderas, así que fue a por una segunda toalla, la dobló bien y la dejó junto a sí para situarla más tarde.</p>
<p>Le pareció que ella no había hecho esfuerzo alguno para adivinar sus intenciones y pensó en castigarla. Eva seguía saboreando su recién celebrado orgasmo, así que él se arrodilló ante sus nalgas y empezó a acariciarlas y besarlas. Ella volvió de su éxtasis para acompañar sus caricias con gemidos que iba alargando según el repaso que Carlos daba a su piel, hasta que nuevamente se abandonó al goce de sus sentidos: ya no se esforzaba ni para gemir. Carlos trató de que pareciera el inicio de una sesión de masaje sobre su espalda, columna, riñones y nalgas, sin olvidar pasar suavemente por su coño. Durante el ejercicio de relajación aprovechó para levantarle las caderas y colocar la segunda toalla debajo. Terminó con el masaje: introdujo los dedos en su vagina para aprovisionarse de lubricante natural. Parecía mayonesa blanca. Se untó un par de veces el glande de su aún dura y ahora ya casi negra polla, se levantó tras su víctima aún tendida en su trance, y poniendo una pierna sobre la cama apuntó a su ano. Contó hasta cinco: meñique, anular, índice, corazón y pulgar&#8230; fueron los números. El sexto empezó postulándose con buenas artes, pero necesitó de la ayuda de dos números cinco en los flancos para convencer al portero. Solo un instante antes ella adivinó sus intenciones.</p>
<p>- ¡¡Burra!! - pensó - ¡¡¿Qué no te enteras?!! - Tensó los ojos como platos. Probablemente hubiera tenido tiempo de reaccionar, pero se sentía totalmente entregada, aletargada por su último orgasmo, el único en mucho tiempo, y su mente no estaba lo que se dice ágil&#8230;<br />
!!! &#8230;y llegó el obús.<br />
Eva gritó. Un aullido corto y seco&#8230; con la A y sin H. De los que se oyen en la habitación contigua. Sus manos se cerraron sobre la sábana. Carlos se detuvo. Miró su miembro y concluyó que había conseguido meter la mitad.<br />
- Me he pasao. - pensó - Yo no soy muy ducho en esto del griego, y claro&#8230; Hay que ir más despacio - se dijo mientras se miraba la polla, como si se lo contara. Se inclinó para ver la cara de Eva, tratando de no moverse. Observó como lentamente las pronunciadas arrugas de alrededor de sus apretados ojos se iban deshaciendo. Cuando el terso cutis de sus mejillas y párpados fue asomando, Carlos se tranquilizó, se movió suavemente, sin empujar, acompañándola, solo para recordarle que estaba allí, dentro de su culo y volvió a buscar su mirada. Ahora había abierto los ojos: los tenía en blanco.<br />
Carlos tomó posición sobre su posesión y empezó a cabalgar lentamente. Él también miraba hacia atrás pero sin girarse.</p>
<p>Estuvieron así varios minutos: al paso, con algún conato de trote. Eva ya no agudizaba: ahora resoplaba como una vieja yegua. Mantenía la boca abierta, para respirar mejor, y porque le parecía que en algún momento iba a asomar un capullo por ella.<br />
Carlos estaba absolutamente concentrado en sostener las caderas de Eva para que no se le escaparan, apretándolas contra la cama y trataba de reprimir unos secos sonidos ventriculares, a cada movimiento pendular.</p>
<p>Ella había vuelto a este mundo pero estaba para irse de nuevo. Regresó bruscamente cuando Carlos se decidió a terminar de empujar su verga hasta el fondo. Ahora ella abrió los ojos asustados y se preguntó ¡¿Pero aún no estaba toda dentro?!&#8230;<br />
No llegó a cerrarlos porque quedó atónita: la imagen que se proyectaba sobre el cristal del balcón cerrado, actuando de espejo, le pareció fantasmagórica primero&#8230; y bien excitante después. Podía contemplar el perfil de sus cuerpos, ella echada en la cama con el trasero levantado y las piernas colgando aunque llegaban al suelo. Él, detrás y sobre ella, en cuclillas sobre el pie de cama y algo inclinado hacia adelante, pasaba el antebrazo por debajo del bajovientre de ella y la levantaba levemente para mejorar su ángulo de penetración y para variarlo entre embites. Para no caerse Carlos se agarraba con una mano a la lámpara de araña que colgaba del techo.</p>
<p>El extremo de la media colgando detrás de él, la corbata roja bailando, su brazo inmobilizándola, agarrado a la lámpara para mantener el equilibrio&#8230; Eva pensó mientras malcontemplaba la escena en el improvisado espejo del balcón:</p>
<p>- Le faltan un par de pequeños cuernecitos y un tridente en lugar de la lámpara y juraría que el mismísimo diablo vino a domarme como a una potra salvaje, y no contento con doblegarme me está partiendo el culo<br />
-Podía ver el perfil de parte de la polla de Carlos entrar y salir acompasadamente de su ano. Tratando de mejorar la visión se agarró las nalgas con las dos manos y las separó para abrirle camino: ahora podía ver mayor recorrido de la verga incisiva y le gustaba especialmente cuando él la retiraba antes del siguiente empuje.</p>
<p>En la retracción de él, ella sentía perfectamente como el prepucio de su polla se arrastraba por las paredes de su redondo agujerito, repartiendo placer a su paso. Cuando ésta volvía hacia adentro y al detenerse, Eva abría instintivamente la boca para soltar aliento, como si le llegara por dentro.</p>
<p>Se hizo un retrato mental de la imagen y cerró los ojos para abandonarse al placer que le proporcionaba su amado Belcebú. - Boahgrrerme!! -. Carlos entendió perfectamente que Eva iba a correrse. Nunca mejor compinchados, ambos trataron de callar puesto que de soltarse les hubieran oído hasta los vecinos de enfrente.<br />
Carlos terminó tendido en el suelo, suplicando que le soltara el maldito nudo, antes de que tuviera que tirar la media y todo lo que sujetaba, aunque en realidad ahora ya no le apretaba tanto.</p>
<p>Eva aún arrodillada contra la cama, rebosaba semen por su ano y brillo por sus ojos.<br />
Se arrastró hasta él para soltarle el miembro, ya venido a menos, que en 10 segundos tomó un color ostensiblemente más sano.<br />
- ¡¡Creía que no terminaría nunca!! - dijo Carlos. - ¡¡Y con este nudo!! Aún con la respiración profunda, desbocada, clásica de un ostensible cansancio más propio del final de la Maratón que de un buen polvo, ella contestó:<br />
- Mira guapo. Que te atara la minina tiene que ver con que tu pellejín no puede moverse adelante y atrás, que es el movimiento clásico que provoca que te excites antes de eyacular. Si, por decirlo de alguna forma, no permito que te &#8220;masturbes&#8221; con mi coño, tu orgasmo tiene que llegar de otra forma: por ejemplo, por lo que yo sea capaz de hacerte sentir, más en tu cerebro que en tu polla. Te cuesta más llegar&#8230; o no llegas, y yo disfruto de tu prepucio desnudo restregándose sin protección&#8230; y viéndote sufrir.<br />
- Muy&#8230; .bonito&#8230;. ¡¡¡ ¿Y a mí?&#8230; que me zurzan!!! &#8230;¿No? -. logró contestar él.<br />
- No, hombre nooooo. Pero te mandaré un e-mail contándote como me ha quedado el cuerpo&#8230; y la factura de una media de seda.</p>
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		<title>El profesor y su alumna perferida</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Apr 2006 15:00:02 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[jovencitas]]></category>

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		<description><![CDATA[Estando en el colegio de gobierno, tenía 17 años, a todas las estudiantes nos hacían vestir las horribles faldas de cuadros, con calcetas blancas hasta la rodilla y nuestros zapatos negros, además de una delgada blusa blanca.
Yo era una chica bastante atractiva, según las opiniones de todos los chicos que conocía.
Y yo no lo negaba, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font size="2">Estando en el colegio de gobierno, tenía 17 años, a todas las estudiantes nos hacían vestir las horribles faldas de cuadros, con calcetas blancas hasta la rodilla y nuestros zapatos negros, además de una delgada blusa blanca.</p>
<p>Yo era una chica bastante atractiva, según las opiniones de todos los chicos que conocía.<br />
Y yo no lo negaba, pues mis pechos había llegado ya a una etapa de desarrollo bastante notable, casi a su actual y hermoso tamaño adulto. </font><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En fin, en una de esas tardes en que no tenía nada que hacer, como de costumbre, fui al baño a echarme agua fría en la cara.<span id="more-196"></span><br />
</font><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><br />
Me vi en el espejo unos minutos y maravillándome de mi propia belleza, comencé a tocarme toda, comencé a rozar mi vagina con mi mano, a sobar mi sexo a través de mi falda.<br />
Apreté mis pechos con delicadeza, sintiéndolos endurecerse conforme mi excitación avanzaba cada vez más y más.<br />
Y de pronto, en el reflejo del espejo, vi a uno de los profesores que me daban clase, me veía embobado, con su mano en el pantalón, sobando su pene al descubierto.<br />
Lo volteé a ver y comencé a vestirme rápidamente, pero él me detuvo y me dijo que estaba bien, que no tenía porque apenarse, que era bueno estar orgulloso del cuerpo de uno mismo y conforme decía esto, se fue acercando a mí cada vez más y más, hasta que estuvimos juntos. Y entonces, yo saqué por completo su miembro del pantalón y comencé a sobarlo lentamente, agasajándome de tan delicioso pedazote.</p>
<p>Mientras, los dos nos besábamos apasionadamente, sobando nuestros traseros.<br />
Pegué mis pechos al suyo y eso le provocó un notable aumento en su erección.<br />
De pronto, me dio la vuelta sin aviso y levantó lentamente mi falda, bajó mis braguitas un poco y me ensarto en su pene.</p>
<p>Dejé salir un breve gemido de placer.<br />
Nos quedamos así, inmóviles por un tiempo, según él, mi vagina estaba tan apretadita que no necesitaba hacer esfuerzo.<br />
Mientras tanto, el maestro no dejaba mis pechos en paz, los jalaba, los estrujaba y los masajeaba deliciosamente, pellizcando mis pezones, con su miembro metido completamente dentro de mi vagina, sin moverse.<br />
Me agaché ligeramente, echando para atrás mis caderas, provocando que el miembro se metiera aún más, y me apoyé en los lavabos.<br />
Ahora sí hazme el amor, le dije.<br />
Y él, sin palabra alguna, aceptó y comenzó a mover sus caderas muy lentamente hacia adelante, haciendo que mis nalgas de unieran a él bruscamente.<br />
Provocando que mis pechos subieran y bajaran con cada embestida, haciéndome gozar cada momento.<br />
</font><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><br />
Ambos sabíamos bien como darnos placer mutuo, puesto que mi vagina y su pene habían sido hechos el uno para el otro, por así decirlo.<br />
Y de pronto, de la puerta del baño, entró una amiga mía, vistiendo su uniforme a cuadros igual que el mío. Se paralizó unos momentos, pues no supo si correr o quedarse a ver el espectáculo, pero finalmente, tomó la mejor opción de todas, unirse a nosotros.<br />
El maestro sacó su pene de mi vagina, la cual se cerró inmediatamente y entonces, ambos comenzamos a tocar a nuestra nueva integrante.<br />
Ambos la tocamos en cada centímetro de su hermoso cuerpo, ambos la deseamos en ese momento y así seguimos durante bastante tiempo, hasta que ella estuvo a punto de tener un orgasmo.</p>
<p>Mi amiga se puso de cuatro en el piso y yo la monté, comencé a moverme como si pudiese penetrarla de algún modo, hice los movimientos rápidos, mientras apretaba sus pechos fuertemente y apretaba sus caderas contra las mías con cada embestida femenina que yo le daba.<br />
Y e